Venezuela entre el triunfo chavista y el desacato opositor

Modesto Emilio Guerrero

Modesto Emilio GuerreroLas elecciones del domingo están signadas por una alta polarización política e ideológica en un país que vive revolucionado desde 2002.

Para Capriles Radonski, de la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) donde se agrupan 23 fracciones de la oposición venezolana, es casi la última oportunidad de volver a Miraflores por medios democráticos.

Para la candidatura del gobierno, representada por Nicolás Maduro, el elegido por Hugo Chávez para sucederlo el pasado 8 de diciembre, es la puerta de entrada a dos grandes desafíos.

El primero, completar la transición abierta hace casi dos años en paz social, y construir un nuevo sistema política institucional que reemplace al que se construyó desde 1999 alrededor del líder bolivariano y expiró con él el 5 de marzo a las 4,20 de la tarde.

El segundo desafío es completar el proceso revolucionario bolivariano iniciado y conducido por Hugo Chávez, para blindarlo y convertirlo en irreductible.

De estas dos posiciones y opciones, emergen todas las tensiones sociales y políticas que cruza esta batalla electoral.

El 14 de abril veremos en Venezuela una suerte de “guerra civil” de votos, entre dos sectores sociales enfrentados por su pertenencia y condición de clase social, sus relaciones con Estados Unidos y el Reino de España y por el sistema político e ideológico que representan.

desde el año 2006, esta magnitud de enfrentamiento electoral se fue convirtiendo en una confrontación de alcance internacional, comprometiendo a organismos, poderes y medios periodísticos, como si se tratara de una prueba de fuerzas de muchos países.

No hay misterio en esa realidad.

En Venezuela se vive el proceso político màs radical del continente, con el mayor desplazamiento de la clase de los capitalistas del poder institucional, de lo que hay reflejos solo en la Bolivia irredenta de Evo Morales y en el Ecuador rebelde de Rafael Correa.

Una situación como esa tiene costos para ambos lados.

De las siete encuestas publicadas, solo una le da ventaja al candidato opositor, con diferencias en puntos que van de los 8 a los 14 a favor de Nicolás Maduro. El estimado más probable es que el candidato chavista gane con un porcentaje aproximadamente similar al de su mentor en octubre pasado, pero el anti chavista pierda debido a la alta abstención de su propio padrón electoral.

Si Capriles pierde por segunda vez en apenas seis meses, quedará sepultado como candidato bajo dos tipos de escombros. Uno serà de votos, el otro será el rechazo de la mayoría de sus propios seguidores y seguidoras, que dejaràn de verlo como candidato factible para ganar algo alguna vez. Dos veces seguidas en tan poco tiempo es demasiado para una oposición angustiada por el avance y consolidaciòn del chavismo.

De esta hipótesis, surgen los escenarios anunciados de violencia política.

La MUD, derrotada por poco o por mucho, acudirá al recurso extremo de denunciar los resultados adversos como fraude, para crear una fractura institucional y convocar a los poderes fàcticos internacionales a intervernir en Venezuela.

Un adelanto de ese propósito ya existe dentro y fuera de Venezuela. Esta semana un grupo anti chavista, fuera del control de la candidatura de Capriles, agredió con alta violencia a otro grupo de estudiantes, también opositores, en el este de Caracas. Y este miércoles 10 de abril, una decena de ex presidentes latinoamericanos enemigos del chavismo, se agruparon para denunciar al Consejo Nacional Electoral y adelantar que habrá fraude.

Parte de ese propósito conspirativo son el apresamiento del mercenario salvadoreño, Julio Alberto Cornejo Quintanilla, vinculados con los terroristas Luis Posada Carriles y Francisco Chávez Abarca, ingresado al país para realizar actos de violencia calculada. Al mismo tiempo se publicó una desgravación telefónica que devela al chofer personal de Capriles Radonski anunciando que desconocerán los resultados. (Aporrea, 9 de abril).

En ese mar de tensiones, la sociedad venezolana se encamina a buscar una solución institucional a la transición política màs compleja de su reciente historia, en buena medida surgida de la desaparición de su líder más concentrado.

El 14 de abril no será una prueba rutinaria.