“Deberían dar premios de resistencia…

Miriam Flores

“Deberían dar premios de resistencia por ser Salvadoreño,” dijo Roque, el que nunca va a descansar en paz, porque “qué cosa más jodida es descansar en paz,” en Un libro levemente odioso. Sufría de amor por El Salvador, se moría de frío por El Salvador y de rabia y de risa. De Roque todos hablan a risa abierta, como si no hubiera muerto, como si no lo hubieran matado en El Salvador el mes en que cumplía cuarenta años, mayo de 1975, los mismos guerrilleros empeñados en su misma lucha. De Roque, todos los que lo conocieron dicen que era un personaje a todo dar, y resulta fácil imaginarlo haciendo del entusiasmo y la sinceridad un mérito literario. No, los vientos no huyeron de su asombro y su cara Roque Dalton asesinado a los cuarenta años fue siempre, hasta el último momento, un sorprendido, un cielo tomado por asalto, una risa interrumpida. Y de la cara de Centroamérica no huirá tampoco el viento, porque sabrá levantarse y en el último momento dispará contra el asesino.

Elena Poniatowska (prólogo de Un Libro Levemente Odioso).

Roque Dalton, leer sus escritos mueve los sentimientos más profundos, letras que dan la plenitud de un ser humano lleno de sueños, de sentimientos insondables, producto de su gran amor por la justicia, ecuanimidad y humanismo. Vivió con plena energía combatiendo por sus ideales, sus letras aun  tienen vigencia, sirviendo de motivación para los que lidiamos con las iniquidades. Algunas de sus poesías que colocaré en este escrito, están dedicadas al amor, a la poesía y a su Patria, lo expresado en sus inspiraciones confirman el gran poeta que fue este salvadoreño. Sin embargo soñador algo ingenuo con los que le rodeaban, nunca creyó en la traición pero la vivió.

Para quienes no conozcan este sensitivo personaje describiré brevemente su biografía:

Roque Dalton, poeta, ensayista, abogado, antropólogo y revolucionario, nace en El Salvador el 14 de mayo de 1935, una de las voces más influyentes de la Generación Comprometida. Dalton se dedicó desde muy joven a la literatura, la poesía y la política, siendo integrante del Círculo Literario Universitario. Estuvo en el exilio en varios países, entre ellos, México, Checoslovaquia y Cuba. Publicó la mayoría de sus textos en forma clandestina en El Salvador durante los años sesenta y setenta. Obteniendo en tres ocasiones el Premio Centroamericano de Poesía, el Premio Casa de las Américas entre otros galardones.

Roque fue asesinado en 1975, a la edad de 39 años. Hoy sus familiares reclaman justicia, pues las investigaciones recogen los posibles culpables.  Para más información: http://contracultura.contrapunto.com.sv

Roque Dalton fue el primer escritor que habló sobre la conformación social y económica de su país, describiendo con cruda realidad la situación sin dejar escondido nada y sin ser amable con los culpables de la situación.

He aquí algunos de sus poemas:

 Como tú

Yo como tú

amo el amor,

la vida,

el dulce encanto de las cosas

el paisaje celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,

que la poesía es como el pan,

de todos.

Y que mis venas no terminan en mí,

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan,

la poesía de todos.

Como la siempre viva

Mi poesía

es como la siempreviva

paga su precio

a la existencia

en término de asperidad.

Entre las piedras y el fuego,

frente a la tempestad

o en medio de la sequía,

por sobre las banderas

del odio necesario

y el hermosísimo empuje

de la cólera,

la flor de mi poesía busca siempre

el aire,

el humus,

la savia,

el sol,

de la ternura.

Desnuda

Amo tu desnudez

porque desnuda me bebes con los poros,

como hace el agua

cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,

me abre todas las puertas para que te adivine,

me toma de la mano como a un niño perdido

que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo

pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;

la aromática lámpara que alzo estando ciego

cuando junto a la sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados

cabes en una copa vecina de mi lengua,

cabes entre mis manos como el pan necesario,

cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda

para que limpio sea tu reparto en la tierra,

para poder besarte la piel en los caminos,

trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,

como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

El gran despecho

País mío no existes

sólo eres una mala silueta mía

una palabra que le creí al enemigo

antes creía que solamente eras muy chico

que no alcanzabas a tener de una vez

Norte y Sur

pero ahora sé que no existes

y que además parece que nadie te necesita

no se oye hablar a ninguna madre de tí

Ello me alegra

porque prueba que me inventé un país

aunque me deba entonces a los manicomios

soy pues un diocesillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo

tú eres ex patria)

 ¡Hasta Siempre Poeta!

RM