EL FASCISMO EN COLOMBIA

LAUREANO GÓMEZ CASTRO Y GILBERTO ALZATE AVENDAÑO

Por: Horacio Duque

El proceso político que está en curso en Colombia con medidas de clara estirpe nazifascista agenciadas por el gobierno de Iván Duque, como su guerra contrainsurgente contra las drogas, sus decretos de incautación policial de las dosis mínimas de marihuana que conllevan vulneraciones aberrantes de los derechos individuales, el desmantelamiento de los procesos de paz, sus preparativos bélicos para agredir a Venezuela, la estrategia de exterminio de los líderes sociales, la reactivación de la guerra contra el ELN, las reformas a la justicia para cercenar la independencia de los jueces y el alineamiento con las posiciones extremistas como las de Donald Trump, plantean el desafío analítico de identificar, desde diversos ángulos reflexivos, la presencia histórica y política del fascismo en nuestro Estado con sus formas violentas y antidemocráticas. Se trata de hacer un mapeo de esta extrema derecha fascista y su cada vez más protuberante instalación en diversos escenarios del campo político.

¿Cuál es la esencia ideológica del Nazifascismo y sus fuentes teóricas? ¿Cuáles son los antecedentes y continuidades históricas del fascismo en Colombia? ¿Quiénes fueron los Leopardos Silvio Villegas, José Camacho Carreño, Eliseo Arango, Joaquín Fidalgo Hermida y Augusto Ramírez Moreno? ¿Qué papel les correspondió a personajes como Gilberto Álzate Avendaño, Fernando Londoño y Laureano Gómez? ¿Cuáles son las vertientes más protuberantes de la ultraderecha fascista colombiana? ¿Cuál fue el escenario de condiciones materiales y subjetivas que hicieron posible el surgimiento del fascismo desde los años 20 del Siglo XX? ¿Cuál ha sido el papel de la iglesia católica en la expansión del fascismo en Colombia? ¿Se están reeditando nuevas formas antidemocráticas capaces de convertirse en partidos fascistas de masas? ¿Qué nos toca hacer no tanto para resistir como para tomar la iniciativa? Esto es, ¿cómo seguir abriendo la crisis de la democracia oligárquica representativa rumbo a formas de democracia real, a experiencias más extensas de autogobierno, a nuevas utopías comunes emancipadoras?

El fascismo en Colombia. De Los Leopardos a la Tercera Fuerza.

Ahora nuestro análisis apunta a establecer cómo surgió el fascismo en Colombia a inicios del siglo XX. Pretendemos definir y entender la Tercera Fuerza, como expresión del fascismo criollo, como grupo analizada desde los estudios del profesor Teun van Dijk, quien ubica tres puntos para entender la ideología: Identidad, Relación Social y Discurso. A partir de esto, podemos entender a esta agrupación desde su discurso ideológico y la función de este como foco de identidad.

Posteriormente se hace el análisis comparativo entre el discurso de Gilberto Alzate Avendaño y Los Leopardos, y el de Tercera Fuerza, identificando los puntos neurálgicos en el discurso de Tercera Fuerza, que reflejan la relación de influencia del ideario fascista de Alzate Avendaño y Los Leopardos, sobre este.

El fascismo ya había incursionado en Colombia, generando grandes debates entre los diversos sectores sociales en la tercera década del siglo XX. Este fenómeno, aparentemente distante y ajeno, se volvió una parte importante y esencial para la intelectualidad colombiana del siglo XX, quien encontró en este la marca personal con la que caracterizaría el inicio del centenario y marcaría un punto de partida fundamental para el nuevo nacionalismo emergente que, se supondría, iba a generar cambios tanto sociales como políticos e incluso culturales. Sin embargo, diversos hechos llevaron a que este proyecto nacionalista se desintegrara, y quedara relegado a los anaqueles de la historia. La caída de los regímenes fascistas en Europa, la persecución de alemanes, y la amenaza hacia gobiernos simpatizantes con el nacionalsocialismo, generó una enorme incertidumbre al interior del país de lo que podría suceder por la declarada simpatía de diversos sectores hacia los regímenes fascistas.

Siendo este el escenario internacional, en Colombia no era mejor la situación.

Tanto dirigentes liberales como conservadores chocaban al interior de sus partidos, lo que llevó a que las elecciones de 1946 fueran una lotería. En el partido Liberal, las candidaturas de Jorge Eliecer Gaitán y Gabriel Turbay llevaron a la división; mientras que en el partido Conservador eran Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez quienes protagonizaron el choque, siendo este último quien triunfa en la disputa por la Presidencia. Con Ospina acaecería el fenómeno quizás más importante de mitad del siglo XX: el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948. El asesinato fue adjudicado al partido Conservador, desencadenando toda una ola de violencia en la capital (el Bogotazo).

En 1949, Laureano Gómez se presenta como candidato único a la presidencia, siendo elegido para el período 1950-1954. Con la presidencia de Gómez inicia en los sectores rurales La Violencia, en la que liberales y conservadores protagonizaron una cruenta guerra. Esto obligó a que algunos liberales se desplazaran a las montañas, dando paso al surgimiento de las guerrillas.

