Cuando la crisis se hace costumbre, ¿Dónde queda la revolución??

Definitivamente los años de las grandes bonanzas no volverán ya más, la superpoblación sumada a la escasez de recursos naturales, a un planeta malherido y saqueado, no lo permiten.

RAÚL BRACHO

La crisis, conceptualizada siempre como los momentos de cambio, esta vez es la que alimenta la debacle de la especie. Todo apunta a que el sistema de capitales aprende a convivir con ella y a recrear sus mapas con nuevas álgebras en la era cósmica: habrá una clase sin clase, ni siquiera explotada por nadie, una clase sobrante: solo serán explotados los necesarios para mantener las mega empresas transnacionales. La pobreza se transformará un una clase amorfa, de seres de la calle, sin hogar y sin atenciones, el hambre aumentará notablemente su tajada de muertos.

Definitivamente los años dorados ya pasaron y hay que empezar a notar los cambios geopolíticos, países ricos y países pobres se enfrentan en una disparidad en la que son los países pobres los que tienen mayor riqueza natural y mayores desigualdades. La enseñanza de Libia es la puerta de entrada al nuevo siglo imperial, tomar los territorios que garantizan su sobrevivencia y estirar la mentira y la justificación mediática hasta donde alcance el chicle, para luego ir mutándose en  estados terroristas declarados donde no le importará explicar a nadie sus decisiones, sus invasiones o matanzas.

Mientras se despiertan los pueblos oprimidos se ensaña con más fiereza la dominación guerrerista del imperio y sus aliados. A la par de los miles de indignados que toman las calles y plazas del mundo, el sistema capitalista imperial va mutando a su verdadero espectro asesino. La crisis se convierte en la excusa para su arremetida.

Aquella ficción que leí en los libros de Huxley, terminará siendo una terrible realidad, el imperio de las armas y de la idiotización de la especie por la hipnosis mediática parecieran estar cercanas de no aprender a enfrentarnos con unión y coraje todas y todos los que sufrimos  esta cotidianidad asfixiante. La esperanza de nuestra América debe entender que a diario se convierte en la estructura básica del nuevo modelo capaz de imponerse al imperio capitalista. Que habrá que vivir tiempos muy duros, no se puede dudar, pero será la única alternativa de vida para la especie y para el planeta.

Los pueblos de nuestra América debemos ser la luz de la nueva humanidad, ya lo visualiza hasta  el presidente de España al declarar que la crisis no pasa por nuestras patrias,   la crisis no ataca a nuestros pueblos por habernos hecho del poder político y desde allí, poco a poco, crear un freno a la sed de los burgueses y un camino a la sociedad socialista que ya empieza a florecer.

Venceremos y viviremos.

RM

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