Venezuela/Contrabando de extracción: último fracaso de la contrarrevolución  

Hernán Mena Cifuentes
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En vista del fracaso de “La Salida”, su más  reciente intento desestabilizador en Venezuela, el fascismo procedió intensificar la más brutal de sus aventuras golpistas: el contrabando de extracción, plan conspirativo, que si bien ha causado cuantiosos daños a la economía y malestar al pueblo también está siendo derrotado al igual que la anterior.
Y es que la ofensiva  ordenada por el presidente Nicolás Maduro en respuesta a  la guerra económica declarada por el Imperio, sus lacayos de la oposición criolla, sus agentes extranjeros y los medios mercenarios, lo ha desarticulado con las incautaciones masivas realizadas hasta ahora  y se dispone a darle el golpe de gracia con control biométrico a aplicar  a partir próximo mes de  noviembre.

De allí la  iracunda y desesperada reacción de esos apátridas, que desde sus reductos políticos, económicos y comerciales, critican y rechazan con argumentos absurdos y ridículos, las medidas que en defensa de la estabilidad del proceso revolucionario y el bienestar del pueblo han adoptado  las autoridades civiles y militares a través de una serie de  acciones conjuntas exitosamente desplegadas.

De Norte a Sur, de Este a Oeste y centro del país, desde que empezó la ofensiva hace unas semanas, se ha incautado miles de toneladas de alimentos, medicinas, cemento, cabilla, millones litros de gasolina y otros productos que salían ocultos por ríos y trochas  a bordo de flotas de barcazas, caravanas de camiones y en peñeros  que  en el mar trasegaban el combustible a buques extranjeros.

El perverso proyecto tenía como objetivo provocar el malestar, disgusto y eventual rebelión de la población venezolana ante  la escasez cada día más acentuada, no solo de alimentos de la cesta básica y medicamentos, indispensables para la alimentación y salud del pueblo, sino además de combustible para la movilización del parque automotor  y materiales para la  construcción de viviendas.

Pero los conspiradores subestimaron la capacidad de respuesta del gobierno revolucionario y la resistencia y fidelidad del pueblo con el proceso creado por Chávez y continuado por Maduro, heredero de su legado,  lealtad reiterada cada vez que el fascismo criollo ha intentado atentar contra una Revolución arraigada en el alma y corazón de la inmensa mayoría de los venezolanos.

De allí que las acciones, combinadas con las efectivas medidas adoptadas contra el desabastecimiento y el acaparamiento, primera fase del plan desestabilizador enmarcado en la guerra económica  del fascismo contra la Revolución Bolivariana, se reflejan hoy en la  recuperación de los inventarios y anaqueles de supermercados, tiendas, bodegas y demás establecimientos comerciales del país.

Y viendo que el control biométrico de compras acabará de una vez por todas con la guerra económica que desencadenaron, los miembros de la oposición golpista, hipócritas y cínicos, cual modernos fariseos, se desgarran las vestiduras, acusándolo de inconstitucional y violatorio de los DDHH, un sistema de racionamiento, -dicen- que viola la privacidad de los venezolanos.

Y en una competencia por dar a conocer quien es el o la que mejor  defiende su indefendible causa, se han lanzado en una grotesca y cómica carrera de payasos que lo único que ha logrado,  es desnudar con sus falacias y calumnias, los viles  estandartes que esgrimen, que son los del odio y la ira  de su miseria humana.

Lo hace Fedecámaras, y Copei, su cómplice del 11-A; María “Mentira” Machado”, la “Femme fatal” de la política venezolana; Henrique Capriles Radonski, el  perdedor de siempre, el del llamado a “descargar la arrechera”  de su derrota electoral frente a Maduro que dejó 11 muertos,  y demás  apátridas que sueñan  con destruir el proceso creado por Chávez, el supremo y eterno comandante.

Marchan y gritan su  miedo viendo aproximarse  una derrota más del golpe de Estado continuado que desde hace 15 años pretende destruir la inédita y pacífica revolución que puso fin a siglos de injusticia e iniquidad sufridos por un pueblo, que de la mano de su líder logró vencerlos y que hoy, cuando él marchó  a la inmortalidad y la gloria, lo hace de la mano de Maduro, heredero de su legado.

Y es que saben que esta Revolución llegó para quedarse, para  darle al pueblo lo que nunca tuvo cuando  ellos gobernaron, salud, educación, vivienda, y también la dignidad perdida, porque, por un puñado de dólares, cual modernos Judas, vendieron la patria al Imperio que saqueaba sus riquezas, mientras ellos recibían las migajas que quedaban del inmenso botín que su amo se llevaba.

