La profecía del cadáver insepulto

Clodovaldo Hernández

El mítico «Gocho» lleva más de un mes muerto y aún no conoce el descanso

Quién hubiera dicho que cuando Rómulo Betancourt habló de cadáveres insepultos estaría profetizando, con varias décadas de anticipación, la deplorable situación de uno de sus epígonos, el ex presidente Carlos Andrés Pérez?
El mítico «Gocho» lleva más de un mes muerto y aún no conoce el descanso que se atribuye desde tiempos inmemoriales a estar dos metros bajo tierra. Seguramente ya puede incorporarse al libro Guiness como el ex jefe de Estado con el velorio más prolongado en la historia de la humanidad.

Y, según las informaciones provenientes de Estados Unidos, seguirá así al menos hasta marzo, mientras sus dos viudas se querellan (por el cuerpo y vaya usted a saber por qué más) en una corte de allá. Es bueno aclararlo, porque si el asunto estuviese pasando acá, si fuese culpa del atávico retardo procesal y de la proverbial indolencia de los tribunales locales, ya Diego Arria hubiese denunciado al rrrrrégimen ante organismos interplanetarios por tan condenable violación de los derechos humanos de un célebre cadáver.

¿Alguien puede alcanzar a imaginar la magnitud del escándalo que estaría armado si la falta de sepultura de Pérez se debiera, por decir algo, a un trámite con el Seniat o a una demanda de las víctimas del 27 de febrero? Me permito hacer un aporte a ese ejercicio imaginario: el alcalde Ledezma en huelga de hambre y los monseñores de la Conferencia Episcopal, ataviados con sus ropajes morados de exequias, pronunciando sermones de desagravio por la profanación de los despojos de un infeliz cristiano.

Pero, como la cosa es en EEUU, nuestros obispos y los siempre ácidos comentaristas mediáticos han demostrado que pueden llegar a ser decentes y discretos. «Es un asunto de familia», dicen y se muestran tranquilos porque todo está en manos de la justicia gringa, que sí funciona.

Desde mucho antes de que aparecieran los ritos cristianos de sepultura, ya griegos y romanos consideraban necesario enterrar a los fallecidos pues no hacerlo los convertía en espíritus que vagaban por el mundo y esparcían maleficios. ¡Guillo! Los herméticos, por su parte, dicen que «como es arriba es abajo y viceversa», de modo que si el cuerpo del líder político, convertido en momia, está guardado en una funeraria de Florida como si fuera un coroto en consignación, lo más seguro es que su alma también esté en pena, deambulando entre pailas de diverso número. Mucho cuidado como le hala las sábanas a algunos por estos lares.

Cuando CAP fue suspendido en el ejercicio de la Presidencia para ser enjuiciado, dijo: «Hubiera preferido otra muerte». Ahora, su atormentada ánima debe estar diciendo: «Hubiera preferido otro infierno».

Por favor, ¡entierren a ese hombre!
El Universal

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