Revista Zeta auguró un mes antes “el golpe final” de abril de 2002

 Nazareth Balbás

Un anuncio en el diario El Universal da publicidad al próximo número de la revista Zeta. Es el 14 de marzo de 2002 y la publicación dirigida por el periodista opositor Rafael Poleo titula: “La huelga general: El golpe final. Un análisis exhaustivo”. Faltaba menos de un mes para el golpe que derrocaría al presidente Hugo Chávez.La portada de Zeta tenía una caricatura del mandatario nacional con una nariz que emulaba la del personaje Pinocho, y la frase “El golpe final” resaltaba con una tipografía grande y blanca apostada la esquina inferior izquierda.

El contenido de ese número, que saldría a pocas semanas de que se consumara la breve dictadura de la derecha, hablaba del supuesto “arsenal de los círculos bolivarianos”, sobre los preparativos de la huelga general convocada por la cúpula sindical de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), y una semblanza de “Chávez: el hombre, la persona, el individuo”.

En línea con la satanización a los círculos bolivarianos (organizaciones políticas de base de la Revolución Bolivariana), Poleo daba gran centimetraje a la “cocción” la huelga general que sería convocada finalmente para el 9 de abril de 2002 por los reductos sindicales y patronales, y que se convertiría en un “paro nacional indefinido” el mismo día del golpe.

El periodista Earle Errera, en el prólogo del libro Los documentos del golpe recuerda que las semanas previas al 11 de abril de 2002, los medios pasaron “de la distorsión y manipulación informativa, a la propaganda abierta. No les importaba que el anonimato y la propaganda de guerra estuviesen expresamente prohibidos en la Constitución Nacional”.

La conspiración

El golpe como fórmula para tratar de sacar al presidente Chávez de Miraflores empezó a tomar forma visible en marzo de 2002. Sin embargo, ya el director de Zeta había “profetizado” algunas de esas acciones de desestabilización dos años antes, en una entrevista a la periodista María Teresa Romero, publicada en el portal web de Analítica.

El 15 de mayo del 2000, el periodista –quien nunca ha negado que pertenece a la Agencia Central de Inteligencia (CIA)– afirmaba que existía “una especie de alianza o acuerdo entre una parte del sector militar, la Iglesia Católica y la oposición política” que pretendía derrocar a Chávez “constitucionalmente”.

Para el director de Zeta estaba claro que la forma más expedita de “erosionar” al Gobierno era con los medios. Poco menos de dos años del golpe –que fue avalado por las empresas de comunicación privadas– Poleo afirmaba: “El proyecto de Chávez no se puede realizar sin la ayuda de los medios (…) Los medios de comunicación son un factor de erosión”.

En mayo del 2000, el también director de El Nuevo País auguraba que el golpe se daría “cuando efectivamente quede acorralado por todas esas fuerzas de las cuales hemos hablado. Es difícil señalar una fecha específica. Pero hay una cosa determinante: lo que están esperando sus enemigos es que baje sustancialmente en las encuestas”.

“Ello, aunado a un creciente deterioro socio-económico, coadyuvará a que llegue el momento límite en el cual se le intentará sacar constiticionalmente”, agregó el periodista.

El plan en marcha

Un mes antes del golpe de abril de 2002, los medios de comunicación privados dieron especial cobertura a la firma de un pacto de élites con el “aval moral” de la iglesia, que fue denominado “Bases para un Acuerdo Democrático”.

La artillería de flashes disparó su arsenal para inmortalizar el momento en el que la Iglesia católica, en la figura del sacerdote Luis Ugalde, unía las manos del presidente de la CTV, Carlos Ortega, y el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, para dar su bendición al pacto de diez puntos que pedía “el inicio de la era post chavista”.

Los principales objetivos eran: desconocer al gobierno legítimo, derogar la Constitución y sentar las bases para una alianza de “transición”, que sería conformada por empresarios y reductos gremiales de los viejos partidos Acción Democrática (AD) y Copei, apoyados por toldas de oposición como el MAS y Primero Justicia (PJ).

Era el 5 de marzo de ese año y un Ortega visiblemente emocionado ante las cámaras y aupado por los vítores de “se va, se va”, expresó con total convicción: “Consideramos inminente la salida del señor Chávez de la primera magistratura (…) por eso, hoy nace este pacto con miras a un gobierno de transitoriedad (sic)”.

Posteriormente, Carmona, quien un mes más tarde se proclamaría como Presidente de la República en Miraflores, ofreció un discurso en el que manifestaba su satisfacción por la firma del documento y señalaba que éste era “la salida a la situación de emergencia nacional”.

El sacerdote Luis Ugalde se limitó a decir que su presencia en el lugar era para “expresar la satisfacción y alegría” de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) por el acuerdo, emoción que consumó con al unir las manos de los representantes de aquel movimiento.

Como Poleo lo había admitido dos años antes, las cúpulas empresariales, sindicales y políticas se confabulaban para tratar de consumar un golpe contra Chávez y era evidente que había “una coincidencia entre la iglesia” y parte del “estamento militar” para ejecutar esa acción.

“Está en desarrollo un proceso opositor que busca erosionar a Chávez, y en torno al cual se agrupa fundamentalmente un electorado que odia a Chávez de una forma irracional y hasta peligrosa”, declaró Poleo en el 2000, casi exactamente nueve años antes de haber sido acusado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por incitación a delinquir y apología al delito tras llamar al asesinato del presidente en el programa televisivo “Aló ciudadano”, conducido por Leopoldo Castillo en Globovisión.

“Hugo va a terminar como Mussolini: colgado con la cabeza pa bajo. Yo lo digo de manera precautelativa: cuídate, Hugo. No termines como tú homólogo Benito Mussolini, colgado y con la cabeza pa’ bajo”, fueron las palabras de Poleo a mediados de octubre de 2008./AVN

RM

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