Colombia/Perdieron; el títere y el titiritero con sus mentiras y ganó la incertidumbre: Hubert Ballesteros

Análisis Post Electoral 

Hubert Balleteros, escribe desde la Prisión.

 

Quién ganó y quién perdió en la segunda vuelta presidencial?

Es la pregunta obligada del momento.

Me atrevo a decir, que perdieron el títere y el titiritero, su falta de respeto para con la memoria de los colombianos a quienes pensaron engañar prometiendo ejecutar un programa de gobierno totalmente contrario al ejecutado por su patrón y jefe político Álvaro Uribe Vélez durante los ocho años de gobierno.

Un gobierno que reprimió cómo ninguno al campesinado, que nunca lo vio como interlocutor válido y lo calificó siempre como aliado de la insurgencia; a quien ellos llaman  » bandidos y terroristas».

Qué recortó las horas extras y el pago triple de los dominicales. Qué convirtió la salud en un negocio lucrativo para las EPS; y que luego de manera desvergonzada en sus promesas de campaña prometía una salud que tuviera cómo objetivo principal al paciente! Qué risa!

¿Cómo pudieron casi siete millones de colombianos creer en semejantes falacias?

¿Cómo puede el más tramposo de los candidatos, el más deshonesto, que utilizó los métodos más sucios, presentarse como un hombre pulcro y de principios?

Para estos dos interrogantes, aventuró dos respuestas.

La única explicación que encuentro, es que la maquinaria de la ultraderecha, enquistada tanto en algunos estamentos del Estado, como de empresarios privados ligados al latifundio narcoparamilitar,  sigue intacta y cumplido sus funciones de intimidar y comprar votos en algunas regiones del país.

También que muchos colombianos, siguen votando sin analizar las propuestas de los candidatos. Lo hacen tan sólo siguiendo orientaciones de jefes políticos o gremiales que están matriculados o tienen sus intereses unidos a las tesis políticas e intereses del uribismo.

Para la segunda pregunta. Me atrevo a decir, que solo un menosprecio por nuestra memoria e inteligencia; unida a una enorme falta de vergüenza y un gran  descaro, le permite a una persona que utilizó herramientas ilegítimas e ilegales cómo las chuuzadas de Andromeda y el hacker Andrés Sepúlveda, presentarse cómo un candidato y una persona honesta, transparente y de principios. Cómo decía mi abuela, que en paz descanse «ese, lo que es, es un caripelao pechugon».

Quién gano?

La paz dirán muchos.

Aunque los resultados reflejan una aceptación en favor de la continuidad de los diálogos y la necesidad de lograr la paz, no debemos olvidar, que estamos ante uno de los mayores timadores políticos.

El Presidente Santos, hoy reelecto, no es  prenda de garantía frente a esa paz que anhelamos la mayoría de los colombianosla paz con justicia social.

Su ultimátum a la insurgencia, su lenguaje sobrador frente a las acciones militares, sus concesiones a la ultraderecha y al militarismo lo hacen a  uno, no ser tan optimista frente a los resultados de los diálogos y al contenido de la paz.

El discurso de la noche de su reelección ciertamente se fundamentó en tres aspectos muy importantes para el futuro del país.

La paz, el respeto y el reconocimiento a la oposición y la justicia social.

Dijo cosas como: «cambiar el miedo por la esperanza, transformar la vida de las personas, trabajar por un país más justo, seguir cumpliéndole a los pobres«.

¿A qué se refiere con esto de “cambiar el miedo por la esperanza”? Miedo a las acciones de guerra, que supuestamente cesarán con la firma de un acuerdo de paz, miedo a la inseguridad en las ciudades, miedo a los falsos positivos, miedo al paseo de la muerte en los hospitales, miedo a no tener empleo o a perderlo, miedo a la falta de oportunidades de estudio y vivienda?

Como podemos ver, nuestra sociedad, esta de verdad afectada por el miedo. Por muchos miedos.

Y cuál es la esperanza de que nos habla el presidente Santos?

La de las viejas locomotoras del » desarrollo« o serán nuevas locomotoras pero con el mismo rumbo, con el mismo objetivo; beneficiar a las transnacionales mineras, a los agroempresarios, al sistema financiero, a los corruptos y a la inversión extranjera?

