Perú/Clamor de justicia a 30 años de masacre de periodistas

periodistas_muertosEl clamor de justicia para los ocho reporteros asesinados en la masacre de Uchuraccay resuena hoy con fuerza, al cumplirse 30 años del horrendo crimen, ejecutado en el marco de una guerra contrainsurgente. La demanda se hizo sentir en los actos de homenaje, que incluyeron una romería a las tumbas de los mártires del perodismo peruano Willy Retto, Jorge Luís Mendívil, Pedro Sánchez, Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Octavio Infante, Amador García y Félix Gavilán.Los ocho fueron asesinados por pobladores de Uchuraccay que los confundieron con elementos subversivos del grupo Sendero Luminoso, según versión oficial. También fueron linchados el guía, Juan Argumedo, y el campesino Severino Huáscar, que abogaba por su amigo Argumedo.

En un homenaje rendido por el municipio de Lima, el veterano periodista César Lévano, director del diario La Primera, exigió castigo para los responsables y puso en duda la versión oficial.

El analista Raúl Wiener señaló que la masacre de Uchuraccay marca el inicio de una etapa de difíciles relaciones entre los periodistas y los militares y tuvo una secuela de muertes poco explicadas de campesinos de esa aldea y de periodistas.

Para el comentarista, “por eso la teoría de la confusión siempre tuvo serios límites y se convirtió casi en encubridora dentro del Informe de la Comisión” que el gobierno de entonces, de Fernando Belaunde Terry, nombró para investigar lo sucedido, encabezada por el escritor Mario Vargas Llosa.

La ferocidad del crimen y el hecho que Argumedo y Huáscar fueran ultimados posteriormente, da pie a preguntar “si esta acción brutal era propia de una confusión, de un estado alterado o de una decisión precisa”, dice Wiener.

Pregunta también si los militares, que controlaban minuciosamente los movimientos de los reporteros basados en la ciudad de Huamanga, capital de la región Ayacucho, sabían que los periodistas iban camino a la muerte cuando decidieron ir a pie a verificar una matanza de senderistas por civiles.

Los reporteros fueron interceptados en Uchuraccay, cuando se dirigían a la comunidad de Huaychao, para verificar el informe oficial de que un grupo de senderistas habían sido linchados por campesinos lugareños.

Los militares ¿estaban cerca de los hechos de violencia como para influir en ellos?, ¿administraron el proceso para hacer saber la noticia?, inquiere.

“Lo cierto es que la sangre de Uchuraccay acabó con las pretensiones de una prensa actuando con libertad y revelando la verdad de lo que estaba pasando”, agrega Wiener.

Tras la matanza, los periodistas se abstuvieron de desplazarse por las aldeas andinas sin los uniformados y en esos territorios se registraron matanzas, muchas de las cuales están aún pendientes de juzgamiento.

El exsenador y periodista Gustavo Espinoza añade que Uchuraccay fue el inicio de la llamada guerra sucia que dejara en el país una trágica estela de muerte y destrucción.

Agrega que la comisión investigadora admitió que las autoridades militares habían azuzado la matanza, al menos con instrucciones generales a los comuneros de Uchuraccay.

“Los habían adiestrado para que sólo recibieran a quienes venían por aire (los uniformados. Si vienen por tierra, son terroristas, les habían dicho induciéndolos de hecho a matarlos”, asevera.

Tal política, según Espinoza, había sido instruida por la Escuela de las Américas, centro de instrucción represiva de Estados Unidos, y era aplicada también por las dictaduras latinoamericanas de décadas anteriores, como las de Chile, Brasil y Argentina./PL

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