Comuna: construcción heroica

 Gustavo Vásquez

la_commune“Simón Rodríguez, ya ancianito, escribió de la toparquía y dice que es el sistema de gobierno más perfecto. El gobierno del topos, del lugar, la gente que está formando parte del lugar, del cerro, del árbol, de la orilla del río, es el gobierno directo de la comunidad”
Hugo Chávez, 15 de agosto de 2007.
El ideario revolucionario bolivariano ha encontrado como uno de sus fundamentos la consigna de la “comuna o nada”. El presidente Chávez lo expresaba para la propuesta de reforma constitucional pues “a partir de la comunidad y la comuna, el Poder Popular desarrollará formas de agregación comunitarias político territoriales”. Esto no como un mero capricho, sino porque era necesario encontrarle sustento y valor real a la intransferencia de la soberanía popular y su ejercicio directo, y a la responsabilidad social que ello expresaba (artículos 5 y 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela). Chávez consideraba la cuestión no como algo puramente normativo o formal, sino que entendía que para lograrlo se debía hacer un esfuerzo heroico. Quiso decir que sobre este sustento, la construcción del Poder Popular estaba emprendiendo algo inédito.
El particular significado hace del propósito de la Comuna algo más que un asunto administrativo y lo convierte en un proceso y proyecto de poder basado en la fuerza de lo popular, en su capacidad de decisión autónoma. Esto, además, coloca al Estado tradicional, como en todo proceso revolucionario, en una situación de transición, como un órgano al servicio del pueblo, técnica, financiera y administrativamente, así como representante de la soberanía de los intereses nacionales, incluyendo su seguridad y defensa.
Esto es la utopía puesta en lugar, pues la conquista del poder político para la construcción del socialismo ya no descansa exclusivamente sobre los sectores obreros organizados. Ahora, además de ellos y de una verdadera gestión de los mismos en aras de la propiedad social de los medios de producción y empresas estratégicas para eliminar la explotación del trabajo asalariado, se concibe también al resto del proletariado, los comunes, la gran masa del pueblo, desde sus territorios, como actores fundamentales.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela plantea y postula esta situación novedosa del poder político. Una democracia representativa que garantiza un poder político delegado, pero no para asumirlo en su exclusiva y aislada función, sino al servicio de una democracia participativa y protagónica que le coloca sus límites y la obliga a supeditarse a ella. “Comuna o nada” expresa esta situación de transición.
El presidente Chávez, en su legado del Plan de la Patria, expresó: “Este es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI”. Este desiderátum es, quizá, el más claro programa de la revolución, pero, asimismo, el más complejo y difícil de aplicar, porque no se puede desarrollar como una función de las instancias administrativas o burocrático partidistas, sino “a lo Robinson”, desde la experimentación creativa, de la planificación, asunción de estrategias, potencialidades y fortalezas, así como gestión, movilización y organización efectiva de los sectores del pueblo en todas sus dimensiones.
Esto coloca al Estado instituido, como un aparato que difícilmente pueda responder al reto, porque surge desde otros intereses, propósitos y concepciones. De la misma manera, esto se confronta con gran parte de las dirigencias institucionales y políticas que no han podido romper su visión, su paradigma, esa de que el Estado tradicional es la única instancia de poder y posibilidad. Bastante complejo y traumático es el rompimiento con los criterios y concepciones del absoluto hegeliano o del Leviatán de Hobbes.
Por qué heroica
Toda revolución es un camino espinoso, porque los antiguos poderes, como lo manifestaba Gramsci, nunca están dispuestos a entregarse y porque lo nuevo es complejo, lleno de contradicciones y de altibajos. Venezuela es el producto de una lucha denodada de miles de hombres y mujeres que entregaron sus vidas en los fragores de las batallas de la independencia, además de múltiples luchas contra los dominios del poder oligárquico. La etapa por la que transita el país no ha sido menos difícil y llena de enemigos. No son casuales los cientos de campesinos asesinados por el sicariato y el paramilitarismo, los muertos de Puente Llaguno, los asesinados por las guarimbas, los dirigentes sociales y sindicales caídos, el golpe de Estado y secuestro del presidente Chávez o el paro patronal del año 2002. Esto sin contar con la criminal acometida de mentiras, engaños y distorsiones de los grandes medios de información de la derecha nacional e internacional, las guerras económicas y las andanadas del imperialismo y su diplomacia de guerra.
