Del Olimpo al infierno

 Apostolis Fotiadis

 La capital de Grecia ve cómo se multiplican problemas sociales derivados de la grave crisis económica. La desnutrición, el sida, la prostitución, la adicción a las drogas y los suicidios son crecientes amenazas.

A pesar de que el gobierno insiste en que el ajuste fiscal es necesario para mejorar la posición del país frente a los mercados internacionales, los ciudadanos se van convenciendo de que el costo social es demasiado alto.

Desde el año pasado, el gobierno viene aumentando impuestos y recortando pensiones y salarios públicos.

El mes pasado, las autoridades anunciaron que reducirían el sueldo de 30.000 empleados estatales como medida previa al cese de sus contratos, y que recortaría las pensiones de casi medio millón de retirados del sector.

Además, el gobierno impuso un “impuesto de solidaridad”, que va de uno a cuatro por ciento de los ingresos, volcando así en los contribuyentes la carga de los servicios a los desempleados. También introdujo gravámenes adicionales a los trabajadores autónomos.

Asimismo, elevó el impuesto al valor agregado sobre la mayoría de los bienes y servicios. La tasa a los alimentos creció de 13 a 23 por ciento.

A pesar de todas estas medidas, Atenas no ha podido controlar la crisis. La semana pasada, la Unión Europea concluyó el Acuerdo de Bruselas, destinado a reducir a la mitad la carga de la deuda griega.

La economía se contrajo cinco por ciento este año, mientras que el desempleo llegó a 20 por ciento de la población activa.

Como consecuencia, muchos afrontan la amenaza de la extrema pobreza por primera vez en sus vidas.

Muchas personas han quedado sin hogar y, a pesar de que se avecina el invierno, se han reunido en masa en las principales plazas del país.

La organización sin fines de lucro Doctors of the World (Médicos del mundo) lleva adelante un programa voluntario para ayudar a las personas sin techo y también administra una policlínica en Perama, distrito de Atenas donde la mayoría de la población económicamente activa dependía de la construcción y reparación de la dársena.

El colapso de esa industria en los últimos dos años llevó a la pobreza a cientos de familias del distrito.

Nikitas Kanakis, director de Doctors of the World, señaló que Atenas se encontraba al borde de una crisis humanitaria.

“De los 40 niños y niñas que examinó nuestro pediatra hace dos semanas, 23 estaban desnutridos”, dijo a IPS.

“Hace unos años atrás pensábamos que este país había pasado la etapa en que la falta de comida era un prominente problema social. Ahora estamos haciendo pedidos públicos de suministros, para poder proveer a los que necesitan raciones secas y ropa, junto a nuestros medicamentos”.

Según Giorgos Apostolopoulos, jefe del Centro de Atenas para Personas sin Hogar, la falta de alimentos está llegando a un punto crítico.

El Centro, que distribuye comida varias veces al día para personas necesitadas, ha experimentado un incremento de 30 por ciento en las visitas desde inicios de este año.

“Ofrecemos 3.000 comidas diarias en nuestro Centro, y la Iglesia Ortodoxa Griega ofrece otras 3.200 a través de nuestras instalaciones”, dijo Apostolopoulos a IPS.

Hace unos pocos días, el Centro hizo un pedido público de donaciones de pasta y salsa de tomate enlatada para cubrir las raciones del fin de semana, que se habían visto afectadas por la falta de recursos.

Alrededor de 12.000 comidas son ofrecidas en Atenas todos los días a necesitados.

“Aunque hemos visto un definido incremento en los visitantes, es extremadamente difícil calcular el número exacto de personas que sufren carencias, ya que los que experimentan esas condiciones por primera vez tienden a ser muy reservados”, añadió.

Apostolopoulos subrayó que él y sus colegas atravesaban serias dificultades a diario para mantener activo el centro.

“Considerando que la crisis económica y política ejerce una enorme presión en las estructuras administrativas, tenemos que luchar para sobrevivir cada día aquí. Créame, es una realidad muy difícil que tenemos que afrontar”, dijo a IPS.

Otro problema es el abuso de drogas, que ahora es rampante en espacios públicos, sobre todo afuera de universidades, sin que haya vigilancia o esfuerzos de prevención.

Evvagelos Liapis, médico del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, dijo que las policlínicas móviles del instituto habían examinado a unas 8.000 personas desde junio.

“Aunque aún no podemos ofrecer números exactos, ya podemos constatar una obvia correlación entre el deterioro económico y las condiciones de salud de grupos sociales específicos. Los impactos de la crisis los sienten sobre todo las personas sin hogar, los inmigrantes indocumentados y los adictos a las drogas en el centro de Atenas”, dijo a IPS.

“Hemos notado un significativo incremento de las enfermedades transmitidas por contacto de piel o sexualmente, como la sífilis. Estamos también estudiando un posible incremento en los casos de hepatitis y de VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) entre esos grupos de personas”, agregó.

Liapis cree que el deterioro de las condiciones de salud es el resultado directo del colapso de los programas sociales, como los de intercambio de jeringas para adictos a las drogas.

“Un adicto sin dinero seguramente preferiría ahorrar un euro para su dosis que comprar una nueva jeringa”, lo que lo pone en riesgo de contraer el VIH.

“Además del aumento de las enfermedades de transmisión sexual, hemos tenido también fuertes indicios del incremento de la prostitución callejera”, añadió.

En septiembre, el ministro de Salud, Andreas Loverdos, informó que los suicidios se habrían incrementado 40 por ciento en los primeros meses de 2011. (FIN/2011)/IPS

RM

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