Este era pues el escenario que se contemplaba para Colombia; un escenario que obligó a desviar el pensamiento y la mirada del debate nacionalista que surgió en la década de 1920. Esta desviación generó un proceso de olvido que no ha sido superado. Toda aquella época de debates, discusiones, elucubraciones e ideales desapareció con el asesinato de Gaitán, y se extendió hasta nuestros días, donde aún es un misterio para gran parte de la sociedad (Ruiz Vásquez, 2004).

Presente en esta lucha mundial, nace Tercera Fuerza, una agrupación que se autoproclama neonazi, rindiendo honor a la tradición hispánica heredada de los conquistadores españoles, de quienes sus miembros se consideran directos herederos y por ende, llamados a la gloria en la unificación con la madre tierra, España.

¿Qué es la Tercera Fuerza?

Tercera Fuerza toma su nombre de un movimiento existente en 1956, elogiado y admirado por el ex presidente Gustavo Rojas Pinilla. Su lema “Dios y Patria” era una declaración de su compromiso religioso y su entrega hacia la nación.

Partiendo de esta base, Tercera Fuerza se erige principalmente bajo los principios nacionalsocialistas, como base ideológica de su proyecto. Se definen como minoría, promoviendo un discurso que exalta intrínsecamente la necesidad de separación y diferenciación. Afirman que ha sido una grave falla del Estado colombiano una alienación de sus miembros a la causa nacionalsocialista, cuyo fantasma aún les impide consolidarse como una agrupación legal.

Sin negar su simpatía hacia el nacionalsocialismo, Tercera Fuerza busca encubrir los aspectos negativos que opacaron aquello positivo que tuvo Tercera Fuerza y que denomina el nacionalismo, que profesa como nacionalismo identitario, un nacionalismo único y exclusivo para todo aquel que comparte nuestra herencia hispánica y sus costumbres, es decir para todos aquellos que por su condición étnica y cultural se consideran descendientes orgullosos de los valientes hijos del imperio español quienes colonizaron este territorio legandonos no solo nombres, apellidos, lenguaje y raza sino una inmensa y rica cultura la cual defendemos (Vivas, 2012).

Es claro que Tercera Fuerza está lejos de ser un movimiento meramente nacionalsocialista, pues su nacionalismo se fundamenta en valores y creencias establecidos por varias expresiones fascistas. Aun cuando se definen nacionalsocialistas, es posible identificar otras tendencias fascistas que marcan su idea nacionalista. Su interés por los principios y valores tradicionales de la cultura hispánica denota influencia del falangismo español, toda vez que evocan la imagen de España como fuente de cultura (Vivas, 2012).

Tercera Fuerza afirma que su proyecto no se trata de proselitismo político, pues no es una organización de masas o que tenga como prioridad conseguir adeptos o prosélitos entre sectores sociales ajenos, creemos que las personas destinadas a luchar por nuestra causa deambulan por ahí, solo es cuestión de que los descubran por sí mismos.

Hay que aclarar qué Tercera Fuerza se autodenomina neonazi y su guía ideológica es el nacionalsocialismo alemán. Esta agrupación no reconoce directamente la influencia de Alzate y/o de Los Leopardos, pues de significar ellos su influencia, dejaría de ser neonazi, para ser alzatista o leopardista. No obstante, la ideología que manejan está altamente permeada por las ideas y concepciones que se plantearon en el siglo XX. Por lo tanto, se mostrarán aquellos puntos neurálgicos en los que hay una enorme referencia al fascismo de entonces y se demostrará que, a pesar de declararse neonazi, Tercera Fuerza presenta en su discurso una enorme influencia del pensamiento fascista de Gilberto Alzate Avendaño y de Los Leopardos.

El pensamiento fascista imperante en Colombia en los años 20 se basaba principalmente en el nacionalismo integral de Charles Maurras; y en la doctrina del Falangismo español, cuyas bases fueron instauradas por José Antonio Primo de Rivera y se desarrollaron con Francisco Franco, caracterizada principalmente por la idea del hispano-expansionismo de la “Nación, Unidad, Imperio”. Además, también es posible referirse al nacionalsocialismo alemán, toda vez que fue el promotor del discurso racista con el que simpatizaba una gran parte de la intelectualidad colombiana.

Tercera Fuerza ha ido ganando relevancia y reconocimiento gracias a su simpatía hacia el nacionalsocialismo alemán, pero en especial, gracias a su discurso racista, pues basan su idea de la raza en un “programa de eugenesia y conservación racial”, por medio de la “reproducción de los elementos de una raza con elementos de la misma para preservar sus capacidades y mantener su cultura”. Debido a este discurso racista, característica principal del nacionalsocialismo alemán, es que Tercera Fuerza se denomina neonazi. Sin embargo, la presencia de elementos maurrasistas y falangistas es altamente evidente (Vivas, 2012).

Maurras hablaba del nacionalismo integral, el cual se definía como el culto a la patria y la entrega absoluta del individuo tanto en el plano físico como en el plano espiritual. El hombre nacía para servir a la patria y de ser necesario, debía morir por ella. Con esta idea, surge la concepción de nación de Alzate Avendaño y Los Leopardos, quienes aceptaban que la patria lo era todo y que el hombre debía estar subordinado no a sus intereses particulares, sino a los intereses comunes de la patria.