Sin embargo, como lo decía el presidente Chávez desde el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar el 9 de diciembre de 2012, en la que sería su despedida: “Por más dificultades que nos toque enfrentar y conspiraciones que puedan volver, estoy seguro de que, como un solo hombre, como una sola mujer, se encontrarían con este pueblo”. En este heroísmo de los venezolanos confiaba Chávez, y en la construcción de su poder.
La Comuna no es un ideario ajeno a la lucha. Ella enfrenta el propósito de la derecha que expresaba en el programa de su candidato en los años 2012 y 2013, que era necesario “rescatar los principios de la democracia electoral (representativa)”, (Art. 38); y la necesidad de subordinar las organizaciones de base: “Los consejos comunales deben estar en relación preferente con los estados y municipios” (Art. 76). Además, agregaba: “Ellos deben ser deslastrados de todo sesgo ideológico-partidista, así como de toda confusión que los configure como instancias híbridas que terminen asumiendo funciones públicas que le son ajenas” (Art. 75).
En los argumentos de la derecha venezolana no hay solamente un sesgo ideológico, sino una razón sobre la que se han basado sus dominaciones. La derecha que representa intereses tradicionales del poder oligárquico sabe bien que se debe mantener el poder político centralizado en función de los intereses del gran capital y de los grandes consorcios multinacionales, protegidos imperialmente. La descentralización la entienden como parte de las funcionales clientelas políticas regionales, así como de las mafias organizadas alrededor de economías de corruptelas, contrataciones, contrabandos, rentismo territorial, explotación y depredación de los recursos naturales y de comunidades rurales e indígenas, entre otras. Esto perdura, evidentemente, y es un legado que hay que romper del pasado neocolonial del país y de las rémoras sociales y culturales que en gran medida siguen prevaleciendo.
La Comuna como expresión de Poder Popular tiene, entre sus objetivos, que superar la disgregación y atomización de la sociedad y de sus dinámicas territoriales, eliminando la postración de los procesos productivos locales, la segregación espacial y las economías de enclave, así como la megacefalia urbana, que ha determinado, no por su tamaño sino por sus procesos de conurbamiento, históricamente, hacinamiento social, ausencia de espacios públicos y de encuentro, segregación, exclusión, discriminación, inequidad, una anomia creciente de la población urbana radicada alrededor de los centros metropolitanos como Caracas, Maracay, Valencia, Maracaibo y Barcelona.
Esta situación exige un esfuerzo y heroísmo de los sectores populares, que solo se alcanza con la construcción y puesta en desarrollo de formas consensuadas y de la democracia directa.
En el año 2007, Chávez expuso que “el territorio y su organización político-territorial tiene un peso sumamente grande a la hora de pretender hacer cambios revolucionarios. Una revolución no puede serlo realmente si no enfoca el problema geográfico y de la distribución del poder político, económico, social, militar sobre su espacio”. Esto lo hacía no para subdividir en múltiples pedazos la nación, sino, al contrario, para integrarla a partir del agregado y confluencias crecientes de las fuerzas inscritas en las dinámicas socioterritoriales. “Una comuna debe ser una célula. Pero ¿Quién ha visto una célula sola? Una célula tiene que estar junto a otra, y otra para formar los tejidos y el cuerpo humano. Entonces tiene que ser un sistema integrado de comunas, no unas comunas aisladas”, agregó, al tiempo que expresó que “los consejos comunales no pueden ser apéndices de las alcaldías, no pueden ser apéndice de las gobernaciones, ni del ministerio de la Comuna, ni del presidente Chávez ni de nadie: son del pueblo, son creación de las masas, de ustedes”. (Chávez. Aló Presidente Teórico, 11 de junio de 2009).
Chávez insistía igualmente en la necesidad de volcar todos estos propósitos en “fortalecer el concepto y la praxis de la ciudad” para convertir a cada uno/a y a todos/as los/as venezolanos/as en ciudadanos/as,con los derechos plenos a “la ciudad”. Esto significa un esfuerzo heroico, pues como lo plantea David Harvey: “Reivindicar el derecho a la ciudad supone de hecho reclamar un derecho a algo que ya no existe (si es que alguna vez existió en realidad). Además, el derecho a la ciudad es un significante vacío. Todo depende de quien lo llene y con qué significado. Los financieros y promotores pueden reclamarlo y tienen todo el derecho a hacerlo; pero también pueden hacerlo los sin techo y sin papeles. Inevitablemente tenemos que afrontar la cuestión de qué derechos deben prevalecer, al tiempo que reconocemos, como decía Marx en El capital, que ‘entre derechos iguales lo que decide es la fuerza’. La definición del derecho es en sí mismo objeto de una lucha que debe acompañar a la lucha por materializarlo” (Ciudades rebeldes).

(El autor es Director de la Línea de Investigación Modelo Socio Productivo de GISXXI)