Héctor Mujica y el “capitalismo popular”

Amaury González Vilera

Del recientemente desempolvado “Capitalismo popular”, hemos dicho que es un descarado oxímoron; que es expresión de lo que Britto García llamó Neolingua en uno de sus artículos más actuales: todo un “genocidio humanitario”; un artificio volteador del lenguaje que va más allá del eufemismo y lo políticamente correcto; una vieja mentira enarbolada por Margaret Thatcher en momentos en que esta señora decía que “No existe la sociedad”, porque además  “No hay alternativa”. Era la época de la imposición del neoliberalismo. También afirmamos que era una inviabilidad racional y un irrespeto a la inteligencia de los venezolanos; una secuela de la más burda demagogia cuartarrepublicana pues. Tal propuesta produjo indignación y hasta hilaridad.

Pero resulta que el “capitalismo popular” es también una vieja fórmula psicológica, tal como lo recuerda Héctor Mujica en su libro, cuya primera edición data de 1967, El imperio de la noticia, recientemente reeditado por la Agencia Venezolana de Noticias.

El capitulo séptimo de esta insoslayable y vigente obra, se llama “La información económica y financiera”. En términos generales, en esta parte del trabajo se destaca la creciente importancia que para la época vienen tomando los reportajes y trabajos especiales relacionados con las vicisitudes del desempeño económico de los diversos países del orbe. Si bien Mujica abre fuegos afirmando que este tipo de información se ha convertido en una “moda”, hecho relacionado por demás con la incipiente ofensiva de la llamada globalización neoliberal, más adelante establece cuatro tipos de público al que van dirigidos los datos financieros:

1) Medios de negocios

2) A los cuadros de la actividad económica

3) Información del personal

4) Información al consumidor

De estos públicos nos interesa destacar, como bien lo sabe el lector, la información económica dirigida a los consumidores, a la gente, a los pueblos. Dice Mujica que en ese proceso llamado desarrollo económico no operan únicamente los factores “propiamente técnicos” y las decisiones de Estado, de los dirigentes. Intervienen también elementos “secundarios” que parecen cobrar cada vez la mayor importancia. Quiere decir Mujica que hay que atender no sólo a los factores objetivos del proceso económico, sino también y más aún a los factores subjetivos. Los factores psico-sociales, las costumbres, los valores y creencias, la “sociología del gusto” (Giss XXI).

Como ejemplo, cuenta Mujica que en 1965, el diario Pravda publicó una crítica hecha por una de sus lectoras soviéticas, en relación a un hecho al parecer insignificante. La mujer había comprado unas medias en un CUM (Almacenes Universales del Estado) y se le había roto al día siguiente. Además, en la misiva la mujer se explayaba en detalles sobre la mala calidad del producto, ensayando a partir de ahí comparaciones con la producción occidental, considerando además del precio y la calidad, el elemento estético. Esta publicación dio lugar a otras del mismo tono, lo que provocó una investigación del partido que dio a conocer que había en Moscú, dos telares que databan de la época del primer Plan Quinquenal (1927), entre otras situaciones relacionadas.

En este episodio se basa Mujica, para destacar la importancia que tienen las actitudes y reacciones del “consumidor” para el desarrollo económico armónico y sostenido. De ahí que el autor afirme, refiriéndose al sistema soviético, que “En general, todos los pueblos están dispuestos al sacrificio, pero no a la ignorancia de su sacrificio”. En países que impulsan proyectos de industrialización más o menos acelerada, conviene implementar, como refiere Mujica sucedía en los países socialistas, una política que a la construcción se unan los procesos de educación e información, de manera constante y simultánea. Leyendo entre líneas, Mujica está elevando a primer orden lo que conocemos como política comunicacional.

Es en este punto donde entra a escena el “capitalismo popular”. La importancia de este proceso comunicativo  Estado-Sociedad, donde el libre flujo de la crítica seria y comprometida es capaz de impulsar y mejorar la ejecución las políticas públicas orientadas al bienestar general de la población, en los países altamente industrializados, como Estados Unidos, se traduce en “fórmulas psicológicas como el llamado capitalismo popular”, elaborada por los think thanks publicitarios “para aliviar la creciente tensión por el formidable enriquecimiento de unos pocos y las malas condiciones de vida de grandes sectores de la población, así como la tendencia interna a mirar hacia el exterior, hacia el mundo socialista” (Mujica, 2010). Salta a la vista, la importancia que tiene la información fidedigna y pertinente, no sólo para evitar los focos de perturbación, sino para garantizar el éxito de los planes y proyectos orientados a la emancipación y la transformación social.

De tal manera que lo del “capitalismo popular”, como mero discurso, si bien fue empleado por Thatcher en los ochenta, ya iniciada la imposición del neoliberalismo en el mundo, fue empleado también por los gringos en los años sesenta como “fórmula psicológica”, lo que es decir como artificio del lenguaje, como sutileza lingüística, para engañar a los “loosers” del sistema en un contexto donde llegaba a su fin el modelo keynesiano de posguerra.

Finalmente, traer ese discurso a nuestro actual contexto no resulta menos de exótico y funambulesco, reflejando el lado derecho de una dependencia cultural que condena, a ese lado derecho, al fracaso político.

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