Banco del Sur: Economía y política de la mano

Marta Gómez Ferrals*

Los fundadores del Banco del Sur afinan su arrancada definitiva, en medio de una compleja situación financiera internacional, signada por nuevos riesgos e incertidumbres.  El Canciller venezolano, Nicolás Maduro, en declaraciones recientes a la cadena TeleSur, puntualizó que la apertura de la sede principal en Caracas y de las subsedes de Buenos Aires y La Paz, marcará la puesta en marcha efectiva del organismo crediticio, posiblemente antes de que finalice el año en curso.

Siete naciones suramericanas: Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Paraguay se asociaron oficialmente en 2007 para crear la nueva entidad, avizorada desde ya por expertos como una alternativa indispensable para la integración y la soberanía del área.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, autor de la iniciativa en el 2004, insistió desde entonces en los principios de soberanía e independencia que se reforzarán con el funcionamiento de la entidad, frente al accionar de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

El gobernante venezolano recordó el tipo de créditos leoninos y expoliadores impuestos por el FMI y el BM, tradicionales prestamistas de las región, cuyo modelo no intentan repetir los integrantes de la Comisión de Administración que dirigirá el naciente Banco del Sur.

Una cosa será tomar elementos de la sapiencia técnica y la legislación financiera global y otra será no olvidarse que la generosidad y el desarrollo sustentable de la región son luces en el camino.

Si la institución bancaria latinoamericana copiara el modus operandi de las Instituciones Financieras Internacionales perderán una oportunidad histórica de avanzar en la construcción de una nueva arquitectura financiera, afirman analistas que observan con interés la inédita experiencia.

También se espera que el Banco del Sur conecte en una sinergia muy revitalizadora con la unidad financiera suramericana (moneda única) y el Fondo del Sur, que también conforman el proyecto.

Desde el día de la oficialización, el 9 de diciembre de 2007 en Buenos Aires, Chávez hizo hincapié en que el banco servirá, además, al retorno de capitales nacionales depositados en Estados Unidos y Europa, por los que, dicho sea de paso, se pagan bajas tasas de interés.

Por el contrario, cuando utilizan el propio dinero de la región para hacerle préstamos, cobran intereses muy altos, significó el mandatario venezolano.

Los signatarios del Banco debieron transitar un camino arduo y no exento de espinas desde la Declaración de Quito y el Acta Fundacional de Buenos Aires, ocurridas en 2007.

La Comisión creada entonces para diseñar el ensamblaje técnico y los preceptos políticos que guiarían el trabajo, al más alto nivel, esperaba alistarlo todo para 2008, pero no fue posible.

Cierto es que se generó un rico debate técnico, ante cuestiones muy puntuales, que ocuparon parte del tiempo.

Pero muchos expertos opinan que al retraso contribuyó de manera determinante la crisis económica y financiera global que sacude al mundo, precisamente desde el 2008.

Habría que elogiar a los suramericanos, en todo caso, porque a pesar de tener que priorizar políticas económicas y financieras atenuantes de los efectos de la crisis mundial e incluso mantener los gastos públicos de programas contra la inequidad y la pobreza, siguieran trabajando, paso a paso, por su propia banca regional.

Ahora, justo en la recta final de 2011, tienen razón los que piensan que el funcionamiento del flamante Banco del Sur no debe esperar más, sobre todo en esta hora problemática para Europa y Estados Unidos.

Con un capital suscrito de 10 mil millones de dólares, la entidad se iniciará con un depósito de siete mil millones, según ratifica el acta fundacional.

Como los entendidos afirman, la seguridad y estabilidad financiera de la región recibirán fuertes beneficios, y la soberanía de todas las naciones integrantes deberá crecer como nunca antes.

Pero ante todo, esta banca servirá al desarrollo regional, transfiriendo finanzas a proyectos sociales y de infraestructura de las 12 naciones integrantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Una Comisión de Administración que encabezan sus principales aportadores -Venezuela, Argentina y Brasil, con dos mil millones de dólares cada uno- decidirá los préstamos para los proyectos nacionales, bajo principios de solidaridad y respaldo a los de menores recursos.

Ecuador y Uruguay entregarán 400 millones cada uno, en tanto Bolivia y Paraguay contribuirán con 100 millones en similares condiciones.

Los proyectos de obras superiores a los 70 millones deben contar con el respaldo de dos tercios de las naciones de mayor aporte,

Con el Banco del Sur en cuenta progresiva, el proceso de unidad e integración latinoamericana se afianzará, y habrá mejores condiciones para el avance de sus sociedades, sin las interferencias y condicionamientos e injerencias anteriores.

Hay esperanzadores programas de desarrollo que impulsarán las fuentes de energía, la producción de alimentos y otros, que esperan en la lista de prioridades.

Es mejor un banco imperfecto que ninguno, han dicho algunos observadores, tal vez pensando en las posibles dificultades iniciales que se puedan presentar.

Vale el realismo, pero sería mejor decir que es mejor un banco nuestro que uno ajeno, y más si los intrusos serían los que siempre sacaron provecho de las riquezas del área, en detrimento de los nativos.

En América Latina «es la hora de andar en cuadro apretado», como recuerda José Martí desde la historia.

* Periodista de la redacción Sur de Prensa Latina.