¿Será el coronavirus el cisne negro de Donald Trump?

El inesperado triunfo de Donald Trump en las Presidenciales de EEUU supuso la irrupción del llamado “escenario teleonómico” (en contraposición al ”escenario teleológico” imperante en las últimas décadas) que vendrá marcado por dosis extremas de volatilidad y que tendría su plasmación en la elección de Donald Trump y el retorno del “White Power”. Según una encuesta de la NBC, el 54% de la población blanca estaría “enfadada con el sistema”, frente al 43 % de los latinos y el 33% de los afroamericanos que siguen confiando en el sueño americano, lo que habría llevado a los votantes blancos a apoyar las posiciones políticamente incorrectas y refractarias a los dictados del estabishment tradicional republicano de Donald Trump.

Su triunfo estuvo sustentado en el apoyo de los indignados blancos mayores de 45 años a Trump y de los partidos neonazis y supremacistas blancos que siguen controlado los ámbitos de poder de la “América profunda”. Así, el firme apoyo a la candidatura de Trump por David Duke, ex-líder del KKK y los posteriores nombramientos de Sebastian Gorka,( miembro de la organización de extrema derecha húngara Vitézi Rand) como asesor de contraterrorismo y de Stephen Bannon, de ideología populista y ultraderechista como Jefe de Estrategia, simbolizaron la llegada de los supremacistas blancos a la Casa Blanca con el objetivo inequívoco de instaurar el “White Power” en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en el escenario del 2.043.

¿Frivolizó Donald Trump la pandemia del coronavirus?

La personalidad de Donald Trump encajaría plenamente en la descripción medica del trastorno conocido como psicosis paranoica pues su pensamiento es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio para convertirlo en convicción y aunque esté aquejado de dicho trastorno delirante sería bastante funcional y no tiende a mostrar un comportamiento extraño excepto como resultado directo de la idea delirante (léase la construcción del Muro con México). En el caso concreto de Trump, estaríamos ante un caso típico de paranoia megalómana, delirio de grandeza que provoca que el individuo se crea dotado de un talento y un valor extraordinarios debido a que las deidades le han elegido para una alta misión (restaurar el White Power en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en un futuro mediato).

Así, según la Oficina del Censo de EEUU, hacia el 2043 los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060 y la afroamericana, que pasaría los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones. Otro rasgo de su personalidad sería el histrionismo que le impele a “ llamar la atención pública y ser temerario en sus afirmaciones sin importarle la opinión de los demás debido a su evidente falta de moralidad”, de lo que sería paradigma la frivolización del coronavirus por parte de Trump y su dilación en la adopción de medidas quirúrgicas en los principales focos de transmisión del coronavirus de EEUU lo que podría derivar en una auténtica pandemia con sus consiguientes efectos colaterales en forma de reguero de muertos, colapso de los servicios médicos, paralización de la actividad productiva y entrada en recesión de la economía estadounidense.

¿Será el coronavirus el cisne negro de Donald Trump?

La teoría del Cisne Negro fue desarrollada por Nicholas Taleb en su libro “El Cisne Negro (2010) en el que intenta explicar “los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al rol masivo del suceso extraño en los asuntos históricos”, lo que explicaría el sentimiento de incertidumbre de la sociedad global ante la irrupción del coronavirus. Así, la psicosis existente debido al coronavirus chino y sus efectos colaterales en la economía mundial ( reducción de 2 punto en el PIB mundial) provocará que los grandes inversores se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que terminará por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil.

Debido al “efecto Trump” los inversores de EEUU estaban instalados en la euforia tras superar el techo ionosférico de los 29.000 puntos en el Dow Jones, (rememorando el boom bursátil de los años 20, preludio del crack bursátil de 1.929), por lo que eran incapaces de percibir el vértigo de la altura, pero los altos niveles de déficit de Estados Unidos (3 billones $ en el 2020) y el cisne negro del coronavirus provocará que los grandes inversores sientan por primera vez el mal de la altura que les llevará a reducir su exposición al riesgo con el consecuente efecto bajista en las cotizaciones de las acciones y revalorización de la Deuda soberana, con lo que cumplirá la máxima del iconoclasta Galbraith: “Llegará el día en que el mercado descienda como si nunca fuera a detenerse”.

Dicho estallido tendrá como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras y el incremento del paro desde el 3,5% actual hasta el nivel estratosférico del 15%, lo que terminará por diluir los efectos benéficos de la política económica de Donald Trump, la desafección del segmento poblacional de sus votantes (40% del electorado) y su declive político en las próximas elecciones Presidenciales de Noviembre.

Así, el shock traumático que generará en la sociedad estadounidense la previsible pandemia del coronavirus y la posterior entrada en recesión de su economía obligará a una profunda catarsis y metanoia de la sociedad en su conjunto que hará revisar los fundamentos que lo sustentan. La metanoia sería transformar la mente para adoptar una nueva forma de pensar, con ideas nuevas, nuevos conocimientos y una actitud enteramente nueva ante la irrupción del nuevo escenario pandémico lo que implicará la doble connotación de movimiento físico (desandar el camino andado) y psicológico (cambio de mentalidad tras desechar los viejos estereotipos vigentes). Ello tendrá como efectos benéficos el redescubrimiento de valores como la solidaridad y la igualdad de derechos que desembocarán en la implementación de una renta básica, prestaciones por el desempleo así como una sanidad pública universal que simbolizarán la utopía norteamericana del siglo XXI.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ Analista
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