La represión contra las protestas indígenas es despiadada

Experto considera que eliminar símbolos del Estado plurinacional es un retroceso a la era colonial

Existe en Bolivia una lucha entre dos poderes, luego del golpe de Estado asestado contra el presidente Evo Morales. La primera es estridente, bulliciosa y se libra en las calles: pueblo contra pueblo y también en el mundo político, bien sea en el Palacio Viejo de Gobierno de La Paz, en el Congreso o en otros escenarios de debate. Más allá de esta primera lucha, tras bastidores se esconde otra disputa que está intrínsecamente ligada con la identidad del pueblo altiplano y que tiene molestos al mundo y a la población indígena, muy celosa de su estirpe.

En Bolivia aún existe una simbología importante que fue construida durante los 14 años del mandato de Evo Morales, con el fin de reafirmar la identidad del pueblo indígena y que fue echando las bases del país plurinacional. Una vez que se autoproclamó en el poder la senadora ultraconservadora Jeanine Áñez, el pasado 10 de noviembre, luego del golpe de Estado contra Morales, la derecha del país altiplano se ha empeñado en acabar con toda esta iconografía con el objetivo claro de diferenciarse de su predecesor progresista de la etnia aimara.

El internacionalista Carlos Torres considera que la juramentación de Áñez, con una biblia en la mano, es un claro desafío a la población indígena y sus creencias ancestrales. “El Estado Boliviano es laico, pero la mayoría de la población indígena profesa su fe solamente a la Madre Tierra o Pachamama y al Sol”, aclaró.

Torres también resaltó el hecho de que Morales cambió jurar ante símbolos cristianos y ante “Dios y la patria” al asumir un cargo público y Áñez los restituyó. La presidenta autoproclamada también desechó el saludo que debe hacer el Comandante en Jefe a la Fuerzas Armadas de “patria o muerte” por el viejo “subordinación y constancia”. otro cambio sigificativo para resaltar.

“Me da la impresión de que la idea es eliminar toda la simbología que implementó Evo Morales durante su gobierno para impulsar los derechos de los pueblos indígenas y, a su vez, promocionar otros impuestos por gobiernos conservadores en el pasado. ¡Es un retroceso a la colonia!”, sentenció el analista.

Otro de los íconos retomados por la derecha que recién asumió el poder fue el rescate del Palacio Viejo de Gobierno, desde donde Evo Morales se negó a despachar por considerarlo un emblema de los gobiernos conservadores.

La población indígena consideró que la mayor afrenta contra su estirpe ocurrió cuando un grupo de católicos seguidores del líder derechista Carlos Camacho bajó la Wiphala (bandera sagrada de los indígenas) e izó el tricolor verde y blanco.

“No conformes con bajar la Wiphala, los fanáticos la quemaron. También sucedió que unos desclasados policías eliminaron el símbolo multicolor de las insignias que llevan en su uniforme, negando de esta forma sus orígenes”, ejemplificó Torres.

Concluyó que la idea es borrar de la mente de los bolivianos y del mundo algo imborrable: “Un gobierno que en 2006 inició un nuevo régimen económico, social y político”.

JUAN RAMÓN LUGO / CIUDAD CCS

La religión catolica intenta sincretizarse a rajatabla en la fe popular.

Cuando la religión se convierte en arma y negocio

La lucha en Bolivia encabezada por dos templarios modernos, representados en las personas de Fernando Camacho y Marco Pumari, desataron el primer golpe de Estado que se da en una nación en nombre de las religiones católica y evangélica. Ambos dirigieron a sus huestes hasta el Palacio de Gobierno aquella noche del 11 de noviembre con un solo objetivo: la sangre del pueblo indígena. De la misma forma que los templarios medievales, quien matara a más infieles tendría el cielo asegurado.

Al indio, que ostentaba el mando por orden cívica del soberano en ese momento, era necesario apartarlo del poder. Es por ello que aquella noche del 11 de noviembre se acercaron hasta el Palacio y con la Biblia y el rosario en las manos procedieron a soltar las amarras de los demonios que pretendían, en nombre de Dios, acabar con toda señal del aborigen indómito.