Si bien el hombre era libre, su libertad estaba restringida por las necesidades nacionales, las cuales se basaban en un fuerte nacionalismo y un marcado catolicismo (en el caso colombiano, pues el nacionalismo integral maurrasista negaba la existencia de una religión y apostaba al culto místico a la patria). Estos conservadores, basándose en el modelo maurrasista, concebían a la nación y a la Iglesia como el andamiaje de su sociedad utópica.

El modelo del nacionalismo integral concebido en los albores del siglo XX en Colombia no era ajeno a lo reflejado en el discurso de Tercera Fuerza. Sin hacer referencia explícita, era identificable el sentimiento de unión entre sus miembros y su lazo hacia la tierra, en lo que ellos denominan un “corpus de naturaleza orgánica” (Vivas, 2012).

Los miembros de Tercera Fuerza cumplen tres características esenciales: sangre, suelo e idea, las cuales constituyen aquel corpus. Al existir dicho sentimiento de unión, se genera una entrega por parte del individuo al suelo en el que nace y vive. Si existe esto, la entrega del individuo a la causa de la patria es mayor y su compromiso en la lucha por su subsistencia será absoluto. Como Maurras contemplaba, “el compromiso y la subordinación del individuo con la nación son absolutos”.

Si bien Maurras concebía dicha entrega como una justificación de la patria poderosa, única y absoluta, es justo mencionar que ni Alzate Avendaño ni ningún miembro de Los Leopardos veían a Colombia como la patria en su imagen absolutista, como podían serlo la Alemania Nazi o incluso la Francia de Maurras. No obstante, para quien si existía Colombia, no como patria, sino como fragmento de un gran imperio, era para Silvio Villegas, quien defendía la idea de volver a la madre patria España, unificando nuevamente este gran imperio. Justamente este sería el segundo elemento que en Tercera Fuerza se hace tan notable, aún sin hacer referencia siquiera al primorriverismo o al franquismo.

Tercera Fuerza reconoce que sus miembros son tales, por compartir el pasado y la herencia que dejaron los españoles durante sus conquistas, y que su principal misión dentro de la agrupación es proteger y difundir la herencia y cultura española.

Siendo así nuestro nacionalismo algo único y exclusivo para todo aquel que comparte nuestra herencia hispánica y sus costumbres, es decir para todos aquellos que por su condición étnica y cultural se consideran descendientes orgullosos de los valientes hijos del imperio español quienes colonizaron este territorio legandonos no solo nombres, apellidos, lenguaje y raza sino una inmensa y rica cultura la cual defendemos, dicen sus integrantes, citados por Vivas (2012).

Es claro que sienten ser parte de un todo inexistente hoy, que pretenden recuperar, tal como concibió Villegas. La idea de José Antonio y Franco toma gran interés luego de un poco más de 70 años de promulgados los XXVI Puntos de la Falange Española, en que “Nación, Unidad, Imperio” era el paso decisivo para recuperar la grandeza de España.

Tercera Fuerza, al igual que Villegas, identifica a Colombia como parte de un todo, mas no como la patria a la que deben honor y gloria. Colombia es parte importante del proyecto imperialista español, por lo que su cultura y tradición deben mantenerse vivas y protegerlas de ser absorbidas por otras culturas y razas. La Tercera Fuerza considera poseer el poder de llevar a Colombia a ser parte de esa grandeza española que se perdió luego de la independencia. Sin embargo, los miembros de Tercera Fuerza no se consideran españoles, sino herederos de la cultura hispánica; ante todo, son colombianos, pues Colombia es el suelo en que ellos nacieron y del cual nunca se han de apartar, donde se asientan sus tradiciones y cultura (Vivas, 2012).

A diferencia de los conservadores del siglo XX, quienes adoptando el nacionalismo integral de Maurras concibieron la religión como parte fundamental de su modelo social y político, Tercera Fuerza se aparta de esta concepción religiosa, y antepone el deísmo desde la aceptación de Dios a través de la razón y la experiencia personal: el nacional socialismo es una estructura ideológica y vivencial basada en la verdad; un paso hacia un nuevo orden mundial concebido sobre el eterno orden de la vida, una nueva fe más cercana al principio original que cualquier otra de las contemporáneas. Pero este acercamiento a la verdad significa despegarse de toda religión (Vivas, 2012).

Ciertos elementos en el discurso maurrasista indican una contradicción entre sus presupuestos, pues el nacionalismo integral niega a la religión (“La religión debe sustituirse por el culto místico a la nación, a la tierra y a los muertos”); sin embargo, tanto Iglesia como Ejército son necesarios para alienar a la sociedad bajo el mismo proyecto nacionalista. Ante esta aparente contradicción, por un lado, tanto Alzate Avendaño como Los Leopardos tomaron a la religión como elemento principal en el proyecto nacionalista, toda vez que representa la tradición heredada y el punto de identificación como nación; y por otro lado, Tercera Fuerza prefiere mantenerse al margen de la influencia religiosa y optar por un deísmo conformista, contradiciéndose, al promover un discurso hispano y oponiéndose a un elemento fundamental en este como la religión.

