Venezuela Hoy Jueves/La Rebelión Popular mañana en la Cinemateca Nacional

Trabajo documental dirigido por Liliane Blaser y realizado en Cotrain. Participaron en él Lucia Lamanna, Yelsy Duarte, Ambar García. Lídice Ortega, Marco Hernández, Valentina Álvarez, Oriana Bastardo, Sergio Palma y Daniela Millán.

LOS AÑOS DUROS DEL ALUMBRAMIENTO:

DE FEBRERO A FEBRERO

Hubo durante tantos años, tantos silencios bajo las balas, tantas mañanas sin pan y sin consciencia del por qué, tantas palabras gastadas para no convencer, tantos discursos, panfletos, películas, tantos muertos, tantos caídos, tantas marchas, huelgas, tantas paredes manchadas sin futuro, y bastó un minuto de palabras concretas, para que la esperanza tomara las calles de nuevo y creciente, se volvieran a decir las mismas palabras pero con miles de oyentes y hablantes, para que se llenaran de nuevo las paredes de letras y frases viejas y nuevas.

Quizás por eso  se habla siempre del  4 y no del 3. El 3 fue la acción de las armas y el 4 el contacto con el alma colectiva. Todo comienza  el 4, aunque todo comienza en realidad el 27 de febrero, con la traición mortal de las falsas promesas, la indignación que corre las calles y el asesinato en masa, posterior, hay que subrayarlo mil veces. Pero todo comienza mucho antes, porque la lucha ha sido larga, y lo seguirá siendo.

Y siempre hubo muertxs o es mejor decir asesinadxs. -La historia pocas veces habla sin sangre- Y ojalá pudiese decirse eso en pasado, algún día. El 27 de febrero, año 89, los muertos los puso el pueblo, entre cientos y miles, no dejaron saber. 4 de febrero y el 27 de noviembre, año 92, hubo víctimas de lado y lado, muertos, aunque muchos menos  de los que dicen aquellos que hoy acusan y mienten.

Y hubo desde ambas fechas, impenitencia, ceguera, miopía, engaño y autoengaño del lado del poder, y una lucidez y convicción avasallante en los Pueblo.

Las calles vieron señoras que gritaban indeteniblemente por sobre la peinilla, niños cargando banderas, hombres colgando flores en las plazas, jóvenes cargados de libros exigiendo futuro.  Se vieron llenas de gente, de himnos, de gas y de vinagre durante meses, interminablemente y vivieron noches completas en vela y en vigilia.

Hubo en las calles, barrios, pupitres, iglesias, un aprendizaje eufórico, de una victoria no imaginable pero imaginada después de siglos de derrotas castigadas,  porque a la llegada de los blancos la siguió el exterminio, a la independencia, la traición y la mentira, a los levantamientos, la confiscación de las pequeñas victorias, a la muerte de las dictaduras, las restauraciones.

Mientras el mundo avanzaba hacia la libertad del Capital y la ley de la selva, las calles ganaban metro a metro la batalla contra la inevitabilidad de la esclavitud del siglo 21 y el No, iba perfilando sus razones.

Mirándose desde hoy, se constata la deuda de quienes hoy habitamos esta esperanza, a todxs quienes de alguna manera  la posibilitaron. Deuda mayor a los asesinados, pero deuda también a la lucha cotidiana y persistente.

Exterior noche, 1993. Calle oscura, olor tenue  a bombas lacrimógenas. Mujer: “esto va a ser lo que lo hagamos que sea”.

Sigue siendo un reto.

Hay, hoy, vientos vacíos y palabras plenas. Hay egoísmos remanentes y sacrificios nobles. Hay proceso con horizonte, aún no ha bajado el cielo a la tierra, pero lo vislumbramos. A pesar de quienes se atraviesan por el medio. Allá y acá.

Algunxs que estuvieron en esas calles, ya no están. Porque se fueron, porque murieron, porque claudicaron. O porque cambiaron de acera. Gracias a ellxs todxs,  por los días, meses o años de acompañamiento.

Lo que está en estas pantallas son imágenes históricas. Algunas de dolor. Otras de euforia. La historia no es deseo ni futuro a construir. Pero puede sostener deseos y ser base de prospectivas. Porque no existe prospectiva sin perspectiva, ni perspectiva sin memoria.

Veremos en estas imágenes, aunque parcialmente, de lo que fueron capaces ciudadanos hinchados por la indignación y la esperanza.

Mirarlas no será impune.

Podremos, deberemos preguntarnos por nuestra responsabilidad actual frente a la lucha, la indignación y la esperanza.

Siguen siendo un reto.

Instituto COTRAIN
RM