La oligarquía, representada por Camacho y Pumari, siguieron con su afán en someter al indio convertido en autoridad. Con ese enfermizo objetivo en mente, se dispusieron a quemar la Wiphala, como para sembrar el escarmiento entre la población aborigen. Un craso error que la población de El Alto les está cobrando con creces hasta los días que corren.

A decir del internacionalista Carlos Torres, hasta Max Weber reconoció que el espíritu del capitalismo está atravesado por la ética protestante.

“Esa ética no sólo le brinda al capitalismo la consistencia moral del individuo burgués sino que promueve muy bien el suelo legitimador del espíritu del capitalismo: la riqueza como bendición”. Considera que es por ello que, con la Biblia en la mano, se puede generar individuos disciplinados en la única motivación de “hacer dinero, como una vocación sagrada al servicio de un Dios-banquero, que premia o castiga, y que no perdona las deudas a los países pobres”.

Evangélicos meten la cuchara

El filósofo y teólogo Enrique Dussel sostiene que Estados Unidos propicia una “guerra santa” para provocar derrocamientos en Latinoamérica. “Se propone que el hombre deje sus costumbres ancestrales y se proponga trabajar y entrar en la sociedad consumista capitalista”.

En ‌entrevista con Carmen Aristegui dejó sentado que ‌un nuevo fenómeno son las iglesias evangélicas que están apoyando el golpe boliviano, con un hombre desaforado como Camacho, que habla en nombre de la Biblia que no es la católica, sino la evangélica. Toma la cultura popular de los pueblos originarios como un horrible paganismo que el cristianismo debe remplazar a rajatabla.

Desde el lunes la Comisión campesina Túpac Katari aprobó el cerco hasta que vuelva Evo Morales.

¡Mañana volveré y seré millones!

“El 15/XI/1781, el yugo español ejecutó a Túpac Katari por pedir libertad. El 15/XI/2001 Tuto Quiroga asesinó a 3 cocaleros por reclamar soberanía. Ayer, 15/XI/19, la dictadura de Mesa, Camacho y Áñez mató a 12 hermanos por exigir democracia. La historia se repite”, dice un twitt de Evo Morales. Mientras son más de 30 los caídos por la represión del gobierno espurio y centenares de heridos, de los cuales 8 fallecieron en Senkata, en El Alto, por aplicar una estrategia de lucha aymara que ha resistido durante muchísimos siglos el “cerco de Túpac Katari” y que ha dado resultados en cuanto al desmonte de gobiernos neoliberales y represivos. Cercar una ciudad de citadinos que tienen muchísimos privilegios (en este caso la ciudad de La Paz) dejándolos sin combustible y alimentos produjo, en dos ocasiones, la dimisión de dos mandatarios. Una fue en el 2003 con Gonzalo Sánchez de Lozada, y en 2005 con Carlos Mesa, quienes dimitieron por el cerco. Pero esta estrategia se remonta a 1781 en plena lucha contra el colonialismo español a cargo de Julián Apaza, conocido como Túpac Katari, quien, junto a miles de indígenas, cercó la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, durante varios meses, desatando desesperación entre los españoles, logrando colocarlos de rodillas. Freddy Bobaryn, investigador boliviano, tiene la certeza de “que si el cerco permanece sólido se puede generar una sorpresa hacia el mundo internacional, una lección de resistencia de un pueblo organizado.
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No es un horizonte, sino una primitiva venganza”, dice Alvaro G. Linera.

El odio racial como lenguaje político

Hace unos días el Vicepresidente de Evo Morales, Álvaro García Linera, escribió un sentido artículo que llamó Odio al indio, en el cual describe el papel de los pueblos originarios en el crecimiento de la Bolivia que conocemos desde hace 14 años, pero también describe, sin difuminar, el odio incomprensible, racial, de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

“En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan, la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él”.

Buscar respuestas por el lado de la Iglesia católica, del papa Francisco, sobre lo que sucede en Bolivia, sólo nos ofrece pedidos de oración por esa nación.