Ahora bien, en lo que respecta a la influencia del falangismo dentro del discurso de Tercera Fuerza, un elemento de gran importancia para ellos es la tierra y la clase obrera. Trabajaremos por la defensa del primer rango productivo que es el campo, reza en el decálogo ideológico de Tercera Fuerza, citado por Vivas (2012), concibiendo al campo como la principal y más importante fuerza productiva del país. El campo constituye la capacidad de independencia en un territorio, pues es la fuente de producción, y un país que produce no depende de terceros para satisfacer las necesidades de su sociedad. Esto mismo era lo que concebía el falangismo, principalmente con Franco, quien defendía la tierra como medio de sustento de la sociedad, la cual no podía ser expropiada por privados, tal como sucedía con el capitalismo. Con esto, Franco buscaba que España fuese autosustentable, y esto se daba a través del fomento de la agricultura y de la protección del campesinado del atropello de instituciones privadas.

De la misma manera, Tercera Fuerza propende por los mismos objetivos, por lo que podríamos calificar a esta agrupación de nacionalsindicalista, toda vez que busca la protección de la clase trabajadora.

Recordemos que el falangismo, tanto en el primorriverismo como en el franquismo, fue de índole nacional sindicalista, como máxima expresión del rechazo al capitalismo, por lo que su gobierno se constituyó a manera de sindicato, con el fin de que al trabajador se le garantizara su protección y beneficio. Tercera Fuerza, por medio de su proyecto de protección al trabajador, afirma: incentivamos el desarrollo y protección de la pequeña y mediana empresa que es base indispensable de una sociedad libre y autosuficiente, por medio de facilidades crediticias justas que impulsen la inversión en los oficios artesanales, sobre todo agropecuaria y agrícola. Ellos encuentran en el falangismo una especie de reforma agraria, apelando directamente a un modelo corporativista, defendido por el falangismo y por el nacionalsocialismo. Como se anotó, la estructura del estado español se basaba en un nacionalsindicalismo, animado por los sindicatos, característica de un modelo corporativista. Tal es la razón a considerar a Tercera Fuerza como simpatizante del corporativismo, al presentar elementos nacionalsindicalista, propios principalmente del falangismo.

Aun siendo la tierra y el campesinado factores de gran relevancia en el discurso de Tercera Fuerza, el principal y más importante punto que se identifica es la idea del imperialismo español. Con José Antonio y con Franco, la idea de que España pudiese retornar a sus años de grandeza siendo un prominente imperio europeo se tornaba atrayente, pues de esta manera aquellos territorios independizados de la corona española tendrían la oportunidad de alcanzar la grandeza y poder que no habían logrado luego de su independencia.

Colombia había atravesado por un periodo de crisis institucional conocido como la Patria Boba, pues los líderes políticos no eran capaces de decidir el modelo de gobierno más efectivo para el país. Esto llevó al país a un retroceso en su campaña por establecerse definitivamente como territorio libre e independiente. Como consecuencia, el país se vio envuelto en una guerra política y social que amenazaba con desestabilizar el frágil equilibrio que tan difícilmente lograba mantener. Es cuando aparece Silvio Villegas como principal abanderado de la idea de que Colombia volviera a ser parte del territorio español, y de esta forma acabar con tantos años de crisis institucional y social que impedía al país avanzar socialmente. Villegas fue pionero de la “Nación, Unidad, Imperio” que buscaba engrandecer a España, quien se había desdibujado en el plano internacional gracias a la pérdida de sus territorios y a la constante guerra interna que llevó a las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y de Francisco Franco.

Sin embargo, dicho pasado ha sido obviado y desconocido por la sociedad.

Y al igual que la sociedad, Tercera Fuerza, abanderada de la herencia española, desconoce la influencia de Villegas en su interés por engrandecer a Colombia y sacarla de su crisis institucional. El lema de Tercera Fuerza, “Herencia – Tierra – Comunidad”, es reflejo de su entrega a la causa hispana: herederos de la cultura española, su entrega en la defensa de la tierra donde nacieron y heredaron la cultura, y el conglomerado humano que se percibe como igual y que comparten el sentimiento de sacrificio por la tierra y por la cultura.

Mucho se ha escrito de Tercera Fuerza y su campaña por mantener viva la herencia y cultura españolas, por lo que seguir escribiendo al respecto, sería redundar en el tema y hacer extensivo y exhausto este análisis. Al respecto podemos decir que Tercera Fuerza desconoce la herencia intelectual definida por Silvio Villegas, y se salta a retomar y concebir la idea primorriverista y franquista desde un modelo propio, que refleja el mismo ideal de Villegas. Es decir, Tercera Fuerza, en cuanto a la idea de “Nación, Unidad, Imperio” se refiere, no propone nada nuevo, y tan solo retoma, sin reconocer su influencia, lo propuesto por Villegas.

