Era un niño llamado Tomás

Carolina Vásquez Araya

La infancia debe ser una etapa feliz; un portal hacia el desarrollo y la realización de los sueños.

Tomás tenía 3 años y le sonreía a la vida cuando salió de su hogar acompañado de su tío abuelo. Iba con la confianza y la alegría propias de un niño saludable y feliz que encuentra, a cada paso, un nuevo descubrimiento, una nueva experiencia. Fue su último paseo; lo encontraron muerto en mitad del campo con señales de abuso, nueve días después. Durante ese lapso, la búsqueda fue intensa por tierra y aire mientras todo Chile clamaba por su aparición. No hay palabras para describir tanta atrocidad contra la niñez en cualquier lugar del planeta. La crueldad extrema implícita en el abuso sexual, la tortura y la impunidad que rodean a esos crímenes contra la niñez se encuentra, por lo general, avalada por un sistema de protección ineficiente y caduco, enmarcado en la absurda creencia de que ese importante segmento goza de la mayor protección en el hogar, la escuela, la iglesia o el vecindario.

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La amnesia de un país vencido

Para no ir tan lejos, ahí está el país vencido, que con todo lo que pasó en tiempos de dictadura era para que a estas alturas en lugar de neoliberalismo y desmemoria, la sociedad hubiera reconstruido su tejido social, encarcelado a los que cometieron crímenes de lesa humanidad desde el gobierno y haber levantado la infraestructura. 

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Saludos desde Tréveris

Era muy temprano ese domingo y ya Harry Thompson, joven actor, estaba concentrado en la lectura de su guion, que ensayarían al día siguiente. De pronto una llamada lo interrumpió.
— Si, ya sé que estás releyendo el siete ¡y el seis quedó bárbaro!, nos gustó mucho a todos. El punto es otro. ¡Es que la reacción en las redes ha sido muy inesperada!.¬¬—dijo Sarah en el teléfono— Si, superó nuestras expectativas más fantasiosas y queremos aprovechar eso. Te imaginas que debatimos muchísimo el asunto ayer antes de decidirnos a llamarte.— Al cabo de varios minutos de explicaciones la contrariedad del actor fue cediendo: después de todo su personaje podía ser muy importante, pero más lo era el guion.
— ¡La decisión es tuya, por supuesto! —concedió Sarah—. Si estás de acuerdo te pido que me avises esta misma noche, porque haríamos un ensayo mañana a la mañana, en horario a confirmar. —En ese momento ella no podía prever que otra alteración habría de producirse antes de finalizar el día, esta vez por decisión ajena.

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