Qué se debate en el chavismo después de Chávez

Modesto Emilio Guerrero
Modesto Emilio Guerrero

Los dilemas en la vanguardia bolivariana sobre su futuro como movimientos y gobierno, no comenzaron con la muerte del comandante Hugo Chávez. Desde finales del año 2011 comenzó a reflexionar y reorganizarse en términos políticos e ideológicos. Se intensificó y adoptó formas más definidas en la exacta medida que al líder se le extinguía la vida.

Una señal cualitativa de esa vanguardia es la sensación de que en ella latía, late, esa franja de centenas de miles de militantes latinoamericanos, estadounidenses, árabes y europeos, que conforman lo que se ha dado en llamar como “nueva izquierda”.
Tres condiciones determinan este debate. Una, es la compleja y traumática transición gubernamental entre el sistema político estructurado alrededor del Comandante-Presidente, y el nuevo, con Maduro al frente, definido por lo opuesto: la colegiación de factores de poder bajo una gobernabilidad nueva, como se definió en el libro Chavismo sin Chávez. La lucha del poder en la transición (Buenos Aires, abril 2013). Una segunda condición es la nueva agresividad de la derecha interna y el Departamento de Estado para desplazar al chavismo. La tercera, atornillada en la conciencia del pueblo y la vanguardia, es la convicción de que la burguesía no debe ingresar al gobierno, tal como lo dijo Chávez y confirmó el propio Maduro: “Ninguno de los que hemos ratificado o designado pertenece a ningún grupo económico de la burguesía, son hombres y mujeres de la calle, de su familia, hombres y mujeres de a pie”.
Un primer salto en su desarrollo fue en diciembre de 2012, cuando la fatalidad se convirtió en inexorable, y meses más tarde, en abril reciente, cuando la compleja realidad electoral latigueó al pueblo chavista y a su gobierno.
Las manifestaciones fueron múltiples en esos casi 18 meses entre las bases y las organizaciones. Esa variedad en reacciones indicaba los distintos niveles de comprensión política del sorprendente cambio anunciado por el tratamiento sucesivo de la enfermedad, en La Habana, y su despedida final aquel 8 de diciembre cuando la sombra de la muerte despejó las dudas que aún quedaban en el movimiento.
El más interesante resultado de ese recorrido de casi año y medio de reacomodamiento, apareció el 1º de abril de 2013, en plena campaña electoral para la presidencia de Nicolás Maduro. Casi un centenar de los más reconocidos intelectuales chavistas, varios jefes militares retirados, académicos prestigiosos, cuadros sindicales y jóvenes militantes, y algunos funcionarios de gobierno, se reunieron en el Parque Central de la capital y fundaron La Plataforma Patria Socialista, para apoyar a Nicolás Maduro.
Una mirada superficial al acontecimiento, que el evento y la agrupación sólo servía de apoyo electoral al candidato-heredero, sin advertir la profundidad de la señal manifestada. La Plataforma es la principal señal de maduración política en el proceso revolucionario que vive Venezuela.
“Nos juntamos para defender las conquistas logradas a lo largo de estos años de intensa e infatigable lucha, nos unimos para complementar capacidades y recursos en función de contribuir al triunfo democrático de Nicolás Maduro en las elecciones del 14 de Abril”, afirmó el economista Víctor Álvarez, ex Ministro y uno de los organizadores.
Entre el 5 y el 10 de ese mes realizaron foros y actos en la Capital y siete Estados del interior y publicaron en la página web Aporrea una planilla de registro, todos con los dos objetivos: militar a favor del triunfo del candidato del chavismo y sostener como base programática dos documentos de alta densidad ideológica: el Programa Nacional de Desarrollo/Transición al Socialismo, con el que Hugo Chávez ganó las elecciones de octubre, y el documento público conocido bajo el nombre de Golpe de Timón, que fue el angustioso último texto de su Consejo de Ministros. En ambos está contenida la identidad del movimiento, base de su relación con el gobierno de Maduro y de lo que comprenden como el piso desde el cual el proceso y el gobierno deben profundizarse para hacerse más anticapitalistas, más antiburocráticos y más antiimperialistas.
A este punto de inteligente comprensión teórica-política y búsqueda organizacional de lo que pasa en Venezuela, no se llegó por casualidad. Sobre la experiencia acumulada desde el Caracazo, pasando por la rebelión militar de 1992 y los 14 años de gobierno, se ha desarrollado un complejo y novedoso poder popular. Aunque no se ha elevado en términos institucionales, se basa en una potencia social expresada en luchas laborales diversas en el campo, la ciudad, en los barrios por servicios, y en la participación militantes en varias Misiones y programas de gobierno. Las designaciones de los militantes revolucionarios Reinaldo Iturriza y Eduardo Samán como miembros del gobierno, reflejan la potencia social de ese poder popular. Igual que la fórmula “Gobierno de calle” y el combate a la corrupción y la delincuencia, con los que ha comenzado el gobierno.
Desde diciembre de 2012 aparecieron en Aporrea y otro medios bolivarianos, más de 500 artículos de opinión y crítica sobre la transición y el crudo retroceso electoral del chavismo.
Hay dos signos subjetivos de alto valor político poco registrados. Cuando la gente chavista de base grita en las calles “Ahora todos somos Chávez”, hace, sin saberlo, una traslación gramsciana del poder individualizado del líder carismático al pueblo-masa asumiéndose protagonista de su propio proceso.
Este pletórico debate en la vanguardia venezolana, no tiene uniformidad ideológica ni una forma única de manifestarse en organismo. Lo sorprendente es que haya aparecido sin quiebre del chavismo. Tiene dos banderas: la masiva conciencia antiburocrática y anticorrupción, una conquista ideológica del movimiento.