No es claro si en Tercera Fuerza la idea de unificación de Colombia con España, en lo que conformaría el gran imperio español, responde a la influencia directa del primorriverismo y el franquismo (tal y como fue el caso de Villegas), o simplemente retoma lo propuesto por Villegas, adaptando dicha idea. Como se puede evidenciar, Tercera Fuerza da preeminencia en su discurso a la herencia hispánica, absteniéndose de hacer referencia directa a la idea de unificación de los territorios españoles. Sin embargo, se puede abstraer dicha idea, toda vez que su referencia a España es la de la madre patria España, exponiendo así un claro sentimiento de devoción y entrega superior a su sentimiento de identificación con el suelo de nacimiento. Esta agrupación se empeña en construir una comunidad que preserve las características de la herencia hispánica, más no propende por defender ni preservar el territorio colombiano.

Finalmente, el último aspecto a analizar en Tercera Fuerza es el concerniente al discurso racista, pues es a partir de este, que la organización puede ser catalogada como neonazi. Como se anotó, la teoría racista de Hitler se basó principalmente en las obras de Gobineau, Lapouge, y Chamberlain. También se anotó que la teoría racista de Hitler respondía a una influencia directa del maurrasismo, pues fue Maurras quien realmente se formó a partir de las obras de estos tres teóricos racistas; Hitler tan solo revisó someramente sus obras, a fin de comprender el pensamiento de Maurras.

El discurso nacionalsocialista promovía un racismo principalmente antisemita, a la par que declaraba a la raza germana como la raza pura, por lo que todo alemán debía vivir dentro del territorio alemán. Bajo esta consigna, Hitler emprendió su proyecto expansionista, buscando unificar al pueblo alemán bajo el imperio alemán. El racismo que promovía buscaba aislar al pueblo alemán del resto de razas y culturas que la pudieran degenerar y poner en riesgo la pureza aria. El proceso de exterminio de razas distintas a esta estuvo cobijado bajo una política de Estado que garantizara la utilización de todos los medios necesarios para la consecución de dicho objetivo. Tal fue la caracterización del discurso racista del nacionalsocialismo, un proceso de exterminio de razas inferiores que impedían la unificación del imperio alemán.

A pesar de manejar un discurso tan violento y agresivo, Tercera Fuerza no adoptó las mismas características del nacionalsocialismo, por el simple hecho de pretender conformar una organización legal. Si bien existe correlación con el discurso racista alemán, es claro que no hay conexión explícita con los elementos violentos que tildaron de negativo al nacionalsocialismo. El racismo que profesa Tercera Fuerza se caracteriza por una convivencia armoniosa dentro de un territorio multiculturalista, sin que ello signifique unificación entre razas. Es decir, Tercera Fuerza acepta la multiculturalidad del territorio colombiano, reconociendo la existencia de diversas razas y culturas; pero a la vez, reconoce la importancia de separar las razas para evitar su mezcla, generando degradación y pérdida de su pureza y valores culturales. Dan gran importancia al elemento de la otredad, pues desde este identifican aquello por fuera de sí y aquello parte de sí, logrando así separar los elementos propios de lo ajenos (Vivas, 2012).

Cuando nos identificamos y nos reconocemos como parte de algo por ciertas características que cumplimos, podemos identificar aquello que no cumple dichas características y que, por ende, se excluye de nuestro nicho social. Así pues, nos apartamos de aquello con lo que no nos identificamos y generamos una especie de barrera que impide no sólo la interacción entre elementos diferentes, sino una posible invasión a nuestro espacio. Este rechazo, más no negación del otro, es lo que Tercera Fuerza promueve para mantener su identidad. Siendo una minoría, exponen una imperiosa necesidad por auto protegerse y que las autoridades y la sociedad los protejan.

Pues bien, el racismo de Tercera Fuerza se caracteriza no por atacar otras razas o culturas, sino por reconocerlas como diferentes y reconocer su derecho a defender su identidad, tal como ella lo hace. Su racismo no busca la eliminación ni la subordinación de las demás razas hacia la raza blanca, sino que busca el punto medio para garantizar su subsistencia. Al ser una minoría que se desenvuelve en un ambiente multiculturalista, no puede promover discursos que violenten o atenten a mayorías. La sociedad colombiana, formal e institucionalmente hablando, ha tomado conciencia de su diversidad y multiculturalidad, generando valores que promuevan una convivencia armoniosa entre individuos y culturas. Atacar estos valores sociales llevaría a un rechazo generalizado hacia el foco de violencia. Esto no beneficia en absoluto los intereses de Tercera Fuerza quien, nuevamente, busca su reconocimiento como organización legal.

Si bien el racismo de Tercera Fuerza demuestra lejanía respecto el discurso nacionalsocialista, esto se debe a la situación de desventaja en la que se encuentra, ya que en un país minoritariamente blanco (20% aproximadamente) no es factible promover un discurso creado para una población mayoritariamente (si no absolutamente) blanca.

Esto puede ser considerado un factor estratégico conforme a sus fines. No obstante, a pesar de esta leve lejanía en su base ideológica, Tercera Fuerza es consciente de su esencia nacionalsocialista, y por ende, promueve el discurso racista nazi, adaptándolo a su contexto y a sus intereses, sin que por ello pierda validez. Dicha simpatía y asimilación del discurso racista nacionalsocialista refleja la influencia de Gobineau, Lapouge y Chamberlain.

