De los infiltrados y los grupúsculos sectarios

Basem Tajeldine*

En este momento crucial para la Revolución Bolivariana, por las vísperas de las elecciones presidenciales del 7 de Octubre, todos los revolucionarios, militantes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), líderes populares, intelectuales y dirigentes con responsabilidad de Estado, debemos estar muy consciente de la necesidad de blindarnos de moral y diciplina ante los ataque que nos augura la reacción desde todos los flancos. Lo he manifestado ya en artículos anteriores, la canalla burguesía comprende las desventajas y debilidades de su discurso político manipulador frente a las ideas de la revolución. Está consciente de la popularidad superior e irrebatible de Chávez. Sabe que si hace de conocimiento público su programa de gobierno neoliberal y confiscatorio de todos los derechos y beneficios sociales alcanzados por el pueblo en los años de revolución estaría acabada. La banalización de la política reina en el discurso de las reacción. Ella pretende no enfrentar con ideas a Chávez. Es por ello que su estrategia cada día se inclina más por la violencia y la desestabilización del país para responsabilizar al camarada Presidente Chávez para así tratar de minar su liderazgo. Esto lo hacen sin olvidar también atacar el flanco interno de la revolución.

En esta coyuntura electoral siempre se repiten los mismos hechos que son aprovechados por la burguesía, y muchas veces hasta promovidos por esta, para destruir el liderazgo del Presidente Chávez. Los infiltrados y los grupúsculos sectarios, aunque muy diferentes y contradictorios, hacen el mismo trabajo que conviene a la estrategia divisionista de la reacción. Es lo que llaman “re-acomodo” político de los “dirigentes” degenerados por los privilegios y el poder enajenate del Estado burgués. Esos viejos y desgastados “dirigentes” que saben no pueden optar nuevamente a cargos administrativos de Estado (Gobernaciones, Alcaldías, Diputaciones, o gerenciales) porque bien han perdido todo el apoyo popular y hoy son señalados por sus ambiciones pequeñoburguesas, o porque ya no forman parte de uno de los grupúsculos políticos de poder, entonces escogen por regresar al mismo lugar de origen donde nunca debieron salir. El vulgar oportunismo pequeñoburgués arrastró y atrajo a muchas de estas serpientes a formar parte de las filas revolucionarias. La falta de un partido genuinamente revolucionario es el único y verdadero culpable de que a 11 años de Revolución Bolivariana estemos todavía padeciendo de lo mismo. En su lugar, grupúsculos sectarios hacen su trabajo.

El así llamado “Gato” de Monagas ha vuelto al mismo lugar de donde nunca debió salir; al  basurero donde yacen hoy muchos oportunistas infiltrados junto a la vieja casta política también desplazada por la nueva generación reaccionaria. La traición es un mal inevitable de todo proceso revolucionario.

*Centro de Saberes Africanos

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