Nuestra América liberada: yo viví para contarlo

Raúl Bracho

En mis pupilas las de todas y todos los que murieron en esta lucha.

Las llanuras y selvas de Latinoamérica, sembradas de pobreza todavía, despiden un olor sagrado a libertad, vengo de llenar mis pulmones con su perfume libertario, de mirar las miradas de quienes están vivos y sostienen las banderas sagradas de la verdadera libertad. Vengo de tierra adentro, de la selva poblada de tucanes y guacamayas multicolores que engalanan los cielos con su vuelo, de niñas y niños llenos de sueños y las manos arropando las esperanzas del nuevo mundo, vengo lleno del polvo de las carreteras de mi pueblo amado donde mujeres y hombres me confirmaron mi esperanza, lleno de ganas, de fuerza combativa para seguir el avance hasta vencer.

Por los que se fueron en esta lucha, por los que nos asisten desde la eternidad gigante del polvo de la historia, por los ojos del Che, de Allende, de Víctor Jara, de Lovera, de Camilo, de Libia Guvernet, de Gaitán, de Allende, de tantas y tantos que merecerían estar presentes para mirar con los ojos llenos de magia a nuestra América naciente. Niñas y niños entonando nuestro himno libertario y mujeres y hombres comprometidos en esta gesta infinita.

La patria grande, el sur que se ha rebelado ante el mundo como la última esperanza, la fuerza milenaria de nuestros antepasados que se levanta más allá, para asistir al cambio de la historia. Un dulce sabor a tierra nueva, a territorios liberados donde ya se respira la alegría del triunfo. Vengo con la fuerza infinita de los que por aquí pasaron y entregaron su sangre para regar este semillero de flores que hoy llenan de colores el jardín del nuevo tiempo.

Yo viví para contarlo, por eso escribo y escribiré hasta que me vaya con ellos. La tierra tiembla, el cielo se abre, los caminos se tragan los tiempos de la miseria, florece la esperanza de la nueva vida. Seremos vencedores y en nuestras miradas brillará el resplandor de la mirada intensa de Ernesto Guevara, en nuestra garganta la voz de Violeta Parra, la dulzura de los poemas de Neruda y la piel de nuestras etnias originarias, yo viví para escribirlo, testigo humilde de la gloria de esta vida que a pesar de los pesares florece, renace y se multiplica llena de esperanzas.

Indignados del mundo, bajad vuestra mirada a estas tierras olvidadas y por siempre castigadas, aquí aprendimos el camino que libera, aquí estamos esperando vuestra fuerza para hacer cambiar la vida, para construir entre todos el nuevo mundo que soñamos.

Venceremos y viviremos, camaradas.