Socialismo rosado

Beatriz Aiffil 

Empezó a vestirse de apamates mi Caracas. Los diablos danzan en las plazas y en los parques pero pronto las risas de los niños disipan las aterradoras vibraciones que dejan sus furtivos cuerpos espectrales.

Los apátridas descosen la bandera, la voltean, la pintan de otro color pero dime cómo es que van a hacer para evitar que esas florecitas que aparecen por miles de millones, que caen por miles de millones y se propagan por miles de millones de semillitas que tienen alas, ¿las han visto ustedes? De que vuelan, vuelan.

Ellos dicen que para solucionar los problemas hay que salir del régimen socialista, no del presidente, sino del sistema que la mayoría pretende instaurar. Y les suena mal todo aquello que empiece por socio o por común. Les suena mal eso de redes o de amarres o de cayapas. Simplemente porque sí, hay que salir del socialismo. Y los desalmados pisotean las calles asfaltadas pero las flores de apamate insisten en cubrir con su manto rosado la discordia y el odio.

Y dicen que las elecciones son falsas porque ellos son menos, que las comunas son malas porque conducen al comunismo, a la solidaridad, a la igualdad. Declaran la guerra al socialismo y contra todo aquello que se le parezca. Magnifican la mención de los problemas, los convierten en cantinelas para potenciarlos. Llaman a la desobediencia civil. Participan y contribuyen con la ocurrencia de situaciones de inseguridad, injusticia, conflictividad, violencia, desorden, ruina, escasez, inflación y carestía de vida. Grave que además de eso se planteen salidas autonomistas tratando de controlar algunas zonas declarándolas libres de chavismo. Todo absolutamente todo lo que venga del gobierno es ilegal e ilegítimo para ellos. Y hay algo peor, se les desata el racismo que tenían más o menos represado y lo exacerban con toda la intención. Se incita y hace apología del racismo sin llamarlo por su nombre porque, claro, en teoría aquí no hay racismo. Nadie los calma porque los dólares siguen fluyendo y no dejarán de fluir.

Caracas se viste de apamates. Aunque entes infernales tratan de quitarnos la paz, las calles se alfombran de rosadas y humildes flores, delicadas como telitas arrugadas por pinceles húmedos de acuarela. Y ellos se aterrorizan porque estamos en tiempos de rosados apamates. Tienen miedo porque saben que es posible un tiempo de bucares floreados de gallitos rojos.

¡Comuna o nada!