67 años de la victoria soviética sobre el nazismo

Daria Marciano

El socialismo nos libró de Hitler

La gráfica inmortal del ucraniano Yevgeni Khaldei (1917-1997) es símbolo universal de esta fecha

09 de Mayo de 2012, Modaira Rubio, TP-FDA. El 9 de mayo de 1945, la Humanidad celebró el fin oficial del conflicto bélico más destructivo de la historia: la Segunda Guerra Mundial. Ese día, el general alemán Wilhelm Keitel firmó ante el mariscal soviético Georgi Zhúkov, el Acta de capitulación incondicional y total de la Alemania nazi.El documento estipulaba la rendición de todas las fuerzas alemanas; el cese de las hostilidades; el desarme completo; el traspaso de todas las armas a los representantes del Mando Supremo del Ejército Soviético; y el cumplimiento de todas las órdenes del comando soviético, así como las de la Fuerza Expedicionaria Aliada.

El papel de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de sus fuerzas armadas es incuestionable en el logro de ese objetivo, aunque la historiografía burguesa por razones ideológicas se empeña en ocultarlo. El socialismo libró a la Humanidad de Hitler y del nazismo, surgidos al calor del gran capital europeo.

“Hablando de la Gran Guerra Patria se discute ampliamente el rol en esos sucesos el entonces dirigente máximo de URSS, Iosif Stalin. En su capacidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, él aportó una mayor contribución a la victoria. Pero no fue Stalin el que ganó la guerra sino los pueblos de la URSS, que pagaban las cuentas de la inconsistencia de la política europea de la preguerra”, dijo Vladimir Zaemskiy, embajador extraordinario y plenipotenciario de Rusia en Venezuela, en un folleto editado en 2010 para divulgar en nuestro país este período de la historia rusa.

“Las tentativas de ocultar estos hechos no se  pueden explicar de la manera que no sea por la falta de un deseo de reconocer la grandeza y la superioridad moral de los pueblos de la URSS, los cuales a precio de sus víctimas inmensas y destrucción de sus grandes ciudades garantizaron la conservación de la mayor parte del  patrimonio material de la civilización europea. La segunda guerra mundial ha sido la más grave en la historia de la  humanidad. En ella participaron  61 países, con población de de 1,7 mil millones de personas. El total de los perecidos fue de 50 millones”, prosigue el diplomático en el texto.

La URSS aportó cerca de 20 millones de vidas para librar al mundo del nazismo, por eso para ellos se convirtió en una Guerra Patria y esta fecha es recordada en todo el espacio post-soviético

“El Ejército Rojo no rompió el espinazo a la fuerza fascista con armas extranjeras sino con armas  propias forjadas por las manos del pueblo soviético”, relata V. Riábov en su libro las Fuerzas Armadas de la URSS. Todas y todos trabajaron para derrotar a la Alemania nazi. Mientras los hombres partieron al frente, las mujeres, las niñas y los niños, las ancianas y los ancianos, toda la sociedad mantuvo  la economía y fabricó las armas y dotó de provisiones a su ejército para el combate.

“Las fuerzas de la agresión del fascismo y la reacción que representaba la Alemania Nazi y sus satélites sufrieron una demoledora derrota en la lucha contra los pueblos de los países de la coalición antihitleriana cuya fuerza principal era la Unión Soviética. La experiencia de la historia  nos enseña que los pueblos y los ejércitos  que defienden una causa justa, su libertad e independencia tienen todo el fundamento para contar con la victoria por más difícil  y largo que sea el camino para el logro de su objetivo justo”, destaca Riábov en su obra.

 En la URSS la guerra dejó en ruinas 1.710 ciudades, más de 70 mil aldeas y pueblos. La parte de la población masculina disminuyó drásticamente. De los hombres nacidos en 1923, al final de la guerra quedaron vivos sólo el 3%, lo que afectó durante muchos años la situación demográfica.

Testimonio de un soldado

“Después del desfile de la victoria en la Plaza Roja de Moscú viajaba yo en tren rumbo a mi unidad. Por la ventanilla del vagón veía mi tierra natal cicatrizada por la guerra: trincheras, obstáculos antitanques, árboles carbonizados. El fascismo acarreó a  Europa a  la muerte y la destrucción. Yo miraba y pensaba que aquello jamás debía repetirse. Al poco tiempo, en agosto de 1945, cuando la segunda guerra mundial ya tocaba su fin, bombas atómicas norteamericanas cayeron sobre las pacíficas ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, de nuevo perecieron millones de seres humanos. Tampoco puedo olvidar lo ocurrido en febrero en la ciudad alemana de Dresde que dormía. Bajo los escombros de edificios, fábricas, centrales eléctricas,  encontraron la muerte 270 mil personas en su mayoría niños, ancianos y mujeres. Algunos generales norteamericanos calificaron posteriormente ese bombardero como un acto de represalia. Como hombre  que he estado en la guerra desde el primer hasta el último día, se perfectamente que el aniquilamiento de una población pacífica es una barbarie injustificable”, escribió David Dragunski, general de tropas blindadas, dos veces héroe de la Unión Soviética, en su libro “Memorias de un Soldado”.

Hoy se realizó en Rusia el desfile nacional más importante: el del Día de la Victoria, un legado de paz del socialismo soviético.

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