Por eso es que el pueblo no les escucha, porque sabe que mienten como siempre, porque la mentira, su arma favorita tiene patas cortas, por lo que la verdad la alcanza donde vaya y por más que corra la atrapa y desnuda  ante los ojos del mundo, como hoy lo está haciendo la ofensiva desplegada por Maduro a través del sistema biométrico que ha puesto al descubierto su perverso rostro.

Porque carecen del amor del pueblo, como dice la letra del viejo bolero: Nadie me ama: nadie me quiere,/ nadie me llama,/ nadie me es fiel./Voy por el mundo de fracaso en fracaso/… Y seguirán así, atados al yugo del fracaso, porque, nadie puede querer, llamar y serle fiel a quienes como ellos solo destilan traición y muerte, envenenados como están por la miseria humana que los corroe.

Y entre los argumentos que esgrimen contra le Plan Centinela que ha reducido el contrabando de extracción, destaca el que asegura que está condenado al fracaso, ya que lo que el gobierno tiene que hacer, -dicen- es aumentar la producción, fórmula diabólica, ya que lo que persigue, es precisamente que haya más productos para reanudar la fuga de productos del país que ha sido frenada.

Como la falacia esa que  esgrimen, de que el sistema biométrico  viola la privacidad de los venezolanos al exigirle  sus datos personales al inscribirse en el sistema. Falso, ya que toda esa información se da al abrir una cuenta de ahorro o corriente, adquirir una tarjeta de débito o crédito, información que está al alcance del cajero del banco y de la cajera del comercio donde  se compra.

Hipócrita y cínica mentira que pone al descubierto la destacada periodista Carola Chávez en un breve pero ilustrativo y revelador artículo titulado La Vida Oscura de Clara: Vigilada, lleno   de la carga de humorismo e irónico estilo que caracteriza la obra de la escritora revolucionaria, el cual dice:

“Clara, la de la vida oscura, sale del gimnasio. La clase de yoga no logró desnudar sus pobres músculos, que llevan quince años engarrotados por culpa del castrochavismo. Cargando su bolso de gym y su cartera se dirige al supermercado para hacer sus compras, como cada semana.”

“Allí le saluda un simpático cartelito en la puerta que la insta a sonreír porque las están filmando. ( para su seguridad ) Ni así Clara sonríe…apenas pone un pie dentro del local, un vigilante le avisa que para poder entrar a comprar, debe dejar ese bolso grande en el mostrador de atención al cliente, que ahí se lo guardamos, atentamente hasta que termine de hacer su compra, señora.”

“En la caja, a la hora de pagar, le piden su número de cédula para verificar su afiliación a tan prestigiosa cadena de expendio de comida. La cajera, teclea el número, hace clic y le da la bienvenida llamándola por su nombre, según lee en la pantalla de la computadora, justo arriba de su dirección, teléfono y otro montón de datos que Clara les proporcionó voluntariamente cuando solicitó una afiliación de cliente que le ofrece, como única ventaja, ( además de un insignificante descuento ) no tener que repetir sus datos cada vez que va a comprar.”

“Clara paga con su tarjeta de débito y la cajera la indica que debe colocar su cédula y teléfono en el comprobante de compra, así como por si acaso. Automáticamente, Clara garrapatea  los datos requeridos, espera su factura, agarra su compra, recoge su bolso en el mostrador donde se lo guardaron y se dirige a la puerta donde otra cola para que un vigilante, que al parecer tiene rayos X en los ojos, escanea su carrito con una mirada punzo penetrante y verifique que lo que lleva concuerda con lo que dice la factura. Solo entonces le sellan el permiso de salida.”

“Me puede abrir el bolso, Señora. Le dice el vigilante con cara de Sherlock Holmes, y Clara, sin el más mínimo asomo de rebelión, abre de par en par el mismo bolso que no le dejaron entrar al mercado, para que el vigilante compruebe que solo lleva un tapete de yoga, maquillaje, una toallita sanitaria, ropa interior de repuesto…sus cosas más personales, pues sellada, Clara se va a casa.”

“Esa noche, Clara, la de la vida oscura, cacerolea contra el captahuellas, porque es el colmo que este gobierno te quiera controlar  hasta cuando haces mercado.! No es no!”

Carola cogió palco para interrumpir ese sainete  del fascismo, derribado como todos los castillos de arena construidos por los golpistas por la furia del oleaje de la Revolución Bolivariana que hoy inunda con más fuerza que nunca los espacios de Venezuela  y más allá de sus  fronteras, con su ejemplo de dignidad y soberanía a seguir por los pueblos oprimidos del planeta.