En primer lugar, hay que recordar que Gobineau elaboró su concepto de nación desde la idea de la raza, afirmando que la nación no venía dada por la raza y la sangre. De igual manera, para Tercera Fuerza la raza es el fundamento de la nación, la cual se representa en el imperio español. Su reconocida herencia hispana apunta a retornar a la madre patria España, cuna de su cultura y tradición. Apelando a un sentido tradicionalista, esta agrupación se constituye bajo los preceptos de raza y sangre, razón por la cual se reserva el derecho de admisión, propendiendo el mayor nivel de pureza posible en su interior. Al igual que Gobineau con Alemania, Tercera Fuerza, aun siendo una agrupación colombiana, ve en España la perfección, pues es cuna de su sangre.

En segundo lugar, la teoría de Lapouge imprime el sentido colectivo a la organización. Lapouge afirmaba que ningún individuo podía negar ni su sangre ni su raza, pues esta no se adquiere por decisión propia; era pues deber del individuo rendir honor a su raza, la cual definía a su nación. Tercera Fuerza, pues, se identifica como una organización dispuesta a su entrega por la raza y por la nación. La sumisión es absoluta, pues dan preponderancia a la causa social antes que a la causa personal. El deber con la raza, se expresa en su absoluta y total abnegación: el hombre y la mujer deben ser nación y patria, deben incorporar su interés individual a la lucha colectiva, ley moral que une a los hombres y a las generaciones en una tradición y una misión, que suprime el instinto de la vida encerrada en los placeres, para instaurar un deber superior (Vivas, 2012). Es claro que el concepto de colectividad tiene bastante sentido para Tercera Fuerza, pues representa la identidad que comparten sus miembros hacia la nación.

Por último, Chamberlain reconocía la necesidad de someter a la raza judía, pues eran los causantes de los modelos socialistas que amenazaban al sistema capitalista. Aunque en Tercera Fuerza el antisemitismo no es una característica tan obvia, si se refleja en algunas de sus afirmaciones: El caos del sistema sionista no es el orden, la disciplina y la auto superación de si (Vivas, 2012). Con esto, no están afirmando más que por medio de la disciplina (característica de un régimen militar) y de la auto superación (desligada de cualquier alienación dominante) es posible resistirse a la ideas sionistas que subordinan al hombre y su conciencia a intereses particulares. De ahí que disciplina y auto superación signifiquen el caos de dicho sistema. Siendo nacionalsocialistas no podían ausentarse de uno de los elementos característicos del régimen alemán, el antisemitismo.

Ahora bien, ya analizada la influencia del discurso racista alemán, debemos pasar a analizar el papel del discurso racista colombiano del siglo XX. Como se había anotado, el racismo de aquella época en el país se caracterizaba por la idea de humanizar al indio por medio de procesos de inmigración de europeos, cuyos valores y cultura absorben los valores y cultura bárbaros de los indios. La idea de europeización les asistía como solución para evitar la degeneración de la raza, no solo del país, sino del continente latinoamericano.

Siendo esta la idea de aquellos intelectuales, la absorción de las razas no blancas, Tercera Fuerza alcanza a alejarse notablemente del racismo. Mientras en la década del 20, los intelectuales percibían la necesidad de acabar con el indio sin mezclarse con él, Tercera Fuerza admite la existencia y relación armónica entre las razas. No pretende el sometimiento pero si la diferenciación. Este distanciamiento entre el discurso racista de los años 20 y el discurso racista de Tercera Fuerza se explica gracias a la idea de multiculturalidad antes mencionada. Siendo minoría, no puede atentar contra los valores de la mayoría.

El discurso racista de los años 20 simpatizaba con el discurso racista alemán en cuanto buscaba la eliminación de razas y culturas que chocan con los valores sociales de la raza blanca, aunque no compartían los medios para dicho fin. Por el contrario, Tercera Fuerza comparte el discurso racista alemán, pero desde un modelo adaptado a sus intereses como organización. Sea como fuere, ambos contextos históricos asimilaban el discurso racista alemán, en tanto que promotor de esta característica dentro del fascismo; sin embargo, la manera en que ambos interpretaron y promovieron el discurso en su respectiva época, dista mucho el uno del otro.

Con base en todo lo expuesto en este capítulo, queda claro que Tercera Fuerza no se aleja de lo que en su momento pensaron e interpretaron los políticos e intelectuales de la sociedad colombiana del siglo XX. Aún denominándose neonazis, no escapan a la influencia del pasado fascista colombiano. Diversos elementos han demostrado su similitud con el fascismo del siglo XX, aunque ambos discursos respondan a contextos y estímulos distintos. No queda duda de que Tercera Fuerza, sin ser alzatista y/o leopardista, responde a una influencia indirecta del fascismo demostrado, defendido y promulgado por los conservadores Gilberto Alzate Avendaño y Los Leopardos (Vivas, 2012).

Como vimos, Colombia no ha sido ajena a un fenómeno que en un tiempo se percibió tan lejano. Si bien es cierto que no ha logrado constituirse un fascismo fuerte y prominente, los destellos de este han sido verdaderamente sobresalientes, y requieren un estudio juicioso. Desde Gilberto Alzate Avendaño y Los Leopardos, hasta Tercera Fuerza, el fascismo en Colombia ha tenido un alto grado de desarrollo e interés (Vivas, 2012).

