LETRA TERCA/ Cuidar a Capriles

ERNESTO VILLEGAS POLJAK

Cumplía un año el golpe del 11-A cuando Elías Santana, dirigente de la Coordinadora Democrática, mismo musiú de la MUD con diferente cachimbo, escribió:

“En el movimiento opositor quedan claras dos rutas (…) Dos maneras de abordar la pobreza y el pago de la deuda social o la relación con EEUU y Colombia. Y no hay unidad de acción posible con quienes protagonizaron el 12 y el 13 de abril de espaldas a todos. Con quienes no tienen miramientos a la hora de sembrar la duda sobre la Coordinadora mintiendo descaradamente. Con los que pueden tomar cualquier decisión (como, por ejemplo, también disparar sobre la marcha del 11 de abril) con tal de llevar adelante sus planes”. (“El juego duro de los extremos”, columna “Ciudadanos activos”, Quinto Día, 18/04/2003).Por esos días entrevisté a Elías Santana en VTV y ratificó lo que había tecleado sobre los extremistas del antichavismo: “Tengo elementos para suponer que se cruzaron unas agendas”.

Hace unos días, luego del choque MUD-PSUV en Cotiza, Nelson Bocaranda escribió:

“Hay que cuidar al candidato presidencial y a los excandidatos de los partidos democráticos. Hace más de un año, escribí sobre la conveniencia de tener listo un vicepresidente designado para poder asumir el cargo primario en caso de cualquier eventualidad, que no tiene que pasar sólo por el asesinato. Somos humanos y mortales, con cáncer o sin él, y no sabemos que nos depara el destino”. (El Universal, 06/03/2012).

Sí, hay que cuidar al candidato Capriles. En primer lugar, de sus propios “amigos”, que han pasado años cruzando agendas. La de la participación democrática y la del golpismo. Amigos entre los cuales hay gente “capaz de tomar cualquier decisión”, como escribía Elías Santana en 2003, “con tal de llevar adelante sus planes”.

No hace falta ser Hércules Poirot, el detective de Agatha Christie, para preguntarse ¿a quién beneficiaría el crimen?

Con las encuestas sonriendo a Chávez, ¿a quién puede interesarle un zafarrancho antes de las elecciones? Siendo la salud su prioridad inmediata, ¿cuál sería el negocio de lanzar al país por un tobogán de violencia?

El antichavismo suele, prevalido de su dominio sobre los medios, apelar a la auto-victimización como sustituta del debate político. En lugar de discutir sobre si es bueno o malo llamar al FMI, o desmantelar todos los controles sobre la economía (como declaró el jefe de campaña de Capriles un par de veces antes de desmentirse), el país ha estado sometido a un bombardeo de mensajes sobre Cotiza. Con el mismo formato del 11-A, el histérico estribillo de “¡asesino!, ¡asesino!” sustituye la discusión racional sobre lo sucedido y, peor aún, sobre lo que verdaderamente estará en juego en octubre.

Eventos lamentables como el caso de los hermanos Faddoul, en 2007, ya han sido explotados en el pasado por políticos y medios para tratar de poner en jaque al Gobierno en un clima insurreccional, con los estudiantes como carne de cañón.

Lo ocurrido en Cotiza no pasó a mayores. Preocupa, sí, lo que presagia. Las declaraciones de Ismael García diciendo que la bala que supuestamente rozó a su hijo iba dirigida a Capriles son preocupantes.

Un candidato sin carisma ni conexión emocional con el colectivo puede ser un estorbo. En una mente macabra, ambos defectos podrían ser suplidos por la imagen del candidato-víctima, para beneficio propio o del emergente que ya asoma Bocaranda.

En su emulación de los códigos del chavismo, una opción sería poner a su gente a llorar y rezar por la salud de Capriles, como hizo espontáneamente el pueblo ante la enfermedad de Chávez. Eso, en el mejor de los casos.

Los chavistas de las zonas populares deberán estar conscientes de que las provocaciones estarán a la orden del día. Su adversario estará a la caza de tontos útiles, que los ayuden, queriendo o sin querer, a victimizarse.

Capriles es un hombre joven, para quien la de octubre es apenas una batalla en una carrera política que empezó temprano, pero no tiene por qué terminar temprano. Vaya, candidato, y coordine su seguridad y sus actividades públicas con el Gobierno Nacional.

No vaya a ser que sus amigos lo estén montando en la olla./CiudadCCs

RM

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