Cuando la víctima es indígena

Qué vamos a hacer el día que nos enteremos que el acosador es nuestro hermano, padre, abuelo, esposo, compañero, novio, amigo. Puede pasar en cualquier momento puesto que estamos inmersos en sociedades patriarcales, ¿los vamos a evidenciar como hacemos con los acosadores con los que no tenemos ningún lazo sanguíneo ni afectivo? ¿O vamos a acusar a la víctima re victimizándola, colocándonos del lado del acosador y del sistema patriarcal? ¿Vamos a santificar a ese hijo, hermano, abuelo, padre, esposo, compañero, novio y amigo? Porque creemos inocentemente que los malos son los otros, no los nuestros; con los que hemos compartido toda una vida, o a quienes hemos parido y hemos criado. Y la crudeza de esta realidad es que son también los nuestros, los que pertenecen a nuestro núcleo afectivo y sanguíneo, los clientes fijos en bares y casas de citas.  

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Sobre el lomoSobre el lomo del indocumentado del indocumentado

De cuando en cuando voy a comprar a una panadería de dueños árabes que venden pan mexicano y tienen empleados mexicanos. Nadie se imaginaría que esos árabes comen gracias a los latinos indocumentados que viven en los edificios del poblado. Llegan en sus Mercedes Benz de lujo y se estacionan atrás para que los clientes no los vean entrar. Ninguno de ellos se acerca al mostrador, la cara la dan los empleados mexicanos.

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En el culo del guindo

La exposición de la necesidad del otro para beneficio personal. Y las redes sociales son la plataforma perfecta donde se hace visible y patente nuestra mediocridad humana. La sobre exposición, la necesidad constante de demostrar y que los otros sepan que tenemos, porque eso nos dice el sistema, que somos lo que tenemos en dinero y materialmente. Que somos algo gracias a los diplomas, a los viajes, a las conferencias donde participamos, a los amigos y contactos que tenemos: importantes.

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Giammattei, el criminal y terrorista

Imagine que un presidente recién electo, el día de la toma de posesión en su primer discurso le afloren los aires de dictador y le grite a la ciudadanía que va a declarar a los niños y adolescentes del país como terroristas, ¡válgame!, pues eso pasó en Guatemala, lugar donde la novela de Miguel Ángel Asturias, El señor presidente, se queda corta comparada con el día a día del país donde todo pasa y la gente ni se mosquea, porque llegaron a asimilar lo inverosímil con la naturalidad del realismo mágico de las finconas latinoamericanas.

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El peor gobierno de la historia

En Guatemala cada vez que termina un gobierno decimos desahuciados después de la aporreada de cuatro años: que se va el peor de la historia del país, como si con eso les diéramos donde más les duele a los pícaros, pero a ellos ni cuillo. Y también decimos con el nuevo y sus primeras tranzas que ése es peor que el anterior y terminamos con la cola entre las patas casi canonizando criminales de gobiernos pasados con tal de darle en el ego al presidente de turno y, en ésas llevamos décadas acumulando rosarios de gobiernos malogrados y de patadas de ahogados, pero hasta ahí.

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Graduaciones de verano

Los graderíos del campo de fútbol americano de la escuela se llenaron de gente, el sol de los días de verano estaba sazón, en su mero punto, el clima era perfecto, los asistentes iban en sus mejores galas, no era para menos pues se graduaban de la escuela secundaria los retoños de la familia. Muchos nacidos en Estados Unidos y otros emigrados de niños que hablaban inglés sin acento y a los que el recuerdo del país de origen les iba quedando cada día más lejos, como la universidad, la casa de los abuelos y la residencia legal en el país. 

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Vivian Rivas: Si no escribimos nuestra historia, alguien lo va a hacer por nosotras

Vivian Rivas es documentalista guatemalteca radicada en Estados Unidos, ha realizado los documentales Ebb Tide y Mr. Bob. Con Ebb Tide participó en 16 festivales en Estados Unidos, Grecia, Inglaterra y Chipre. ¿Cómo se cuenta una historia atrás de una cámara? Pues eso mismo y un poco más nos cuenta Vivian en esta entrevista que tuve la oportunidad de realizarle.

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Somos lo mismo que juzgamos

En las manifestaciones en Colombia en días pasados, varios migrantes venezolanos fueron vapuleados por gente que los acusó de robar y crear disturbios, esa misma gente que exigía derechos humanos a Duque, mientras otros ensalzados por el amor patrio denunciaban en redes sociales que esos migrantes tales por cuales atentaban contra la seguridad nacional; actuando con esto de la misma forma en que lo hacen los caucásicos racistas en Estados Unidos contra los migrantes indocumentados latinoamericanos y los mismos caucásicos europeos contra los afros en Europa. ¿Habrían vapuleado a los migrantes de haber sido estos caucásicos, estadounidenses o europeos? Ajá, eso mismo.

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Daniela y su delantal

Dentro de las nefastas noticias que ocurren en Latinoamérica en los últimos días apareció como una pócima de esperanza, la sonrisa de una niña salvadoreña de 16 años que decidió ir a recibir su diploma de tercero básico con su delantal puesto, pues es vendedora ambulante. Últimamente muy pocas cosas me emocionan hasta las lágrimas, ver a Daniela con su delantal y sintiéndose sumamente orgullosa de su diploma y de su esfuerzo hizo que un rayo de luz iluminara no solo el momento pero también mi fin de semana.