En primer lugar, podríamos identificar que en Colombia no es correcto hablar de fascismo, sino de neofascismo, en el sentido que el profesor Stanley Payne describe. Las características políticas y sociales sobre las que se fundó el fascismo en Europa no son las mismas que las que se presentaron a principios del siglo XX en Colombia, ni las que se presentan hoy. Además, no se ha constituido un gobierno como tal que promueva abiertamente el fascismo.

Quizás el hecho de constituirse en seudo fascista fue la razón por la que lograron tener tanta importancia e influencia en su época, desde un ambiente intelectual más que político. No podemos negar que el proyecto fascista de Alzate Avendaño y Los Leopardos no pasó de la simple teoría y no alcanzó a proyectarse en el escenario político (aclarando que varios intentos se realizaron, pero fueron un rotundo fracaso). De la misma manera, Tercera Fuerza no ha logrado cumplir su objetivo de ser reconocida como organización legal, lo que ha llevado al rechazo social de su institución; y en parte, basándonos en el tiempo que llevan como organización, también podría hablarse de un logro intelectual relativo a la par de un fracaso como organización, afirma Vivas (2012).

En segundo lugar, se hace referencia a un logro intelectual relativo por parte de la Tercera Fuerza. Este logro intelectual se entiende como una adaptación del fascismo a un nuevo contexto social y político. Su discurso trata de ser coherente, pero en esa lucha por la coherencia, cae en contradicciones imperceptibles que exponen un debilitamiento de su pensamiento. Esto lleva al relativismo que se exponía, pues han logrado constituir una organización fuerte y numerosa, difícil de desintegrar, pero a costa de retomar ideas antes concebidas y de presentar contradicciones en su discurso. La Tercera Fuerza ha tenido un logro intelectual relativo en tanto que no ha propuesto algo nuevo.

En tercer lugar, podemos identificar la relación de influencia de Alzate Avendaño y Los Leopardos con Tercera Fuerza. Es claro que estos conservadores no representan la esencia del proyecto fascista de la organización, pues de serlo, esta sería alzatista y/o leopardista; su principal influencia es el nacionalsocialismo alemán, gracias al cual se identifica como neonazi. Aun así, han dejado expuesta una clara y definida influencia del pensamiento de aquellos intelectuales conservadores, significando estos una influencia complementaria. Las cosas así, es justo reivindicar con la historia a Gilberto Alzate Avendaño y al grupo Los Leopardos, pues son los predecesores del fascismo en Colombia, al establecer un acercamiento teórico contextualizado a la realidad social del país de las ideas fascistas. Y como ha sido demostrado, dicho acercamiento fue retomado por Tercera Fuerza en su discurso ideológico.

Ahora bien, respecto a lo anterior y como cuarto punto, es necesario apuntar que Tercera Fuerza en su discurso ha tendido a presentar elementos que no son propios del nacionalsocialismo, sino que responden a otros tipos de fascismo, específicamente hablando del falangismo español (Vivas, 2012).

El grueso de su ideología recae en el reconocimiento de su herencia hispánica y en el culto y respeto a la madre patria España. Han demostrado ser grandes defensores del proyecto imperialista del primorriverismo y del franquismo, bajo la idea “Nación, Unidad, Imperio”. Colombia no representa lo mismo que les representa España. Aun declarándose neonazi, Tercera Fuerza ha dejado entredicho la coherencia de su pensamiento. Y no son solamente elementos falangistas de donde se apoya esta crítica, sino también de elementos maurrasistas. El nacionalismo integral también hace parte de su discurso, por lo que englobar a esta organización en una sola categoría del fascismo, sería un craso error. Discursivamente han expuesto una no exclusividad al nacionalsocialismo.

Por ello se considera que más que neonazi, esta organización representa claramente lo que Stanley Payne define como fascismo genérico, un conjunto de ideas comunes entre los regímenes fascistas europeos que permiten identificar este tipo de ideología y la pertenencia a esta (Vivas, 2012). Al identificarse con una sola categoría del fascismo, como el nacionalsocialismo, su correspondencia debería negar la presencia de elementos de otras doctrinas fascistas. No obstante, esto no sucede dentro de Tercera Fuerza. Esta organización caracteriza su nacionalsocialismo únicamente a partir del discurso racista; pero tanto maurrasismo como falangismo son altamente identificables en su discurso. Al manejar un discurso diversificado del fascismo, se entiende que su correspondencia ideológica no niega otras doctrinas, sino que al contrario, las reconoce, por lo que sería correcto afirmar que su ideología, más que nacionalsocialista, falangista o maurrasistas, se inscribe a la idea del fascismo genérico.

El fascismo no ha muerto, aún camina entre la conciencia de los hombres. El mundo se ha enfrentado y hoy se enfrenta nuevamente a este temor llamado fascismo, más aún ahora cuando hay manifestaciones fascistas muy protuberantes en Europa, en Estados Unidos y América Latina. Y Colombia, como parte del mundo, ha vivido y vive esta experiencia.

