Los Halcones del Nuevo Orden Mundial

 

Juan Francisco Coloane

El Nuevo Orden Mundial que emerge de la OTAN y sus miembros, consiste en la supremacía total, la receta universal para los equilibrios unilaterales.

Es así que cuando se escucha en algunos analistas de que “la Unión Europea es un ejemplo para el resto del mundo”, la pregunta es: ¿Ejemplo de qué? ¿Y en qué consiste ese resto del mundo? Es el lenguaje de la Reina Victoria cuando estimulaba sus guerras expansivas. Así hablan los voceros de los halcones del nuevo orden mundial.

Con la invasión a Libia y el derrocamiento de Gadafi, se revigoriza esa antigua aspiración de la Alianza Occidental por la supremacía total que había quedado suspendida después de la caída de la Ex URSS, sea por fallas propias en la Alianza, o por el surgimiento de nuevas amenazas muy probablemente de fabricación propia.

Esta fallas de fabricación propia en la Alianza Occidental, se expresan con los Talibanes en Afganistán, en el radicalismo islámico esparcido como bomba de racimo, en “inventos” como el propio Gadafi y Saddam Hussein, en la deliberada obstrucción para formar el Estado Palestino, en el acoso permanente a Irán para derrocar el régimen clerical, y en el incremento de la incompetencia para abordar el tema Pakistán políticamente, sin las interferencias de India por asumir un rol regional.

Estados Unidos retira sus tropas de Irak pero mantiene un cuerpo sólido y numeroso de tropas para controlar el Golfo Pésico considerado estratégico desde los tiempos del aislacionismo de W.Wilson.

La OTAN nace precisamente con el objetivo último de consolidar ese plan de supremacía total. Un nuevo totalitarismo si se piensa con la perspectiva de un capitalismo desvencijado y desconcertado acerca del modelo político que corresponda a las pretensiones de republicanismo y democracia abierta.

La potencia de la OTAN exhibida en Libia se recicla previamente en clave de nuevas amenazas. Léase alianzas entre China y Rusia y posteriormente “le cae del cielo” la amenaza del terrorismo internacional con el atentado a las torres gemelas. Se especializa en nuevas guerras en Afganistán e Irak.

La idea central de mantener el concepto de amenaza al orden establecido, no es más que una vieja tara: La imposibilidad de contener al marxismo y la insurrección de los pobres del mundo.

Es así que el orden mundial debe trazarse bajo las líneas determinadas por la alianza entre Estados Unidos y la Unión Europea y retomar la agenda inconclusa como es la expansión global para que ningún poder alternativo se le ponga al frente.

Uno de los orígenes de esta doctrina por la supremacía global proviene del tiempo de Napoleón.La idea de formar una “Santa Alianza” para un Nuevo Orden Mundial surge precisamente de ese período para asegurar el régimen monárquico y evitar cualquier desafío a la supremacía que ejercían.

La amenaza entonces consistía en la formación de repúblicas. Un siglo después de produce la adaptación con el surgimiento de la EX URSS, y que consistía en declarar como amenaza a cualquier formulación de una alternativa al capitalismo y borrar del mapa cualquier movimiento que adopte esa alternativa.

Esto se aplica a cualquier opción de socialismo, de partidos o movimientos que interpreten a las mayorías y que desafíen los intereses de las elites transnacionales y por sobre todo a la alianza transatlántica: en el fondo que desafíen el capitalismo.

El otro origen de la doctrina de dominación mundial colonial que reverdece con la invasión a Libia y las invasiones planeadas a Siria e Irán (Ver Seymour Hersh), proviene del Congreso de Berlín, cuyos acuerdos son un epítome para la repartición de buenas zonas del planeta, especialmente África.(1885).

El Gobierno de Barack Obama ha seguido la huella de fortalecer esta alianza con fines de supremacía global, continuando con una política de estado en Estados Unidos forjada durante la guerra fría y que le ha dado frutos de expansión militar.

Nuevo Orden Mundial es una consigna o frase que surge con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pasó el tiempo y quedó como un cliché vacío, porque comienza la guerra fría. El término en verdad es absurdo en el entendido de que el nuevo orden era una nueva tensión, más que un orden.

Se pone de moda nuevamente con la caída del bloque soviético. George Bush padre se apresuró y acuñó de nuevo el término pensando que efectivamente un gobierno planetario regido por leyes políticas liberales y leyes de mercado abierto se convertiría automáticamente en un Nuevo Orden Mundial.

Lo que estaba detrás consistía en una vieja aspiración de las potencias coloniales y que la EX URSS lo impedía: Revivir las premisas de expansión de Estados Unidos y Europa Occidental, más resumidamente, las nuevas y viejas potencias coloniales.

Esta doctrina de un Nuevo Orden Mundial comandado por un eje de poder imperial y colonial formado por Estados Unidos y la Comunidad Europea no necesita de un Derecho Internacional establecido y la ONU es un estorbo.

Por eso cuando se habla de reformar a Naciones Unidas como órgano multilateral -tradicionalmente que medie, arbitre y promueva orden y equilibrio- , en la nueva nomenclatura de los halcones este rol está obsoleto y obstruye la globalización del capitalismo.

De lo que se trata es construir un nuevo cuerpo legal que avale la expansión de esa alianza entre EEUU y Europa Occidental, que si bien manifestó fisuras en la invasión a Libia, mantuvo la cohesión en cuanto al objetivo estratégico central de la expansión basado en el “derecho natural”.

Este derecho es una facultad de una realidad darwinista de que el más poderoso regenta el espacio.

Las expresiones (mundiales) de protesta frente a este capitalismo absolutista, exhibiendo el peor lado de su crisis endémica, y las medidas represivas adoptadas por el estado para contenerlas, desnudan una crisis mayor en la política. El capitalismo perdió la representatividad que le daba vida y legitimidad, aunque sus vocerías no lo puedan reconocer abiertamente.

Así como cayó el muro del socialismo conocido, ahora le toca el turno a este muro capitalista, que recurre a recónditos argumentos de una libertad vacía para sostenerse, “una que no alimenta el bienestar del espíritu” como decía Alexander Solyenitzin, después de llegar a Estados Unidos en 1974./ (ARGENPRESS)

RM