Sin embargo, unas viejas citas advierten la avidez de los nuevos colonialismos: “Si todo continuara como era, si pasamos nuestros días con la satisfacción de que ‘esta es la forma en que las cosas siempre han sido’, entonces el regalo se desvanece, sofocado por las cenizas del miedo y la preocupación por defender el statu quo”, dirigiéndose a los católicos más conservadores, ante el incendio de la Amazonía.

Así se mueve, novedosamente, la derecha, con una Biblia y de rodillas en el piso para que “Dios vuelva al Palacio”. Camacho, el golpista que personificó esta bárbara escena en el Palacio Quemado de Bolivia, juró no ser racista y diferenciarse de la imagen de una Santa Cruz blanca y separatista, es representante del peor fundamentalismo de ese país.

También el filósofo Enrique Dussel se pregunta: “¿Cómo puede enarbolarse la Biblia o el crucifijo para derramar la sangre de los pueblos originarios, gritando: sacaremos de los lugares públicos a la Pacha Mama y la reemplazaremos por la biblia? Ahora son fundamentalistas pro estadounidenses, antes fueron fundamentalistas católicos eurocéntricos”.

El agregado político de Bolivia en Venezuela, Freddy Bobaryn, opinó para este medio: “Reemplazan la legalidad por la religión, es decir, hay un argumento por el cual es lícito vulnerar la Constitución y todo el ordenamiento jurídico en el país”. Y agrega: “Hay un código que ha sido transmitido moralmente de generación en generación, que tiene que ver con una filosofía ancestral de vida, es decir, el desarrollo de Bolivia se ha producido el día de hoy, gracias a esa filosofía de vida y ellos masacran”.
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El zarpazo a Bolivia pretende desarticular los esfuerzos de la región

Todos los esfuerzos impulsados por Chávez, Lula y otros, particularmente toda la iniciativa en función de la integración de los pueblos se están perdiendo en Latinoamérica con esta estocada a Bolivia, nos comenta el internacionalista y periodista, Julián Rivas, quien opina además que si bien nunca han tenido claro una política de cooperación económica con América latina, los mecanismos de dominación y de extracción de recursos se han ido perfilando. El litio ocupa el 75 por ciento de las reservas globales entre Bolivia, Chile y Argentina.

— ¿Qué es lo que está perdiendo Latinoamérica con el golpe en Bolivia?
— Es todo un esfuerzo de reconfiguración de las relaciones sociales, de impulsar la dolarización, porque ante la ofensiva de China en el mercado mundial Estados Unidos está tratando de destruir todos esos trabajos en materia de cooperación militar, económica o de desarrollo de grandes infraestructuras, como ocurre con la propuesta del nuevo canal en Nicaragua, y a la vez hay una ofensiva cultural, con el objetivo de crear unas nuevas élites que respondan a los intereses de EEUU. Habría que ver en el aspecto cultural, el uso de organizaciones protestantes que en América Latina tratan de crear lo que ellos llaman descatolizar Latinoamérica, para avanzar en un esfuerzo de construcción de un nuevo ser en la región, un nuevo ciudadano que se enmarque dentro del plan de EEUU de reconstruirse en vista de las debilidades que tiene, reconstruirse en su estructura de control económico y particularmente fortalecer al dólar como moneda para la región.

— La derecha en Bolivia volvió con una suerte de antivalores y el fundamentalismo violento con una Biblia en la mano, ¿a qué se debe esto?
— Ese es el calvinismo como un esfuerzo de dominación como ha sido siempre, pero es un calvinismo muy marcado que tiene un acento pro israelita presente, que pretende construir otras realidades para la región. Bolivia tenía una economía de mayor crecimiento en la región, con indicadores macroeconómicos interesantes y con unos potenciales en materia de producción de gas y litio, entre otros aspectos presentes en un país rico, con una población relativamente pequeña, pero que es un territorio inmenso con grandes recursos. Esto es un zarpazo que pretende dar un orden de autoritarismo con unos supuestos principios liberales, que no están claros, pero que en el fondo busca articularse con el modelo de Washington para la región, con el apoyo de la OTAN y la Unión Europea presente.

NAILET ROJAS/FRANCIS COVA / CIUDAD CCS