Colombia ha sido, salvo excepciones puntuales, un país que ha ejercido la alternancia política de manera democrática en el último siglo. El partido Liberal y Conservador se han relevado en el Gobierno desde la emancipación de España, a pesar de ello tanto en una como en otra formación política no siempre la adhesión a los postulados de dichos partidos fue unánime. El partido liberal vio como de sus filas surgían contestatarios que además crearon su propia formación política, caso de la UNIR 2 de Gaitán, o incluso se encuadraron en el PCC.

Los Leopardos, pioneros del fascismo en Colombia

Hay un auge asombroso del fascismo por todo el planeta y la alta votación de Bolsonaro en Brasil, el candidato de la ultraderecha, es otra grave manifestación de dicha tendencia. Son las consecuencias de la aguda terrible crisis económica y financiera que sacude al capitalismo globalizado desde la quiebra del 2008, la cual se ha complicado en los últimos 120 meses, presentando diversos ciclos y fenómenos de destrucción de la producción, de la democracia, de las libertades civiles y del planeta.

Las élites del capitalismo global utilizan a fondo los medios de comunicación y las redes sociales para asustar a millones de seres humanos, especialmente a las clases medias, y de esa manera poder promover las formas violentas del totalitarismo y el despotismo político.

El siguiente texto, el segundo, quiere mostrar cuáles son los orígenes del fascismo en Colombia; el cual empezó su proceso de estructuración en la segunda década del siglo XX, con la constitución y presencia pública del grupo los Leopardos. Ese núcleo pionero lo integraron Silvio Villegas, Eliseo Arango, Joaquín Fidalgo Hermida, José Camacho Carreño y Augusto Ramírez Moreno. Posteriormente darían continuidad a su discurso y a su práctica política Gilberto Álzate Avendaño (El Duce de Manizales), Joaquín Estrada Monsalve y Fernando Londoño, el padre del otro Fernando Londoño que hoy hace parte de la guardia pretoriana de Uribe Vélez.

Laureano Gómez, que fue muy activo en los años 20, 30, 40 y 50 del siglo XX, es el promotor del Falangismo y el corporativismo en Colombia.

Algunos piensan que el fascismo es cosa de los años recientes en Colombia. Su presencia política en nuestra nación ya casi completa 100 años y su arraigo es bastante profundo en la cultura de las elites terratenientes, financieras y políticas. La violencia contrainsurgente aupada desde el Estado y promovida por el gobierno Norteamericano desde la feroz violencia de los años 50 del siglo 20; el Estatuto de Seguridad turbayista con todas sus bestialidades y acciones irracionales en materia de derechos humanos; el exterminio de la UP; la formación y consolidación en masa de los grupos paramilitares; la estrategia de seguridad democrática con sus “falsos positivos” y masacres sistemáticas que provocaron el desplazamiento de 8 millones de campesinos; la estrategia fementida de paz del señor Santos, con su exterminio de líderes sociales y excombatientes de las Farc; y la nueva variante pop del uribismo con la Presidencia de Duque, que ha dado continuidad al genocidio de los dirigentes populares y ex integrantes de las Farc, son las diversas caras del nazi fascismo colombiano, que presenta variantes y prolongaciones en la esfera conservadora del campo político, incluyendo obviamente la jerarquía de la iglesia, comprometida igualmente con esa corriente política despótica y totalitaria.

En este tercer texto sobre el fascismo en Colombia queremos abordar la influencia del fascismo y el falangismo hispánico en dos importantes figuras del Partido Conservador. Me refiero a Laureano Gómez (hechura de los jesuitas), el artífice de la peor violencia del siglo XX en Colombia, la de los años 50 y su medio millón de cadáveres; y me refiero a Gilberto Álzate Avendaño, el “Duce de Manizales” y a su cercano grupo de copartidarios entre quienes figuraban Fernando Londoño y Londoño (padre del actual cruzado nazifascista uribista, Fernando Londoño, el retórico grecoquimbaya que incendia, desde emisoras capitalinas, el ámbito político nacional, con arengas enloquecidas de corte oscurantista) y Joaquín Estrada Monsalve.

La jerarquía católica y el fascismo en Colombia

La Jerarquía católica colombiana es otro actor fundamental en el fascismo colombiano. Parte vital del poder colonial, después de la independencia de los años 20 del siglo XIX, ella siguió incrustada en el alma de la sociedad y de sus élites políticas. Ella misma era un poder oscurantista y retrógrado del poder.

Durante la Regeneración conservadora (1886-1930) y con la firma del Concordato con Roma, la Jerarquía católica fue pieza central de todo el andamiaje dominante del campo conservador en la sociedad colombiana de aquella época, pues era la encargada de la educación, la familia y las buenas costumbres.

Tan pronto se dan los brotes políticos de la ideología fascista, los grandes jerarcas católicos asumen su correspondiente posición y participan de las campañas del fascismo y la violencia que lo acompaña contra lo que ellos consideran son los enemigos de la civilización occidental, cristiana y creyente. El protagonismo fascista de tal Jerarquía que aún hoy sigue encuadrada con los sectores más oscurantistas de la nación, aunque con algunas excepciones muy importantes.

HORACIO DUQUE

Licenciado en Ciencias Sociales e Historia; autor de varios libros y artículos sobre historia y política colombiana.