El inevitable golpe

 Eleazar Díaz Rangel

Se cumplieron 64 años del golpe de estado que derrocó al presidente Rómulo Gallegos, quien fue electo en diciembre y asumió en febrero de 1948. Apenas gobernó nueve meses junto a su partido AD. Casi todas las Fuerzas Armadas se sumaron al movimiento que comandaba el teniente coronel Marcos Pérez Jiménez; no encontraron resistencia alguna, pese a los anuncios de huelga general que habían hecho los adecos.Hasta la medianoche del 24 estuvieron negociando el comandante Llovera Páez y Alberto Carnevalli, secretario general de AD, en busca de una solución. Los militares comenzaron pidiendo la salida del país de Rómulo Betancourt y un gabinete sólo de independientes. Días después, reconoció Llovera que si Carnevali hubiese aceptado todas las exigencias, de todas maneras derrocaban a Gallegos.

Cuando vino de EEUU, donde se curaba de una tuberculosis el Tcnel Mario Vargas a tratar de mediar, el Dr Gonzalo Barrios se entrevistó con Pérez Jiménez, en la Planicie, donde estaba el Ministerio de la Defensa. De nada sirvió, las cartas estaban echadas.-No le faltó coraje para venir a verme… Vargas visitó unos cuarteles, todo enfermo como estaba, nadie lo apoyó -me contó años después Pérez Jiménez en Madrid.Los rumores de golpe dominaban Caracas durante esos días, e incluso hubo un adelanto del capitán Tomás “Mono” Mendoza, quien se precipitó en La Guaira, efecto de la presión de los militares golpistas, que presentaron un pliego a Gallegos que él no aceptó. No podía delegar sus funciones de Presidente, le dijo a un grupo que encabezaba el Tcnel Carlos Delgado Chalbaud, su ministro de Defensa, en quien tenía absoluta confianza. Hasta ese día, se supone.

¿Era inevitable la caída de Gallegos?
Todo parecía indicar que sí, dada la unidad de las FAN y la debilidad de AD. Hasta que Oscar Zamora Conde, quien fue edecán de Gallegos, dijo lo contrario en “El edecán de Betancourt”.

El 18 de noviembre le presentaron el pliego de peticiones. “Moreán Soto, Anzola y yo, junto al ministro del Interior, le propusimos a Gallegos que cuando los militares fueran a su despacho nuevamente a hacer sus exigencias que nos dejara actuar a nosotros, pero él no aceptó”. En otra ocasión, Zamora Conde, sentado a su lado en el carro presidencial, le dijo: “Perdóneme que insista, pero mi responsabilidad es muy grande, creo que estos militares no van a quedarse tranquilos hasta sacarlo, Presidente, haga los cambios”, y Gallegos nuevamente se negó a aceptar el consejo, no desconfiaba para nada de Delgado Chalbaud…”

Párrafos mas adelante: “Propuse de nuevo que cuando los representantes militares fueran a entregar cualquier documento, los detuviéramos de inmediato… en el despacho presidencial, una vez adentro, nosotros los apresaríamos”. Después habló con Carnevali, con la CTV, “para que buscáramos obreros y nos alzáramos nosotros en contragolpe” ¿No era una evidencia de debilidad en el campo militar? “No pude actuar… obedecí al Presidente de la República,… quizás debí ponerlos presos sin explicar nada… Allí fallé yo… si actúo solo, no hubieran dado el golpe”.

Parece una sobrestimación de su fuerza e influencia, y desconocimiento de la de los golpistas; si hubiesen detenido a varios de sus jefes, ¿qué habría ocurrido? Habrían intervenido las fuerzas militares comprometidas y liberado a sus presos, se suponía que tenían el poder y la unidad que después demostraron. En todo caso, en la peor de las situaciones habría ocurrido un enfrentamiento militar, aunque esa propuesta de alzarse con los obreros de la CTV evidenciaba la debilidad del sector institucional en el seno de las fuerzas armadas; apenas contaban con los jefes marinos Ricardo Sosa Ríos y Jesús Carbonel. El derrocamiento de Gallegos se hacía inevitable.

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