México: Asesinatos convierten a periodistas en rehenes del miedo

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TIM JOHNSON 

SALTILLO, — Quitze Fernández, columnista del periódico El Guardián en la capital del estado de Coahuila que colinda con Texas, respondió un día el teléfono en su redacción. “O vienes o te vamos a buscar”, escuchó.

En cuestión de minutos, estaba en un SUV rodeado de gángsteres armados hasta los dientes. Uno le puso un cuchillo en la garganta. Otro le empujó el cañón de un arma de fuego en las costillas. Ellos dijeron que no les había gustado un titular del periódico.

Le tiraron un ejemplar a la cara. Él miró y vio que no era El Guardián. Reaccionó rápido y convenció a los sicarios que se habían equivocado de periódico. Ellos lo dejaron ir, profundamente perturbado, pero vivo.

México es sin duda el lugar más peligroso del hemisferio occidental para trabajar como reportero. Docenas de periodistas han sido asesinados o han desaparecido. Casi todos los meses un periódico o una estación de radio o televisión son atacados con bombas incendiarias, explosivos o ametralladoras, víctimas de las pandillas criminales en ascenso del país que usan la violencia para desanimar reportajes que no les gustan.

Y la violencia funciona. En gran parte de México, los medios locales de prensa no reportan sobre el crimen organizado o la corrupción. Los analistas llaman estas áreas “zonas de silencio”, donde no se dirige la luz hacia las oscuras actividades que se llevan a cabo.

El éxito de la intimidación alarma a los defensores de la libertad de expresión y la democracia. Sin nuevos reportes sobre los problemas de la droga y la criminalidad en México, a los ciudadanos se les hace difícil mantenerse informados sobre situaciones cercanas que podrían amenazar sus vidas. Ellos tampoco pueden participar efectivamente en el intercambio normal de la discusión pública que alimenta una democracia. La mordaza ha sido tan efectiva que muchos mexicanos ni siquiera se dan cuenta de que existe un vacío casi absoluto de noticias sobre la criminalidad en vastas áreas del país.

“Si los periodistas no actúan como visores para decir quién está ganando los contratos, quién se va a hacer jefe de la policía, si no existe una rendición de cuentas, ellos pueden hacer lo que les dé la gana”, dijo Andrés Solís Alvarez, ex reportero de crímenes y autor de un manual de autoprotección para periodistas mexicanos.

La cifra exacta de periodistas asesinatos es tema de disputa. La Comisión Nacional de Derechos Humanos afirma que desde el 2000 hasta el 30 de abril de este año, 84 periodistas fueron asesinados. Pero algunos de ellos habían abandonado el periodismo, o fueron asesinados por razones no relacionadas con su profesión. Desde el 2005, afirman, otros 19 periodistas han desaparecido y se supone que fueron asesinados. Otros grupos de vigilancia tienen cuentas más bajas.

Lo que está más allá de todo debate es que criminales con armas de fuego, granadas y convoyes armados han silenciado a los periodistas, enmudecido los medios de prensa y suprimido los reportes noticiosos en numerosas regiones “calientes” de México.

Varios periódicos simplemente han capitulado y han anunciado a sus lectores que no cubrirán las matanzas y decapitaciones perpetradas por los carteles de drogas.

“La decisión de suspender toda información relacionada con el crimen organizado se basa en nuestra responsabilidad por garantizar la seguridad de más de 1,000 trabajadores”, dijo el periódico Zócalo de Saltillo en un editorial el 11 de marzo.

La presión que se ejerce sobre los periodistas difiere de una región a otra, cambiando de enfoque e intensidad. Expertos afirman que las áreas más gravemente afectadas incluyen el estado de Tamaulipas, partes de Durango, Coahuila, Zacatecas y la costa de Veracruz, y la zona conocida como Tierra Caliente, que abarca regiones cerca de la costa del Pacífico de Jalisco, Morelos, Michoacán, Colima, Guerrero y el estado de México.

Las reglas para los periodistas no están escritas, y son de una complejidad vertiginosa.

“En Sinaloa, se puede reportar lo que pasa allí siempre y cuando se trate de uno de los carteles y no del otro. En Juárez se puede reportar cualquier cosa, pero no se puede decir por qué ocurrió. En Tamaulipas, no se puede reportar nada”, dijo Ricardo Raphael, politólogo que es además columnista de periódicos y presentador televisivo.

Sicarios matan o “hacen desaparecer” a los periodistas que desafían a los carteles, a veces sin dejar explicación alguna de sus acciones.

Jaime González, jefe de un website de noticias comunitarias en la ciudad fronteriza de Ojinaga, frente a Presidio, Texas, estaba comiendo en un puesto de tacos el 3 de marzo cuando hombres armados pasaron en un carro, le dispararon 18 veces y luego le robaron la cámara. Dos meses después, no se ha hecho arresto alguno sobre su asesinato.

Daniel Alejandro Martínez, un fotógrafo de 22 años, había trabajado sólo un mes en el periódico Vanguardia en Saltillo. El 23 de abril, él fue enviado a cubrir un evento social, pero no se presentó. Su cadáver apareció al día siguiente. Tampoco se ha capturado a sus asesinos.

En los casos en que los pandilleros no matan a los periodistas, ellos los llevan a dar una vuelta en un paseo aterrador.

El 26 de enero, asaltantes interceptaron al director de El Mundo, un periódico de Córdoba en el estado de Veracruz, lo empujaron al interior de un SUV, lo ataron y lo acosaron durante cinco horas, amenazando a su familia. Cuando lo dejaron ir, él quedó incapacitado por tres semanas, hecho un manojo de nervios.

La mayoría de estos secuestros se mantienen en secreto. Fernández, el columnista de El Guardián que fue sacado de su redacción, dijo que su secuestro tuvo lugar en el 2011, pero él sólo pudo reunir el coraje para hablar de eso este año.

Ninguno de los 31 estados de México sufre el vacío noticioso que padece Tamaulipas, en la frontera con Texas. El crimen organizado domina la política y los medios de prensa del estado.

Un editor de un periódico de allí dijo que pandilleros del Cartel del Golfo, uno de los muchos grandes sindicatos del crimen en México, cuenta con confederados en casi todas las salas de redacción.

El editor, hablando con la condición de conservar el anonimato por miedo a perder la vida, dijo que una vez un periodista estadounidense le preguntó por qué él evitaba escribir sobre el poder de los pandilleros.

“El me dijo: ‘¿Por qué no cubres el narcotráfico?’ Yo le dije: ‘Mire, amigo, ¿usted se cree que yo no quiero escribir sobre dónde compran sus joyas las mujeres de los narcos? Ellos saben dónde uno vive, cómo se mueve. Si quieren matarte, lo hacen en segundos’”, dijo el editor./MCCLATCHY FOREIGN SERVICE MÉXICO

 Fuente:

http://www.elnuevoherald.com/2013/05/25/v-fullstory/1484596/amenazas-a-los-periodistas-hacen.html#storylink=cpy