Y uno también se pregunta. ¿Y cuándo le ha cumplido a los pobres para que ahora diga que les seguirá cumpliendo? ¿Acaso no somos el tercer país más desigual del planeta?

Planteó también en su discurso, que en esta elección estaba en juego el rumbo del país y dirigiéndose a la insurgencia de las FARC y el ELN les dijo que este es el momento de acabar con el conflicto, de reconstruir las regiones azotadas por la guerra, trabajar por la justicia social y que la paz se debe ver como un valor supremo de la nación.

Que está dispuesto a reformar y corregir todo lo que sea necesario y que hay que encarar con decisión la firma para el fin del conflicto.

De igual manera, expresó, que no será fácil concluir las negociaciones y que la paz no es sólo el fin de la guerra, que es una gran oportunidad para los colombianos.

Habló de profundizar la política social y que gobernará para disminuir las brechas entre la ciudad y el campo y entre ricos y pobres.

¿Podría uno creer que en verdad Juan Manuel Santos cambiará el rumbo del país?

Difícil de creer, que un representante de la oligarquía nacional, de las transnacionales y los intereses gringos en Colombia y el continente cambie el rumbo del país con respecto a lo que han sido los gobiernos de los últimos diez y seis (16) años.

Las dificultades para terminar con éxito las negociaciones de paz, están más del lado del gobierno y el establecimiento; quienes  no quieren reconocer las raíces económicas y políticas del mismo y que se niega a implementar las reformas necesarias para superar las causas que lo originaron.

De allí, las dudas que le surjan a uno sobre las afirmaciones del presidente; de estar dispuesto a corregir y reformar lo que sea necesario.

Un análisis serio del proceso de paz nos debe llevar a concluir, que el fin del conflicto necesita una verdadera voluntad y decisión del establecimiento.

Sin lugar a dudas, la paz es una oportunidad. Pero, el para quién sea esa oportunidad depende mucho del contenido final del acuerdo y la voluntad para implementarlo.

Es cierto que puede servir para reducir la brecha campo ciudad y disminuir la pobreza. Pero por lo que deja entrever el Gobierno, podría servir para profundizar el modelo de despojo y de privilegios al capital transnacional y al sistema financiero, en detrimento de los derechos económicos sociales, ambientales y culturales de los nacionales y por supuesto de una mayor pérdida de la soberanía nacional.

Así;  que como se puede ver, la incertidumbre es grande.

Los análisis inmediatistas, no toman en cuenta el significado de la abstención que es mayor al 52% que sumada al casi 5% del voto en blanco nos da un rechazó del 58% al sistema y a los candidatos.

Los votos obtenidos por los dos candidatos. Santos 7’816.986  y Zuluaga 6’905.001 Son una minoría del total de ciudadanos aptos para votar.

Los 7’816.896 obtenidos por el presidente reelecto constituyen menos del 25% del censo electoral total, lo que le da no sólo al presidente reelecto si no al sistema electoral colombiano una ilegitimidad total.

Está ilegitimidad es consecuencia  de la abstención;  que  órbita  en nuestro sistema político desde hace más de cincuenta años.

El Frente Nacional, sistema político bipartidista con el cual los dos partidos de la burguesía zanjaron sus diferencias, dejando al pueblo por fuera de toda participación; abrió el camino para la apatía de los electores y configuró un régimen ilegítimo que aún se mantiene.

Hacia dónde trabajar entonces?

El país efectivamente otorgó un mandato para la paz al presidente Santos. Es nuestro deber y nuestra tarea principal hacer que  cumpla con ese mandato. Debemos hacer de este momento, el momento para unir todos los esfuerzos hacia la paz con justicia social, llamar a esos millones de colombianos y colombianas que se abstuvieron,  cerca de 18 millones, a los que con su voto refrendaron el mandato de Santos y aun aquellos que por diversas razones apoyaron al candidato Zuluaga, para que todos y todas en este país marchemos hacia la reconciliación, caminemos hacia la superación del conflicto social armado y construyamos la paz con justicia social.

Paralelamente, debemos trabajar en convertir este clamor nacional por la paz en un gran movimiento de todos los ciudadanos para que se convoque una Asamblea Nacional Constituyente.

Solo así, podremos decir. «Ganó la paz». Por ahora, está sigue siendo un anhelo,  y en manos de Santos una incertidumbre.

Bogotá D.C. Cárcel la Picota

 / REMA – ACPP