LETRA TERCA/Pecado patriótico

ERNESTO VILLEGAS POLJAK

Atravesar la Cota Mil desde San José hasta La Urbina toma más tiempo, en hora pico, que el vuelo de Maiquetía a San Juan de Puerto Rico. La isla está ubicada en el mar Caribe, más cerca de Venezuela que de EEUU, cuyo gobierno ejerce soberanía en estas tierras y aguas adyacentes desde hace más de cien años, cuando Puerto Rico fue declarado Estado Libre Asociado.

Los boricuas participan con su propia representante en el Miss Universo y llevan su propia delegación a las competencias deportivas internacionales, pero de resto viven en una colonia estadounidense. Para entrar a la isla se exige visa de EEUU. Los agentes de inmigración son puertorriqueños y, aunque hablan amablemente en castellano, llevan uniforme federal. Todos viajan con pasaporte estadounidense, pero no se les permite votar en las elecciones presidenciales. Tienen un gobierno con funciones limitadas, pues las áreas estratégicas son controladas por Washington.

Hasta aquí llegué por invitación del Consulado General de Venezuela en Puerto Rico, donde la voz cantante la lleva –literalmente– Jesús Sevillano, insigne músico y médico venezolano prestado desde hace varios años a las lides diplomáticas. Jesús y su equipo organizaron unas jornadas de reflexión sobre la Revolución Bolivariana, que se iniciaron la semana pasada con una conferencia de nuestro embajador ante la ONU, Jorge Valero, quien disertó sobre la política exterior venezolana ante unas 200 personas. A mí me pidieron hablar sobre medios de comunicación y libertad de expresión. Estas líneas las escribo para Ciudad CCS poco antes de trasladarme, con tal fin, a la sede del Colegio de Abogados de Puerto Rico.

En el poco tiempo que llevo aquí me han sorprendido varias cosas, de las cuales sólo les contaré algunas, por ahora.

Una es el clima: todos los días llueve. Según Jesús, no ha dejado de hacerlo ni un día durante los 15 meses que lleva aquí, así sean pocas y benignas gotas. Hace en la calle, pues, un calor húmedo, que en oficinas y locales combaten con gélido aire acondicionado.

Otra es el fenómeno de las drogas: infinidad de marines, guardacostas, guardias nacionales, radares y demás herramientas humanas y tecnológicas son poco eficaces para impedir que los narcóticos traspasen en avalancha las fronteras de esta pequeña isla y hagan estragos entre sus jóvenes. Es común toparse drogadictos en calles y semáforos, pidiendo plata con el rostro desencajado. El fenómeno se traduce, además, en horribles crímenes que a diario son reflejados, no sin cierto morbo, por radios, periódicos y televisoras locales. El dudoso desempeño de EEUU en la tarea de impedir el tráfico de drogas hacia Puerto Rico parece no tener mucha relación con las exigencias que Washington hace en esa materia al resto de los países del continente.

En el plano político, la opinión pública boricua está distraída por estos días en un escándalo que recuerda, por contraste, el activo papel de la jerarquía católica venezolana en la política doméstica.

¿Se imaginan ustedes un titular de prensa en Venezuela que informe sobre una investigación del Vaticano a Baltazar Porras, Roberto Luckert, Luis Ugalde, Mickel de Viana o, en su momento, Ignacio Velasco, por “intromisión en asuntos políticos¨? Inimaginable, ¿cierto? Pero aquí en Puerto Rico es exactamente lo que está ocurriendo con monseñor Roberto González Nieves, arzobispo metropolitano de San Juan desde 1999 ¿Su pecado? Haber inaugurado un Altar a la Patria en la catedral de San Juan, con una bandera puertorriqueña.

La inauguración fue la guinda de la torta a los ojos de los anexionistas de Puerto Rico, que aspiran a que su país termine de desaparecer por completo para integrarse del todo a EEUU. Ellos interpretaron la actuación del obispo como un acto pro-independentista.

El proceso investigativo está a cargo del obispo español Antonio Arregui Yarza, vicario general del Opus Dei en Quito, Ecuador, y otro religioso canadiense, quienes se trasladaron a San Juan en representación de la Congregación para el Clero de la Santa Sede. Ambos conducen, en absoluto hermetismo, audiencias pastorales para establecer si González Nieves incurrió o no en “intromisión política”.

“En sus 12 años a la cabeza de la arquidiócesis, (González Nieves) ha sido criticado por sus acciones y discursos a favor de la cultura e identidad puertorriqueña, así como por su alegada cercanía a líderes del Partido Popular Democrático”, explica el diario El Nuevo Día en su edición de ayer.

El mismo diario cita declaraciones de feligreses que han acudido a solidarizarse con el investigado. “Esto es un atropello. Ninguna homilía que he escuchado de él ha sido política. Están haciendo ver como un movimiento antiamericano el enarbolar una bandera”, dijo Yanira Cortés, mientras María Cristina Cortés fue aún más directa: “Amar a la patria no es un pecado”.

Inés Quilnes, conductora del programa radial Si no lo digo reviento, se quedó boquiabierta cuando le conté lo que en Venezuela ha hecho la jerarquía católica en el ámbito político, incluida la firma del decreto de Carmona por parte del finado cardenal Velasco, sin que el Vaticano se diera por enterado de alguna hipotética “intromisión política”. No hay duda: ésta sólo está permitida si es a favor del colonialismo./Ciudad Ccs

RM

Un comentario sobre “LETRA TERCA/Pecado patriótico

  1. La iglesia no es un edificio, no es la cúpula eclesiástica, la iglesia es la feligresía, la iglesia es el pueblo creyente, es la gente, y en este ámbito, quienes mas cercanos están a la gente son los que optan por hacerlo, los que en su labor pastoral, sienten la necesidad de hermanarse con el pueblo, con sus alegrías y pesares, tratan de mimetizarse en el pueblo,respetando sus símbolos, respetando para ser respetados, respetando para orientar para influir espiritualmente, aterrizando los problemas q reclaman posiciones y toma de partido y en sus símbolos esta la bandera como parte de la sincretizacion cívica, lo que el ciudadano sitúa mas cerca de Dios.La labor pastoral en su esencia , habla del respeto como un valor de comportamiento y no como estrategia, el amor a la Patria es un sentimiento que no puede ser soslayado por nadie, y estas cosas no son digeribles para el Opus Dei,que ejerce una especie de Macartismo Religioso entre sus ministros. La conducta del Arzobispo de San Juan no es reprensible por lo tanto, todo lo contrario, es digna de aplauso, digna de elogio,porque se sintoniza con el sentir popular y con la sensibilidad que han tenido respetables y ejemplares hombres de iglesia como Monseñor Arnulfo Romero mártir de la iglesia y el pueblo salvadoreño asesinado por los fascistas pro imperialistas del Salvador. Creo firmemente que la iglesia Portorriqueña debería defender la gestión de monseñor Gonzalez Nieves como un personaje que le da lustre y prestigio a la iglesia de Puerto Rico, cuya labor la ha convertido en un apostolado.

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