Preguntas sin respuesta y trabas en la investigación sobre Khashoggi

Por Antonio Cuesta Marín

Estambul, 26 oct (PL) Las relaciones entre Ankara y Riad atraviesan un momento crítico debido al asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el Consulado saudí en Estambul, del que aún existen muchas interrogantes sin respuesta y obstáculos en la investigación.

Turquía está llevando con cautela la resolución de un caso con el que pretende ganarse la confianza y el reconocimiento internacional, especialmente entre los países musulmanes, arrinconando a una Arabia Saudí que hasta el momento se mostró reticente a explicar de forma convincente lo ocurrido en su legación diplomática, o directamente impidiendo la investigación en la misma.

El periodista, de 59 años y crítico con la monarquía saudí, desapareció el 2 de octubre tras ingresar en la misión de su país en Estambul para obtener unos documentos de matrimonio, sin embargo durante más de dos semanas las autoridades de Riad negaron cualquier vinculación con el hecho, asegurando que Khashoggi abandonó el Consulado tras realizar el trámite.

Esta versión fue sostenida sin ninguna prueba, mientras se retrasaba la autorización para que el equipo de investigación de la policía turca pudiera acceder a los edificios del Consulado y la residencia del cónsul saudí, así como llevar a cabo un examen de los vehículos diplomáticos que fueron usados por el escuadrón de 15 personas llegados desde Riad horas antes de la desaparición del periodista.

Ankara fue filtrando a ciertos medios de prensa información del caso, con el objetivo de presionar a las autoridades saudíes a reconocer el crimen y su responsabilidad en los hechos, circunstancia que finalmente llegó el 20 de octubre si bien atenuada como una ‘pelea accidental’ cuyo resultado fue la muerte de Khashoggi.

Esa versión de los hechos fue cambiando con el paso de los días, hasta llegar a la que parece ajustarse más a la posición oficial que defiende Turquía, es decir, que el asesinato fue planeado y premeditado, según expresó el presidente Recep Tayyip Erdogan, en una reunión mantenida el martes 23 de octubre con el grupo parlamentario de su partido.

Es cierto que este reconocimiento saudí no procede del gobierno sino de la fiscalía encargada del caso, pero fue publicado por la agencia estatal de noticias SPA y sostiene ‘que los sospechosos en el caso Khashoggi se embarcaron en este acto con una intención premeditada’, lo que refuta la última línea oficial que achacaba el asesinato a una operación fallida para ‘negociar’ su regreso al reino.

En todo caso estas tímidas y tardías declaraciones no aclaran numerosas preguntas para las que aún no existen respuesta, la más importante sin duda es la relativa al paradero del cadáver del periodista, pero también quién dio las órdenes al grupo encargado de la ejecución y por qué se sigue obstruyendo la labor de los investigadores turcos en los edificios consulares.

Para responder a la primera de esos interrogantes la policía rastrea desde hace días dos zonas de bosque cercanas a Estambul, donde algunas cámaras recogieron el paso de vehículos diplomáticos implicados en el caso, ante la posibilidad de que se hubiera enterrado allí el cuerpo, pero también se intenta, aunque por el momento sin éxito, registrar en profundidad el jardín de uno de los edificios.

La petición cursada a los funcionarios árabes para que un equipo forense pueda examinar el pozo que hay en la residencia del cónsul, fue respondida este jueves, tras días de espera, con el permiso para extraer una muestra de agua.

En ese sentido, Erdogan advirtió durante su comparecencia que el crimen se cometió en territorio turco y que ‘la Convención de Viena no permite que la investigación de tales asesinatos sea impedida por la inmunidad diplomática’, por lo que aseguró que será revisada tras este incidente.

Tampoco parece haber tenido respuesta la demanda del líder turco de conocer la identidad del ‘colaborador local’ que supuestamente se deshizo del cuerpo del periodista.

Hay pocas señales de que las autoridades saudíes estén dispuestas a cooperar plenamente con Ankara, y todo apunta a que con ello se trate de encubrir la presunta responsabilidad del príncipe heredero Mohammed bin Salmán (MbS)en el asesinato.

Desde Turquía la acusación más directa vino esta semana por parte del asesor de Erdogan Ilnur Cevik, quien aseguró que MbS tenía ‘sangre en las manos’, teniendo en cuenta que ‘al menos cinco miembros del equipo de ejecución son las manos derechas de (Mohammed bin) Salmán y son personas que no actuarían sin su conocimiento’, según escribió en el periódico Yeni Birlik.

Incluso el principal valedor de la monarquía saudí, el presidente de Estados Unidos Donlad Trump, reconoció el miércoles que todo parecía indicar que MbS podría ser el máximo responsable de la operación que llevó a la muerte de Khashoggi.

Trump envió a Ankara a la directora de la CIA, Gina Haspel, a quien los servicios de inteligencia de Turquía mostraron ‘todas las pruebas’ relacionadas con el caso, imágenes de vídeo y archivos de audio, así como las evidencias recopiladas en el Consulado y la vivienda del cónsul, según informó el diario progubernamental Sabah.

No está claro si la administración de Washington cambiará de posición una vez que Haspel, experta conocedora de torturas y desapariciones, haga llegar a Trump el informe sobre lo analizado en Turquía, pues hasta el momento el presidente no ocultó su deseo de ver a MbS absuelto de toda responsabilidad.

Muchos en Ankara esperan que el asesinato de Khashoggi obligue al monarca saudí a reemplazar a su delfín por sus conexiones con los ejecutores, que le hacen conocedor o responsable de la ejecución, sin embargo es más probable que el gobernante de facto del reino sobreviva en su puesto pese a la investigación.

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