Dilema ético

¿Cómo no preguntarme por la forma como están articulados los poderes hoy en Colombia?

Por:Margarita Rosa de Francisco 10 de febrero 2021 |@margaritarosadf

El presidente más remoto en mi recuerdo es Misael Pastrana, y de ahí para adelante, todos los que le siguieron me han parecido uno solo. Después, me di cuenta de que mi ignorancia se trataba más bien de una elemental lucidez. Aun cuando el último proceso de paz significó para muchos de nosotros un milagroso acontecimiento, este ocurrió dentro de un gobierno con los mismos vicios de todos los precedentes. Los ciudadanos hoy contemplamos con desolación la misma barbarie, desigualdad y miseria, ellas sí, muy bien administradas, pues han logrado mantenerlas estables por décadas, siempre en el más cruel de los niveles.

¿Quiénes?

Poco a poco, he ido asomándome con más curiosidad y a medida que abro los ojos siento más indignación, más horror y más ganas de intervenir en la discusión pública. A pesar de que opinar en contra de ciertos temas en un medio ‘oficial’, como este, no es recomendable, cada vez me queda más difícil mirar para otro lado; y ahora con más razón, cuando se acercan las elecciones.

¿Cómo no preguntarme por la forma como están articulados los poderes hoy en Colombia? ¿Cómo hacerme la desentendida cuando, todos los días –por vías alternativas–, periodistas de gran trayectoria y basados en investigaciones muy serias denuncian los alcances de la corrupción empresarial asociada con la política, las autoridades de justicia, el paramilitarismo y el narcotráfico?

¿Cómo no pensar en personas más innombrables que “el innombrable”, dueños de todo el país, que financian las campañas de presidentes como el que hoy nos malgobierna? ¿Cómo no empezar a gritar que no es “el que diga Uribe”, sino el que diga el más innombrable e intocable de todos, ese que alguna vez se ufanó de mandar a confeccionar leyes a su medida? ¿Cómo no asombrarse con el monopolio abusivo del sistema bancario que él ha creado y que denuncian constantemente sus clientes por las redes? ¿Cómo no querer que algún día se desarticule esa ligazón infame entre poder económico y poder político, que fabrica analfabetismo, hambre, enfermedad y violencia en la vida del colombiano olvidado de Dios y del Estado?

Hoy, como nunca antes, creo que debemos –quienes así lo sintamos– hacer pequeños actos éticos, así sea en la privacidad de nuestra casa, así sean simbólicos, como una señal de que todavía algo de dignidad nos queda. El mío es, por lo pronto, haber escrito esto.

Margarita Rosa de Francisco