Wikileaks: ataque cibernético de Israel/Washington

Por Heinz Dieterich

Los servicios secretos de Israel y la CIA han logrado otra gran victoria en su guerra cibernética. Después de estropear las centrífugas del programa nuclear iraní (Natanz) mediante un software maligno (Stuxnet), consiguieron utilizar a Wikileaks y Julian Assange como vector (portador) de agresión cibernética a gran escala, contra sus “enemigos”. El método es el usual de la guerra informática: mezclar documentos verdaderos, pero triviales, con las falsificaciones que sirven como misiles teledirigidos contra los blancos escogidos.La autoría de esa agresión cibernética se aclara analizándola a la luz del axioma de la criminalística: ¿Cui bono? ¿A quién beneficia el crimen? La respuesta es evidente: a Israel, Washington y el imperialismo occidental en general, incluidos sus satélites mercantil-feudales árabes. Perjudica groseramente, con sus mentiras, a una serie de blancos particulares, como: Irán; China (supuesta aceptación de dominio estadounidense en Corea del Norte); Brasil (Ministro de Defensa Jobim); Bolivia (“tumor” Evo Morales) y Venezuela (ETA,FARC). Y, prepara, por supuesto, el control estricto ideológico sobre el internet y los portales progresistas. Un mundo fundamentalmente anti-democrático, como el capitalista-burgués actual, no puede permitir el libre flujo de información y debates en el internet. Declarar Wikileaks una organización terrorista y matar o encarcelar a Assange, sería un gran paso adelante en la “pacificación” de la sociedad global que los amos del sistema requieren ante la crisis capitalista mundial.

Sin embargo, no sólo el principio del derecho romano, cui bono, esclarece la autoría del delito israelí-estadounidense cibernético, sino también la absurda pretensión logística, de que un joven soldado homosexual, Bradley Manning, de la 10a División de Montaña de Estados Unidos, estacionado en una remota base militar en Iraq (FOB Hammer), pudo seleccionar, copiar y reenviar 260.000 documentos clasificados (!¡). Si Manning hubiera podido hacer  esto, dejaría a Bill Gates como un mero aprendiz de computación.

La obstrucción de las centrífugas nucleares de Irán en 2010, en Natanz, siguió el ejemplo de una exitosa operación de la CIA contra un gaseoducto de la Unión Soviética, en los años ochenta. Cuando la CIA se enteró que Moscú iba a comprar o piratear un sofisticado software canadiense para las bombas, turbinas y válvulas de un nuevo gaseoducto en Siberia, no bloqueó su venta, sino insertó, en contubernio con la empresa canadiense, una bomba lógica, un malware (Trojan horse o cabayo de Troya) en el software, que alteraba los parámetros de velocidad y presión en el sistema, haciéndolo estallar en 1982.

La operación contra el centro nuclear iraní de Natanz sigue ese mismo modelo. Los servicios occidentales infiltraron las redes de compra de Irán para el nuevo reactor e insertaron en el software de las centrífugas el gusano electrónico “Stuxnet”, desarrollado a todas luces por la Inteligencia Militar israelí. Al igual que el “Caballo de Troya” de 1982, el Stuxnet hace fluctuar las velocidades y presiones de las centrífugas, las cuales, actuando en cadena, se destruyen. Se calcula que la capacidad operativa de las centrífugas en Natanz se redujo en un 30 por ciento por el ataque informático.

El modo de operación de la CIA y del Mossad abarca tres pasos. 1. Necesitan información preliminar sobre los planes del “enemigo”. En el caso de Wikileaks, Adrian Lamo, un hacker con quien Mannings correspondía, informó al FBI. 2. Sobre esa información deciden  en qué forma actuar. En el caso de la URSS, de Natanz y de Wikileaks, obviamente decidieron no bloquear de frente la operación planeada, sino aprovecharla para una operación cibernética propia de contrainteligencia. 3. Los grandes medios de adoctrinación burguesa y los gobiernos respectivos utilizan y reutilizan los eventos manipulados por ellos, durante largo tiempo. En ese sentido, los documentos de Wikileaks serán como la segunda computadora de Raúl Reyes. Una fuente inagotable de guerra psicológica contra los “enemigos” del Imperio.

Las operaciones cibernéticas y de desinformación son solo un aspecto de los proyectos de desestabilización de Estados Unidos e Israel, como demuestra su exitoso programa de asesinatos de científicos nucleares iraníes. Venezuela tiene que prepararse muy bien, para neutralizar la embestida que Washington/Tel Aviv tienen preparada para el país de Bolívar.

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