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El silencio ante el oprobio

Existen muchas formas para ser cobardes, canallas y ruines, existen muchas formas para matar sin apretar el gatillo, de violar sin tocar un cuerpo y todas se compactan en el silencio; guardando silencio ante el oprobio violentamos y asesinamos doblemente: nos convertimos en cómplices de los delitos más crueles. Cuando nos escudamos en ideologías y religiones como pretexto para esconder nuestra mediocridad y miseria de ingratos deshumanizados, alevosos y altaneros. O peor aún cuando decimos que no tenemos ninguna ideología y ninguna postura política por ende no nos involucramos creyendo que eso nos salva de problemas y nos permite estar en paz con todos: porque lo importante es no incomodar a nadie.

Hay muchas formas de evadir la realidad y pretender que nada sucede: volteando a ver a otro lugar, metiéndonos dentro de nuestras burbujas, viendo y fingir que eso no es real o que porque no sucede enfrente de nuestra casa, dentro de nuestras cuatro paredes, porque no toca a nuestra familia directamente no nos puede afectar. Tomando la postura del que señala con el dedo acusador creyéndonos superiores y limpios, ajá limpios por mantenernos al margen: que afecte a otros a los que se meten en camisa de once varas por estúpidos que total en este mundo todo está dicho y hecho y no hay nada qué cambiar solo seguir los patrones y más cuando éstos nos benefician a nosotros que solemos obtener nuestros objetivos pasando sobre los demás; o que cobardemente no luchamos por estos porque sabemos que para luchar se necesitan agallas y más cuando las luchas son colectivas y buscan derribar imperios y normas, eliminar injusticias e impunidad; nos dedicamos a señalar porque es mejor estar del lado del ingrato que del que pone el pecho. Nosotros que tuvimos la suerte de no sufrirla ni lucharla como otros, porque nacimos con privilegios.

Cuando sabemos que el beneficio principal lo tendrán otros no nosotros directamente, esos otros: los más golpeados del sistema y los de la alcantarilla en la escalera de las clases sociales, entonces nos desligamos porque el pastel entero no será para nosotros, azadones: que todo es para dentro. Y cuando el odio nos inunda o más bien lo exhalamos y nos entra el miedo de solo pensar que los de la alcantarilla tengan acceso a nuestros derechos y peor aún a nuestra comodidad. Nos irrita solo pensar que esa gente pueda comer tres tiempos al día, que esos niños puedan tener techo, ropa y calzado como los nuestros o peor aún que puedan ir a la escuela y jugar con ellos, ¡el acabose que sean amigos!

¿Qué haremos sin sirvientas y sin jardineros? ¿Sin los jornaleros que corten la caña, las verduras, el café?¿Sin los cargadores de bultos en los mercados? ¿Qué haremos sin el que nos lustra los zapatos? ¿Sin casas de citas y bares? ¿Qué haremos sin la que nos limpia la caca del perro y de los niños? Es ése el miedo, que un día las cosas se emparejen. Sumado nuestro racismo porque como mentes colonizadas nos creemos anglos, arios siendo mestizos y cuando la realidad nos golpea solo al vernos al espejo, nos desquitamos con los que físicamente se ven como nosotros y que creemos inferiores, porque hagamos lo que hagamos y pensemos como pensamos la raíz ancestral siempre estará como huella milenaria de nuestro origen aunque reneguemos de ella.

Es cobarde muy cobarde haber salido de una clase social por esfuerzo propio, suerte de la vida, o como quiera que haya sido y; desde otra postura de beneficio económico actuar como el patrón abusador contra los que un día fueron nuestros vecinos, amigos, conocidos o simplemente un cofrade de la misma clase social. Eso hace el silencio, nos convierte en cómplices del abuso. Es muy cobarde también independientemente de la clase social, ideología y religión fingir que nada pasa, solapar y ser parte de la manipulación mediática, colaborar en la desinformación, aplaudir el abuso de poder o no decir nada. No decir nada es como aceptar, dar por hecho, es una palmadita en la espalda del abusador. Qué bueno que nosotros tuvimos la suerte de no sufrir hambre ni frío, que tuvimos el beneficio de la educación superior, y tuvimos techo, la comida caliente, lo básico para sobrevivir, ¿por qué nos negamos a que otros tengan lo mismo?

Los derechos y las obligaciones están a la par, van de la mano tenemos el derecho a guardar silencio y la obligación de no hacerlo, tenemos la obligación de denunciar, levantar la voz, de por lo menos no quedarnos en la mediocridad de ver el abuso hacia los otros y cobardemente escondernos dentro de nuestra burbuja porque es mejor que ni hieda ni apeste. Y muy a pesar de nuestra cobardía, de nuestra ingratitud, los pueblos seguirán su camino en una lucha imparable, por más que los traicionemos, por más que guardemos silencio, por más que escupamos nuestra raíz ancestral, por más que finjamos no ver, porque los pueblos tienen algo que nosotros no y que no se puede comprar con dinero, contactos, sobornos, violencia ni silencio: agallas, los pueblos tienen agallas.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com
Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado
19 de noviembre de 2019.