El linchamiento de Libia

Libia. Foto: Rolando Segura/ Telesur

ftekhar A Khan
Global Research
Traducido por Mariola y Jesús García Pedrajas

El escritor y pensador político británico George Orwell murió a la edad de 46 años. En su corta vida de escritor dejó tras de sí lúcidas obras en las que articuló su brillante pensamiento político. De haber vivido más, el mundo se habría enriquecido aún más con su filosofía política. En su ensayo “Matar un elefante”, Orwell escribió: “Cuando el hombre blanco se convierte en un tirano, es su propia libertad la que destruye.” Después de lanzar guerras no provocadas contra Iraq y Afganistán, el hombre blanco ha impuesto ahora su tiranía sobre Libia.

Antes de asesinar finalmente al líder libio, el coronel Muamar Gadafi, junto con su hijo cuando huían de la ciudad de Sirte el 20 de octubre, y después exponer sus cuerpos ensangrentados en descomposición, las fuerzas de la OTAN lideradas por EEUU habían estado bombardeando y destruyendo de forma sistemática Libia durante nueve meses con el objetivo específico de llevar a cabo un cambio de régimen. Según Barack Obama, la guerra en Iraq fue una elección, en Afganistán una necesidad y en Libia simplemente para un cambio de régimen. Como dijo de Obama el reconocido realizador de documentales John Pilger, “El hijo de África reclama las joyas de la corona del continente.” Ese fue el título de su artículo del 26 de octubre sobre la ofensiva de Obama contra Libia y después Uganda (1). Obama anunció el 14 de octubre que enviaría Fuerzas Especiales de EEUU para unirse a la guerra civil en ese país.

La OTAN se centró especialmente en la destrucción de Sirte, la ciudad natal de Gadafi con una población de 100.000 personas. Durante meses, miles de ciudadanos se vieron atrapados sin comida y medicinas mientras se enfrentaban a los bombardeos de los aviones estadounidenses, británicos y franceses las 24 horas del día. Como consecuencia de ello, muchos miles de personas fueron asesinadas, mientras los medios de comunicación de masas occidentales permanecían vergonzosamente callados.

Cuando Gadafi y su comitiva abandonaban la ciudad en un pequeño convoy, sus vehículos fueron descubiertos por aviones AWACS estadounidenses, los cuales avisaron a reactores de caza franceses que los bombardearon. El líder libio fue herido de gravedad durante el ataque aéreo. Pronto los llamados rebeldes “liberadores” de Libia lo alcanzaron. Uno de ellos, Sanad al-Sadek al-Ureibi, afirma que disparó a Gadafi dos veces, alcanzándolo en la cabeza y en el pecho. Pero antes de ser asesinado, Gadafi fue humillado y golpeado brutalmente – y según el artículo de The Guardian de Seaumus Milne (26 de octubre), incluso sodomizado con una navaja.

¿Reconsideraría el Tribunal Penal Internacional en la Haya quién merece ser juzgado por sus crímenes, Gadafi póstumamente, o sus torturadores, y todos aquellos que perpetraron el genocidio de la población de un país? La atrocidad ha quitado la fina máscara de urbanidad de la cara de la civilización occidental. Descansa en paz, Orwell: tu observación sigue siendo válida.

Lo que hay tras la “liberación” e “intervención humanitaria” es una carrera desquiciada por los recursos energéticos de Libia. Gadafi se convirtió en el blanco de Estados Unidos y Europa porque se interpuso en su camino para establecer un control occidental sobre el continente africano y sus vasta reservas minerales y energéticas, incluyendo aquellas sin explotar hasta la fecha.

Justo un día después del asesinato del líder libio, el secretario de defensa británico Philip Hammond – el cual admitió que la imagen del nuevo régimen libio se había visto “algo dañada” por el asesinato – declaró a la BBC: “Espero que las empresas británicas y sus directores de ventas hagan las maletas y se marchen a Libia para participar en la reconstrucción del país tan pronto como puedan. Libia es un país rico con reservas petrolíferas, y espero que haya oportunidades para que las empresas británicas se impliquen.”

El diputado conservador Daniel Kwaczynski hizo una declaración mejor. Exigió que Libia pague por los bombardeos británicos sobre su territorio durante la campaña de la OTAN.

Mientras tanto, a los políticos de EEUU les preocupa que Gran Bretaña y Francia puedan sacar una mayor tajada del botín. El senador republicano Lindsey Graham animó a Estados Unidos: “Impliquémonos sobre el terreno [en Libia]. Hay un montón de dinero que ganar en Libia en el futuro. Un montón de petróleo que producir.”

Los reyes, príncipes y príncipes herederos del mundo árabe rico en petróleo deberían tomar el destino de Gadafi como una advertencia. Nicolás Sarkozy amenazó justo al principio de la intervención de la OTAN/EEUU en Libia: “Cualquier gobernante, y especialmente cualquier gobernante árabe, podría enfrentarse a una situación similar.”