Pedro Calzadilla: “Estoy acá porque ahora la historia es centro de interés cultural”

CLODOVALDO HERNÁNDEZ

—Antes, los directores del Consejo Nacional de la Cultura eran “vacas sagradas”, grandes artistas. En el Ministerio de Cultura hemos tenido un arquitecto (Francisco Sesto), un veterinario (Héctor Soto) y un historiador (el entrevistado). ¿Es parte del cambio de paradigmas?

—Las revoluciones también se expresan en la ruptura de prácticas, de maneras de ser o de hacer. Estas posiciones estaban reservadas a personas que eran instituciones en sí mismas y la Revolución ha roto esa tradición, junto con otras, como la de las élites que protagonizaban en los escenarios y también en la administración cultural.

Sin embargo, Farruco es un hombre de la cultura, no sólo por arquitecto sino por artista plástico y poeta, siempre desde una posición de resistencia, de rebelión. Y Héctor Soto, aunque no pertenece profesionalmente a este ámbito, hizo un trabajo de gran entrega en la Misión Cultura.

—¿Y Pedro Calzadilla también es creador?

—Pues sí, he hecho poesía… hasta llegué a publicar algo por ahí. He estado vinculado con lo literario, con el campo editorial, fui director de publicaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos en los años 90. Pero, además, estoy en un espacio que la Revolución Bolivariana ha incorporado a la institucionalidad cultural: la historia. Antes era un coto de la Academia Nacional de la Historia y de algunas universidades. Tal vez yo estoy acá porque ahora la historia es centro de interés cultural. A lo mejor es un mensaje del interés que hay en la historia, en su estudio, su reinterpretación, su democratización y porque las batallas políticas hoy se libran en el terreno de la historia.

—¿Cómo es llegar a un cargo y no poder o no querer hablar mal del antecesor? Eso también rompe una tradición muy antigua…

—Jeje, pues yo tengo la felicidad de poder hablar bien, con toda transparencia y sin incomodidad. Farruco Sesto fue quien impulsó un proyecto de transformación profunda de la conciencia, de la práctica, de la manera de hacer en la cultura venezolana y logró abocetar un mapa nuevo. La cultura es uno de los territorios en los que la Revolución puede exhibir un logro contundente e indiscutible, lo dicen las estadísticas y la gente. El indicador más importante es que se han hecho cotidianas muchas cosas que en su momento fueron motivo de asombro. Que haya millones de libros circulando por el país ya el pueblo lo espera, lo exige y lo asume con naturalidad. Y eso no ocurre milagrosamente, detrás de eso hubo un equipo, un impulso. El presidente Chávez es el gran orientador, pero aquí estuvo una persona que ideó y construyó realidades: una imprenta, una editorial masiva, un sistema de distribución, un impulso para el cine nacional.

—Usted hereda todo eso, pero también a los enemigos de Farruco… ¿no es así?

—Sí, bueno, el que hace algo está expuesto a errar y a topar con alguien que discrepe. El que no hace nada no suscita discrepancias. Si siembras un árbol en un terreno vacío siempre habrá alguien que se sienta perjudicado, porque se sentaba o pasaba por ahí. Pero la inmensa mayoría celebra la existencia del árbol. Yo asumo esto con todo el corazón y el compromiso porque pienso en esa mayoría, en el pueblo. Pero, aclaro, no son enemigos sino adversarios políticos e ideológicos y, como dice el compañero Farruco, el objetivo no es su extinción, sino convencerlos de que de este lado no hay exclusión ni intolerancia, sino un proyecto abierto, democrático, incluyente. Nuestra meta es que un día caminemos juntos.

—¿Hay interlocutores para esa idea?

—Hay una franja importante de colectivos y personas que han quedado en el medio. Nos han faltado mecanismos para su inclusión en los espacios y proyectos que no exigen militancia política, sino que estén dispuestos a caminar dentro de un proyecto nacional que, hoy en día hasta la oposición lo ha aceptado, es la Constitución.

—Pero el estilo farruqueño era bastante confrontacional con los opositores… ¿Habrá un cambio?

—Los estilos son propios e inconscientes. Las maneras de tratar a la gente, a menos que seas un hipócrita, son espontáneas. En eso se marcará una diferencia, pues cada uno es distinto. No parto del terreno de la confrontación, pero cuando haya necesidad de ir a ese territorio, se irá.

—Los graduados de la Misión Cultura dicen que ahora no tienen empleo. ¿Qué les responde?

—Sí, es un reclamo general. Cada avance que se logra genera nuevas necesidades. Hicimos los planes de inclusión educativa y cultural y ahora tenemos la obligación de fomentar la incorporación de estos compañeros al sistema productivo. No todos serán funcionarios porque el Estado no tiene capacidad para darles empleo a todos. Lo que debemos hacer es crear espacios, abrir puertas. Por ejemplo, cooperamos con el Ministerio de Educación para que las vacantes de docentes en el área cultural se cubran con estas personas. Otra idea es que puedan poner en práctica los proyectos que desarrollaron como parte de sus estudios.

—¿Cuál va a ser el rol del Ministerio en la discusión del proyecto de Ley de Cultura?

—Esa ley ha sido una vieja aspiración del sector. Ha sido un proceso complejo, lleno de tropiezos y ha habido varios proyectos. En el área cultural hay muchísimas posiciones, motivaciones, intenciones, pero hay que buscar las coincidencias. La idea es que recoja grandes propósitos y establezca pautas fundamentales. Estamos incorporados a esa discusión, pero puede decirse que el Ministerio ha llevado adelante, sin decirlo, una Ley de Cultura. Ha dejado a un lado la teoría en un país que necesita mucha praxis.

Historia, candanga y tambores

Al historiador Pedro Calzadilla hasta el cumpleaños se le volvió histórico. Nació el 11 de abril de 1962, de modo que arribó a los 40 en medio de un golpe de Estado, todo un guiño de la vida para alguien que tiene una maestría en Historia Latinoamericana (Universidad de Tolousse, Francia).

Calzadilla era entonces profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, la misma de la cual egresó.

Un poco después, Francisco “Farruco” Sesto le encomendó participar en la misión de incorporar a la historia en el quehacer cultural. Así, fue parte del equipo fundador del Centro Nacional de la Historia y de la revista Memorias.

Hace pocos días, ahora con 49 años, un “tuitazo” de @chavezcandanga lo movió del cargo de viceministro de Fomento de la Economía Cultural al de ministro del Poder Popular para la Cultura. La semana pasada asistió a su primer gabinete. El Presidente participó un rato y le dio un saludo. “Bienvenido, Pedro, felicitaciones”. Los demás ministros lo vieron con leves sonrisas, como diciéndole: “Ahora vas a saber lo que es candanga”.

Mientras dura el reposo del comandante, Calzadilla va agarrando el paso con el vicepresidente Elías Jaua. El miércoles se disponía a acompañarlo a Curiepe, donde comenzarían las festividades de San Juan Bautista. Dos amigos presentes en la conversación le gastaron bromas: “Hoy te va a tocar bailar tambores… de esa no te salva nadie”. Calzadilla, que a veces deja aflorar cierta timidez, pareció sobresaltarse con el pronóstico: “Sí, bueno, tendré que bailar, pues”./CiudadCcs

FOTO VERÓNICA CANINO/AVN

RM


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Una respuesta a “Pedro Calzadilla: “Estoy acá porque ahora la historia es centro de interés cultural”

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